Alejandro del Toro

Alejandro del Toro es uno de esos restaurantes donde al trato al cliente se le concede casi tanta importancia como a la oferta gastronómica. Lo cierto es que su protocolario servicio, su atención a los detalles y sus camareros de exquisitos modales nos recuerdan que el trabajo de sala es mucho más que llevar platos y bebidas de un sitio a otro. Empero el intervalo entre plato y plato se prolongó más de lo deseable y por lo tanto la duración total de la comida. El otro punto fuerte es la selección de la materia prima, que es siempre de muy buena calidad, lo que permite desarrollar una cocina de base tradicional, no exenta de toques creativos,  donde cada producto exprese lo mejor de si mismo sin artificios que enmascaren su sabor. Es una muy buena opción cuando se quiere disfrutar de una buena comida sin riesgos ni sobresaltos. El menú de mediodía más básico incluye tres entrantes para compartir, un arroz seco o meloso y un postre, además del aperitivo de bienvenida que en este caso fue un chupito de toffe de champiñones con espuma de tocineta ibérica

  

una crema muy sabrosa con intenso sabor a champiñón y perfumada con la espuma de tocineta, un traguito  muy agradable, un buen preámbulo a la comida.

El primer entrante fueron unas Gyozas rellenas de solomillo de ternera y acompañadas de dos salsas, una de mostaza y la otra de hummus.

 

Resulta curiosa, y muy estética,  la manera de cerrar las gyozas, con tres "picos" en lugar de la forma más habitual de pequeña empanadilla. Es interesante comparar las opiniones de otros comensales con la mía propia, así como alguno de ellos opinó que la masa estaba un poco dura, yo pienso que estaba perfecta ya que estos "dumplings" siempre ofrecen una textura algo tersa, lo cual hace que a algunas personas les cause cierto rechazo, no es éste mi caso. En cuanto al relleno, la carne esta jugosa y bien sazonada, con toques de romero. Me gustó más el acompañamiento de mostaza dulce que el de hummus, demasiado suave para mi gusto, con cierta falta de acidez.

A continuación un plato clásico y suculento, Alcachofas de Benicarló con jamón y huevos de caserío.



Aunque nos gustan los tan en boga huevos a baja temperatura, también apetece de vez en cuando disfrutar de un tradicional huevo frito. La gracia de este plato no es otra que la buena calidad de los ingredientes, magnificas alcachofas levemente rebozadas con harina y huevo, buen jamón e impecables huevos con dorada puntilla exterior y líquida yema. Un plato sin trampa ni cartón, para mojar pan y disfrutar.

Como ultimo entrante tenemos un Ravioli de dorada con bisqué de gamba rallada



El relleno no me convenció demasiado, una bechamel con sabor a pescado pero una textura algo harinosa en mi opinión. Por contra gustosísima la gamba rallada y la salsa americana, de una textura muy ligera y un sabor muy concentrado. Un buen bocado aunque como digo mejorable la textura del relleno.

En cuanto al arroz, que es una de las especialidades de la casa, perdí por goleada al inclinarme por el arroz  marinero con chipirones y ajos tiernos ya que la mayoría se decantó por el de secreto ibérico ahumado, en lo que afortunadamente no hubo discusión fue en la preferencia por al arroz seco frente al meloso. A expensas de como estuviese el otro no fue en absoluto una mala elección


Nunca había comido arroz con secreto y al menos éste estaba pleno de sabor, con el inconfundible toque ahumado que le da la carne, complementado con verduritas como los ajos tiernos, los champiñones y finas tiras de puerro frito y con el aroma a monte que le da el romero. A pesar de que uno de los comensales, de nacionalidad ultramarina y posiblemente acostumbrado a otros habitos y usos culinarios, expresó que el arroz estaba algo duro, en mi opinión el grano estaba en su punto óptimo de cocción.

Como postre nos sirvieron un Tocino de cielo con merengue italiano al limón


Aquí, por utilizar una expresión taurina, hubo división de opiniones. Algunos opinaron que el merengue estaba demasiado ácido pero yo no lo vi así. Parece lógico intentar compensar el dulzor siempre excesivo del tocino con un contrapunto ácido y refrescante y de este modo conseguir un todo armonioso, sin embargo el sabor empalagoso y la textura gomosa del tocino de cielo, sólo aptos para golosos empedernidos, siempre me han causado rechazo y tampoco me gustó esta vez aunque el mezclarlo con el merengue lo hacía tolerable. Por éste motivo no me parece un postre adecuado para un  menú en el que no lo puedes elegir.

Para ilustrar lo que os decía al principio del cuidado de los detalles fijaros que curioso diseño de la taza de café imitando un vaso de plastico medio chafado



En términos generales fue un almuerzo más que notable, una casa que hace tiempo que quería conocer y que no me ha defraudado en absoluto. Si queréis agasajar a un socio o socia, mujer o marido, novio o novia de gustos más o menos clásicos, o simplemente aficionado a la buena comida, es un opción para tener muy en cuenta.


Publicar un comentario