Orson


La propuesta gastronómica que ofrece Orson no puede parecerme más original y tentadora. Por una parte, tenemos una carta con algunas de las especialidades más populares de la cocina peruana -una cocina que en este blog reverenciamos- y por otra, una carta con tapas y platos españoles, con algunas referencias a la cocina de la terreta. Si a esto añadimos unos cuantos arroces -que aún no he probado-, un surtido de bebidas -entre vinos, cervezas y algunos cócteles peruanos- más que digno y unos interesantes postres hechos en el restaurante, nos encontramos ante una oferta con un público diana potencialmente muy alto, y que nos puede proporcionar experiencias diferentes en función de lo que nos apetezca ese día o de quien vayamos acompañados. Un restaurante de fusión sin comida de fusión.

Lo anteriormente mencionado, junto con una esmerada selección del producto, una cuidada elaboración y presentación de los platos y un atento y eficiente servicio, da como resultado uno de mis restaurantes favoritos en este momento en Valencia, del que me satisface haber podido asistir a la evolución que han seguido a lo largo de los años hasta encontrar la fórmula actual, adoptando una de las mejores gastronomías a nivel mundial, pero sin renunciar a las raíces, hasta alcanzar este momento de madurez en el que parecen tener muy claro hacia donde quieren ir.

Así como otras veces hemos hecho una comida o cena híbrida, en esta ocasión nos decantamos íntegramente por la opción de pedir comida peruana, comenzando por el Ceviche de corvina con ají amarillo.





Me encanta el sabor y la cremosidad que le da ají amarillo a la leche de tigre. Nos gustaría que picase un poco más, pero es comprensible que el picante sea leve para que resulte tolerable por un público más amplio -en estos casos puede ser interesante un cuenquito con más ají para poder añadir-. Aconsejamos vigilar la salinidad, ya que estaba un poco en el límite. Un poco menos de sal le habría dado, en nuestra opinión, un sabor más redondo. Como curiosidad, el restaurante publicó ese mismo día la foto de una lubina de ¡14 kg!, que imaginamos que fue la que se utilizó para elaborar este ceviche.

En la sabrosa causa de pulpo anticuchero con rocoto y quinoa, apreciamos un curioso trampantojo, ya que se alternan tentáculos de pulpo con tentáculos hechos a base de causa -es decir, de patata triturada con lima y rocoto-  y quinoa, donde esta última simula las ventosas del pulpo. La salsa, hecha probablemente con el adobo anticuchero del pulpo, le daba un punto picante que a nosotros nos gustó. 




Esta versión del Cau cau -guiso del que existen infinidad de versiones, siendo la más conocida la de mondongo, es decir, tripa de res-, hecha con vieira y erizo y servida en la propia concha de la vieira, combina la untuosidad del sofrito con la frescura y el potente sabor marino de los moluscos, especialmente del erizo. Un bocado rico que te deja con ganas de repetir, al que un poco de picante elevaría aún más.




El Anticucho de anguila, que viene servido con patata violeta y un par de salsas, una de ellas creo que de rocoto y la otra tipo huancaína, se nos quedó grabado a fuego en la memoria la primera vez que lo probamos, y esta ocasión no ha hecho sino confirmar que nos parece un plato excepcional, la textura y el sabor que han sabido darle a la anguila la hacen tremendamente adictiva. 




En el apartado dulce, las Trufas con lúcuma son irresistibles




Es un bocado que no resulta nada empalagoso, con un potente sabor a chocolate y al que el toque de esta singular fruta andina lo convierte en algo bastante especial.

Algo similar podría decirse de la Tarta de queso con maracuyá, donde la cremosidad y el suave sabor lácteo del queso contrastan con el punto ácido y refrescante del maracuyá.





Una versión original de la tarta de queso, seguramente el postre más de moda del momento.

Sin duda volveremos para probar otros platos de ambos menús. Esperamos disfrutar tanto como estas últimas veces.

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