Restaurante El Refugio

He llegado a la conclusión de que las opiniones que vierten los internautas en las principales plataformas de búsqueda y reserva de restaurantes sirven de relativamente poco a la hora de hacerse una idea clara de si nos merece o no la pena ir a visitar un determinado establecimiento. Este restaurante del que nos disponemos a hablar es un caso palmario, después de leer bastantes opiniones laudatorias, con descripciones bastante detalladas y ver algunas fotos que definitivamente daban el pego nos decidimos a probar las bondades de su corta pero sugerente carta. Advierto de que es muy posible que no recuerde de forma completa los grandilocuentes nombres de los platos. La cena empezó con el Milhojas de patata confitada con bacalao ahumado y mango.






Cinco capas, arriba y abajo, duras láminas de mango extremadamente inmaduro, con textura de madera, en situación intermedia patatas pochadas en aceite y en el medio bacalao ahumado, coronando el milhojas unos daditos de tomate concassé. Sin aliño ni algo que le diese una cierta chispa, por supuesto no me vale la estomagante reducción de PX, la cosa quedaba francamente átona, sin integración alguna entre los ingredientes. Recuerdo que en ese momento comenté que un aliño con lima y cilantro al estilo de un ceviche le habría ido francamente bien, cuando llegó el ceviche propiamente dicho, al estilo de la casa, me alegré de que no hubiesen intentado hacer nada parecido con el milhojas. Un plato mediocre.

Continuamos con la Tosta de sardina marinada en soja con tomate confitado y cebolla roja.




Indudablemente lo mejor de la cena, la tosta en realidad parecía una masa de coca con orégano, el tomate confitado estaba riquísimo y la sardina resultaba mucho más equilibrada de sal que las tradicionales sardinas ahumadas o en salazón. Un bocado sabroso y apetitoso, seguro que lo haré en casa.

Por algún extraño motivo que no fue aclarado el plato principal llegó antes que el último entrante. Atún rojo con arroz salvaje, salsa de miso blanco y jalapeños.




Asombro mayúsculo frente a la presentación del atún como un taco monumental de forma casi cúbica, algo nunca visto. Al atacar el atún por desgracia se confirmaron mis sospechas, casi imposible cortarlo con el cuchillo, por cierto completamente inadecuado, exterior e interior reseco y de una textura en boca estropajosa. La salsa de miso estaba muy buena y el arroz picante, aunque un poco salado, habría lucido más en otro contexto. Un plato terriblemente frustrante, con un producto mediocre y además tratado de forma manifiestamente errónea.

Y para rematar el Ceviche de pulpo, mejillones y langostinos con leche de tigre, granada y no recuerdo que más ponía.



 
Cuando nos escandalizamos al ver como en otros países venden "paella valenciana" con salchichas, chorizo y cosas así deberíamos reflexionar sobre como se maltrata en nuestro país platos emblemáticos que merecen el mismo respeto. La verdad es que este plato no hay por donde cogerlo, publicaremos un receta de auténtica leche de tigre porque esta leche de coco con cayena molida y trocitos de pepino no guarda ni el más lejano parecido. Comprar langostinos cocidos, pelarlos y echarlos al "ceviche" es algo que va contra la esencia misma de este plato que es el marinar los pescados crudos con jugo de cítricos del que por cierto no había noticia. Una broma de mal gusto y una falta de respeto al nombre de este plato que me es tan querido.
La creatividad no consiste en inventar cosas nuevas sino en que ésta sean coherentes, estén buenas y mejoren lo tradicional, de lo contrario todos seriamos genios de la creación.

Como postre sólo se nos ofreció una opción, parece que el resto se habían agotado, y puesto que llevaba queso Idiazábal pensé que ya habíamos tenido suficiente dosis de genialidades.

Un local prescindible, extremadamente sobrevalorado.




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