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Creperie Bretonne Annaick

Las especialidades más conocidas de la cocina bretona son sin duda las galettes, las crepes y la sidra. Las galettes son similares a las crepes pero de una textura crujiente, debido a que en su elaboración se emplea trigo sarraceno -también conocido como alforfón-, y son muy versátiles, admiten todo tipo de rellenos, dulces o salados. En Crepperie Bretonne Annaick sirven las galettes con rellenos salados y las creppes con rellenos dulces -también con helado-, en una fórmula que lleva funcionando de maravilla durante bastantes años. También sirven cervezas y sidras bretonas, estas últimas son las que yo pido siempre pues son magníficas. Todos los locales, que están repartidos entre España y Francia, tienen una decoración muy similar, intencionadamente retro y donde la cocina se encuentra en el interior de un viejo camión o autobús. Los niños y los no tan niños pueden divertirse escribiendo o dibujando en los manteles de cartulina con las tizas de colores que siempre proporcionan. Todo ello para darle un aire divertido y desenfadado, a fin de cuentas se trata de disfrutar de una comida sencilla e informal de una forma relajada. A lo largo de los años he ido probando varias referencias de su carta, en esta ocasión le toco a la galette Gaëlic, que lleva aguacate, salmón ahumado con miel y sésamo, queso de cabra, crema de leche -la pedí sin ella-, tomate cherry y semillas de calabaza.


Estaba buena pero no es de las mejores que he comido aquí, probablemente al quitarle la nata pierde cierta jugosidad, pero me siente mal así que no tenía alternativa. Los tomates cherry no sabían a nada como la mayoría de los tomates hoy en día.

En cambio la Gouarec, con guacamole, pollo al curry, cebolla tierna, leche de coco y hojas de ensalada, y que se sirve cerrada, estaba francamente buena.


especialmente por el sabor del pollo al curry, que estaba muy acertadamente condimentado.

De postre, por supuesto, una crepe, si no queréis arriesgar y os gusta el chocolate negro como a mi la elección es sencilla, pedid la Crepe de chocolate belga


Con el helado de yogur búlgaro combina de forma espléndida.

Como ya os comenté me gusta pedir una sidra bretona brut, en este caso era ecológica, o sea de manzanas de cultivo ecológico.


En una lástima que en un país como el nuestro con mucha tradición en la elaboración de la sidra, sobretodo en Asturias y País Vasco, sea tan difícil encontrar una sidra embotellada de calidad, siendo las más conocidas que se venden por ahí algo completamente imbebible. Por si alguien se lo está preguntando, esta sidra no se escancia, y por cierto está muy buena.

Os dejo una foto, que os resultará curiosa si no habéis estado nunca allí, de la cocina embutida dentro de la carrocería de un camión.






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La Francesa del Carmen

Lo primero que uno pensaría de un restaurante en Valencia con ese nombre es que está en el barrio del Carmen y que su propietaria es de nacionalidad francesa. Esto útimo es posible ya que me pareció oír conversaciones en francés entre el personal del restaurante pero no se encuentra en el barrio del Carmen sino en la zona de la avenida Aragón. Un par de consideraciones sobre el local y la ambientación; el comedor está realmente frío, no dan ganas de quitarse la chaqueta, la música tradicional francesa que ponen al final se hace bastante cansina ya que son las mismas canciones que se repiten una y otra vez.
El menú de mediodía se compone de tres entrantes, un plato principal, un postre y una bebida, todo ello por dieciséis euros. Vamos con los entrantes, comenzando por la Crema de calabacín.




Me gusta el calabacín pero este tipo de cremas considero -probablemente sea una manía mía- que son mejores para tomar en casa. Me explico, a pesar de que estaba bastante buena y que el queso le aportaba un añadido de sabor, resulta un tanto monótono de comer, personalmente prefiero estas cremas para una cena sencilla y confortable en casa, en un restaurante espero platos que sean mas divertidos, sobretodo teniendo en cuenta que yo voy a los restaurantes para disfrutar y para aprender, para el día a día me llevo mi comida hecha en casa.

Las Verduras en tempura con romesco




Aprovechando la moda de la comida japonesa ahora parece que todas las frituras son tempura o  karaage...para mi esto no era una tempura en absoluto, simplemente unos trocitos de verdura fritos, no muy crujientes por cierto. A la salsa romesco le faltaba un punto de acidez y de sabor, demasiado suave. Un plato que se come sin problemas pero que no dice demasiado.

Los Mejillones al curry




La idea es buena y los mejillones eran hermosos y estaban en su punto justo de cocción pero por desgracia se pasaron varios pueblos con la cantidad de curry -el curry convencional que podemos comprar en los supermercados- y el exceso de cúrcuma da un sabor metálico que no es nada agradable en mi opinión. Ajustando las cantidades puede quedar un plato bastante bueno.

Como platos principales tenemos el Bacalao con alioli gratinado




Siendo perfectamente comestible el bacalao no era de la mejor calidad posible y estaba un pelín seco. Es un plato que se deja comer pero sin pena ni gloria.

Probé también el Arroz de pato caldoso




El sabor es el de esas sopas de cocido, sabrosas sin duda pero donde no se distinguen los sabores de los elementos que han participado en su elaboración. No está mal pero no es lo que uno espera de un arroz.

En la Tarta Tatin



los trozos de manzana eran bastante grandes, a mi me gusta con una capa más fina para apreciar mejor la caramelización pero es una tarta más que aceptable. El helado de vainilla con almendras estaba muy bueno

Se pidió también otro postre pero no recuerdo el nombre, llevaba un especie de mousse bastante compacta y con sabor intenso a chocolate




Todo lo que sea chocolate negro entra bien pero probablemente era demasiado contundente.

Como veis la tónica general de la comida fue esa, los platos están correctos sin más, ninguno llama la atención ni te deja con las ganas de volverlo a comer, les falta sabor y un poco de chispa. Pero esto es solo mi opinión por supuesto, probablemente tu no pienses lo mismo y nos lo quieras contar.


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Chez Lyon

A pocos metros de la Plaza del Ayuntamiento se encuentra este bistró, desde hace muchos años una ventana abierta a la gastronomía tradicional francesa que cuenta como principal valor el buen hacer de su chef Marcel Dupont. Si sirve de algo puedo decir que he comido mejor aquí que en bastantes establecimientos de éste tipo en Francia, ni que decir tiene que bastante más barato pero no podemos comparar los precios de España y los de Francia. Inclusive la atmósfera, un tanto informal y bohemia, de los típicos bistrós franceses, está bastante bien emulada.

Como entrantes del menú de medio día pedimos la Torre tibia de salmón ahumado, patatas y puerros.



Bastante bueno, si intentábamos coger en cada cada bocado un poco de todo, el punto salado del salmón ahumado se compensaba con el sazonamiento moderado de las verduras con lo que el resultado global era correcto. En cuanto a la decoración a base de reducción de balsámico o PX o lo que sea, ya lo hemos comentado en alguna ocasión, cansa, aburre, es completamente innecesaria y da una sensación de cierta anarquía el usarlo a diestro y siniestro en cualquier plato, sea de lo que sea.

El otro entrante que se pidió fue la Quiche de verduras con brotes tiernas



Una quiche muy bien ejecutada, si no soy afecto a esta preparación es porque el contenido de nata me sienta mal pero probé una pizquita y la encontré bastante buena.

Como platos principales escojimos el Bacalao con ratatouille y quinoa



El bacalao estaba impresionante, en su punto justo de sal, tierno y jugoso, las lascas se separaban con suma facilidad, el acompañamiento de quinoa y verduras bastante interesante. En este plato la vocación grafitera del cocinero alcanza su máxima expresión, vemos toda suerte de manchitas, hilillos, polvitos, decoración demasiado abigarrada para mi gusto, pero es algo subjetivo a fin de cuentas y no es la cuestión principal.

El otro plato principal fue una Pularda con salsa de frutos rojos, patatas y manzanas asadas



Para quien no lo sepa una pularda es una gallina criada y engordada de forma que no ponga huevos, ya sea mediante la oscuridad y la limitación de movimientos (método tradicional) o incluso mediante la extirpación de uno de los ovarios de la pollita (método más moderno). De esa forma la energía metabólica no invertida en la puesta se desvía a la producción de fibras musculares y grasa.  En cualquier caso no puede decirse que sea un tratamiento muy amable para con los animales, esa es la verdad. La pularda horneada, que es como se suele preparar, estaba tierna y muy buena, así como la salsa, con el dulzor justo. El acompañamiento clásico de patatas y manzana funciona a la perfección.

En el postre hubo unanimidad, optamos por el Crumble de manzanas asadas y papaya





El crumble es una especie de pastel de frutas que se elabora en el horno, cubriendo las frutas con una masa de harina, azúcar y mantequilla. La masa queda crujiente lo que le da al postre un contraste de textura muy agradable. Estaba muy bueno, la verdad es que lo disfrutamos y no resultó nada pesado.

Cocina que rezuma autenticidad, hecha con buenos productos y manos expertas, una excelente manera de viajar a Francia a través del paladar. Todo un clásico en Valencia que continúa en plena forma.





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De bistrós por París

Durante mi reciente estancia en París no he podido dejar de acordarme en alguna ocasión de la obra de Orwell, "Sin blanca en París y Londres", ya que aunque mi situación no era la del escritor inglés, todo el mundo que haya estado en París, e incluso quien no haya estado, sabe lo cara que resulta la vida en la capital gala. Esto establece ciertas limitaciones a la hora de poder probar todos los platos que nos habría gustado pero hemos hecho un esfuerzo, tanto económico como de búsqueda, para poder probar un número suficientemente representativo de platos de la comida regional francesa. Para ser sincero no era del todo ajeno a la desinformación y el desinterés en general que existe en España sobre la comida francesa. Me imagino que concurren una serie de factores para explicar esta situación, como la rivalidad gastronómica entre los dos países, cierta francofobia o prejuicios cavernarios en ciertos sectores de nuestra sociedad, el distanciamiento de la dieta mediterránea que todos decimos amar pero que cada vez se practica menos, la asociación con cierto elitismo y productos caros como el champagne, el foie y demás, a pesar de que muchas de las recetas tradicionales son bastante humildes, etc, etc.  Aquí en este blog estamos abiertos a conocer todo tipo de cocinas, después unas nos gustarán más que otras evidentemente. Antes de comentar platos concretos voy a hablaros un poco de ciertas impresiones generales que me han quedado. Me ha resultado muy sorprendente que en una ciudad como París haya tan pocos platos de pescado en los restaurantes "normales", apenas algún plato de cabillaud (bacalao fresco), saumon, crevettes (gambas) y poco más. Aún más sorprendente me ha parecido cuando he visitado algún mercado los precios astronómicos que alcanzan el pescado y el marisco, en relacion al resto de productos, en un país con tantos kilómetros de costa. Todavía más sorprendente me ha resultado la consideración casi de bebida de lujo que tiene la cerveza. He podido probar el vino, el champagne, la sidra y la cerveza y sin duda alguna ésta última es la que alcanza proporcionalmente precios más escandalosos, tanto es así que resultaba más rentable pedir una botella de un buen vino tinto que tomarte un par de cervezas, algo diametralmente opuesto a lo que sucede en España. Como en el caso del pescado desconozco los motivos reales. Sin duda alguna Francia es el o uno de los paraísos de los aficionados al queso. He leído que hay alrededor de quinientas variedades de quesos tradicionales, algo que puede resultar desconcertante o abrumador para un no iniciado que se acerque a una fromagerie, sobretodo si no domina, o desconoce por completo, el idioma. Si hay algo por lo que sin duda siento una envidia insana es porque se ha mantenido intacta la cultura del pan artesano y de calidad. En cualquier boulangerie en la que entres puedes comprar un pan excelente, desde la tradicional bagette hasta panes "de autor". En España, y a pesar de que poco a poco se está recuperando algo el respeto hacia este alimento curiosamente a través de las panaderías-cafeterías, lo hemos degradado durante años de una forma vergonzosa. Y si sois golosos no podréis sustraeros a la atracción irresistible de las muchas especialidades que existen en este país de gran tradición también en este ámbito.
Indudablemente la mejor manera de comprar en París, por calidad y por precio, es en los mercados callejeros, que se suceden con periodicidad semanal incluso en las ubicaciones más céntricas. Para un aficionado a la gastronomía y a cocinar pocas cosas hay más excitantes que adentrarse en un mercado en un país extranjero, a la caza de productos desconocidos o difíciles de encontrar. Lo que más se me grabó en la memoria fueron las fromageries ambulantes, detectables por el olfato a un centenar de metros, los puestos de carnes donde sobretodo la variedad de aves, codornices, coquelets, pintadas, pulardas, pato, el famoso pollo de Bresse, etc, y muy especialmente los puestos de frutas y verduras, todo un espectáculo por la variedad, el colorido y la calidad del género. Tomé algunas instantáneas de las cosas que más me llamaron la atención, por ejemplo estos calabacines amarillos


estos rábanos negros, y las alcachofas tamaño XXL, en ningún sitio las he visto tan grandes





el apio rojo



 las avellanas tiernas que no las había visto nunca


berenjenas alargadas


y una variedad impresionante de tomates de diferentes formas y colores



También pude probar el casís, un pequeño fruto rojo bastante ácido y algo amargo del que más adelante tendremos ocasión de hablar. Pasamos ya a hablar de algunos platos que pudimos degustar y comenzamos con el tradicional Magret d'anec del que probamos dos versiones, ésta muy sencilla acompañada de unas pommes sautées



y ésta más refinada con un puré muy fino de coliflor y almendras y una salsa de jugo de carne y fruto rojos


La diferencia obvia de presentación se traslada también a la calidad y el sabor del magret, con la parte de la piel muy tostada (con las características incisiones en forma de rejilla para facilitar que suelte la grasa) y el interior tierno, jugoso y sonrosado.

Otro plato muy clásico es el Boeuf bourguignon, estofado de carne de buey marinada y cocinada con vino tinto, mostaza de Dijon, zanahorias, lardons (trocitos de tocino o bacon), cebolla y setas



La verdad es que el plato pintaba bien a pesar de que el pequeño bistró donde lo prepararon tenía una extraña cocina subterránea que parecía más bien un refugio antiaéreo, y quizás lo fuese en algún tiempo pues era un sitio muy antiguo. Pero ya al primer bocado vimos que algo raro pasaba, la salsa tenía un sabor ácido muy pronunciado que recordaba más a un escabeche que a un estofado de carne. Tras preguntar a un camarero resulta que el "secreto" del chef era dejar la carne marinándose setenta y dos horas en una mezcla de ingredientes que incluía jugo o jarabe de casis.  Mi estupefacción fue compartida por todo ciudadano francés a quien pudimos preguntar por esta curiosa técnica, una cosa es querer darle un toque personal y otra es estropear así un plato, delicioso cuando está bien preparado, de esta forma tan absurda.

Otro clásico, el Lapin à la moutarde, conejo a la mostaza.



Nunca había probado este plato pero parece ser que la gracia es que la salsa, que debe tener más mostaza y ser más oscura, se mezcle con la guarnición que suele ser pasta o patatas para que le de sabor. En este caso faltaba salsa y sobraba pasta. El conejo estaba bueno pero parecía más guisado que hecho en el horno, que es la forma tradicional de preparar este plato.

De fiasco considerable cabe calificar este steak tartare


No es un plato de origen francés pero se consume mucho en Francia y está en casi todas las cartas. Dos errores graves, la carne jamás se puede picar con un robot de cocina, se debe hacer a cuchillo para que no se convierta en una especie de pasta y el aliño era exagerado con lo que el sabor de la carne desaparecía por completo, se pasaron tres pueblos con la mostaza y sobretodo con la salsa Perrins.

Uno de los platos que más me apetecía probar, por tener un gran arraigo y porque yo suelo hacer diferentes versiones, es la Soup a l'oignon preparada al estilo tradicional, con el pan tostado y el queso encima de la sopa y gratinado al horno.


No fue una sopa memorable pero estaba bastante correcta, también es cierto que era un día muy caluroso y que si no fuese por el afán periodístico habría pedido seguramente otra cosa. Aquí hay que hacer un pequeño inciso sobre el aspecto climático, los restaurantes franceses, o al menos los parisinos y si exceptuamos los de "alta gama", completamente inaccesibles para mi, no suelen tener aire acondicionado. Hasta hace poco no era habitual un calor intenso en verano pero el cambio climático digan lo que digan los negacionistas es un hecho y provoca que almorzar pueda llegar a ser casi un suplicio en algunos sitios. Otro aspecto que debe tener en cuenta el viajero es que los restaurantes cierran pronto desde el punto de vista de nuestras costumbres y así no es extraño que os encontréis la cocina cerrada antes de las 14:30, me pasó dos veces.

Continuamos nuestro itinerario con dos platos que a algunos les causará cierto rechazo. El primero son unos scargots


preparados al estilo tradicional, en el horno con ajo, perejil y mantequilla. El sabor era agradable pero pienso que los caracoles es algo que combina mejor con una salsita especiada y algo picante que acentúe su sabor, de por si no demasiado intenso, por lo que prefiero los que solemos comer por aquí. Algo similar les ocurre a las Cuisses de grenuille, las ancas de rana, tienen un sabor delicado pero algo tenue que necesita una salsa que lo potencie. En este caso con esta salsa provenzal, una especie de ratatouille


el objetivo se consiguió pues estaban muy sabrosas. Había una buena cantidad de ranas pero es una carne sin nada de grasa que se digiere muy bien.

Para terminar con los platos de carne tenemos este tiernisimo Entrecotte


 y estas Chuletas de cordero a la provenzal


No podía faltar algún plato con trufa... así que aquí tenemos estos Huevos Mollet con salsa de queso y trufa


Os aseguro que hizo falta mucho más pan para mojar y mojar...

Típicas de la región de Bretagne aunque muy populares en toda Francia son las creppes y las galettes de trigo sarraceno. Las galettes se pueden rellenar de casi cualquier cosa pero el huevo y el queso no suelen faltar





Estas resultaban deliciosas, acompañadas por supuesto con una estupenda sidra bretona. En este caso la harina provenía de cultivo ecológico.

Como dije anteriormente encontrar platos de pescado era una cuestión bastante delicada. Sin embargo en el Le Cul de Poule , destartalado bistro de cocina sorprendentemente espléndida, me pude resarcir con dos magníficos platos. El primero fue este Carpaccio du Mérou




que en realidad era una especie de ceviche de pescado cortado en láminas finas con un aliño suave de caldo de pescado y cítricos, sustituyendo el tradicional cilantro por eneldo. Un plato muy fino, delicioso.
El segundo fue este Cabillaud con salsa de cítricos y sésamo negro con acompañamiento de tres arroces (integral, rojo y salvaje), espinacas y algo más que no recuerdo.


El bacalao, cocinado al horno, jugoso y en ese punto óptimo de cocción en el que las lascas se separan con facilidad. Sabores suaves e integrados a la perfección en un plato nutritivo, una forma de presentar el bacalao completamente distinta a las que estoy acostumbrado, sin duda un gran plato.

Llegamos al punto que más gustará a los golosos, el de los postres, y empezamos por la Crème brûlée


Es exactamente lo mismo que la crema catalana, si la una proviene de la otra o al revés no lo sé con certeza (hay quien incluso considera que el origen es inglés). En cualquier caso ésta era magnífica, con la capa de azúcar caramelizada bien fina y crujiente y la crema bien compacta, justo como a mi me gusta.

Otro de los postres mas famosos de la cocina francesa es la Tarte Tatin. Todos conocéis en que consiste y el supuesto origen accidental de la receta por lo que no lo repetiremos aquí



Esta quizás no tenía la mejor presentación posible pero el sabor, especialmente de las manzanas asadas, era espectacular. No podíamos dejar de probar las Creppes




No era necesario echar encima media tonelada de confitura de fresa...en cualquier caso tras retirar todo el excedente fue posible comérselo...dulzón y empalagoso como no podía ser de otra manera, soy de la opinión que los creppes con relleno salado (acabados en el horno) sacan mucho más partido a esta elaboración.

Otra elaboración de origen francés mundialmente conocida es la Mousse o espuma siendo la de chocolate quizás la más popular


Textura perfecta y sabor intenso a chocolate, ¿para que pedir más?

Podríamos comentar alguno más pero son postres internacionales y no tradicionales de Francia por lo que no nos extenderemos más de lo necesario. Si que os hablaré de una especialidad francesa similar al turrón español, el Nougat, y del que me traje un trozo a casa



De textura más blanda y esponjosa que el turrón lleva siempre azúcar, almendras y clara de huevo y se le añade algún ingrediente que le distingue del resto de variedades, en este caso pistachos.

Por supuesto se nos han quedado muchos platos tradicionales por probar, algunos de los más famosos serían por ejemplo las Andouillettes (salchicha de tripa de cerdo) y las Quenelles de pescado, ambas típicas de Lyon, el Coq au Vin (pollo al vino tinto), la Bouillabaisse, sopa de pescado típica de Marsella que hicimos hace poco, el Aligot (puré de patatas con ajo y queso), las lentejas del Puy, la Cassoulade, el Jamón de Bayona, etc...

No os puedo negar que la impresión general es de una relativa decepción. A pesar de que ya contaba con que la cocina francesa no encaja demasiado con mis preferencias culinarias, estoy completamente seguro de que es posible comer mucho mejor y a mejor precio en otras partes de Francia. A menos que dispongais de una cartera muy abultada para comer en los templos gastronómicos de los grandes chefs, o se conoce muy bien el terreno o será inevitable alguna que otra experiencia negativa. Como escaparate de la cocina francesa a nivel mundial, el nivel medio de los restaurantes parisinos no está a la altura.


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Bouillabaisse, la sopa de Marsella

La Bouillabaisse, que aquí solemos castellanizar como bullabesa es una sopa de pescado típica de La Provenza y sobre todo de la ciudad de Marsella que se ha convertido en una de las sopas de pescado mas reconocidas internacionalmente. Nunca me he comido una bullabesa en Marsella, entre otras cosas porque nunca he estado allí, sin embargo tengo entendido que una ración no suele bajar de los 40-50 euros, lo que nació como un sencillo plato de pescadores para aprovechar los pescados no vendidos se ha convertido en un plato de lujo. Se la suele emparentar con platos como los suquets de peix y las calderetas y zarzuelas de pescado pero mientras que en estos platos se suele añadir una picada para conseguir una salsa más o menos ligada, la bullabesa es más líquida, es una sopa en el sentido tradicional del término. En este sentido está mucho más cerca de las Caldeiradas que se elaboran en Portugal y Galicia y al igual que en estas es posible encontrar multitud de variantes. 



 
Es típico acompañarla con, o incluso servir sobre, tostadas untadas con una salsa denominada rouille que es una especie de mahonesa o allioli con azafrán y a la que yo le añado un poco de pulpa de pimiento choricero pues me gusta como queda. A nosotros no nos resulta extraña la combinación puesto que estamos acostumbrados a acompañar varios de nuestros arroces de pescado con un poco de allioli




La verdad es que hacer una buena bullabesa requiere cierto tiempo y esfuerzo pero se que vosotros, lectores, os atrevéis con todo así que aquí os dejo mi receta de bullabesa. Os aseguro que merecerá la pena pues disfrutaréis de una sopa excepcional.


Ingredientes


Para el fumet
  • 1 kg de pescado de roca o cabezas y espinas de pescado
  • 1 zanahoria 
  • 1 puerro
  • 1 cebolla
  • 1 tomate maduro
  • 1 pimiento verde
  • Unas ramas de perejil 

Para la sopa
  • 1 kg de de pescado sin piel ni espinas
  • 300 gramos de gambas
  • 1/2 kg de mejillones
  • 1 cebolla grande
  • 1 puerro
  • 1 bulbo de hinojo mediano
  • 6 chalotas
  • 5 tomates maduros
  • Azafrán
  • Ralladura de naranja
  • Perejil
  • Eneldo fresco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Para la salsa rouille
  • 1 yema de huevo
  • 1 diente de ajo
  • 1 trocito de guindilla
  • 2 pimientos choriceros 
  • Azafrán
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal


Elaboración

Lo primero que haremos será poner los pimientos choriceros en remojo con agua caliente para que se rehidraten y acto seguido prepararemos el caldo y dejaremos listo el pescado y el marisco para añadirlo a la sopa cuando lo necesitemos. Podéis utilizar multitud de pescados, yo en esta ocasión utilicé media merluza y medio bacalao fresco, de la parte de la cabeza, y un rape. Con las cabezas y espinas de los pescados tuve suficiente para hacer el caldo. Ponéis las cabezas y espinas (o el pescado de roca) en una cazuela junto con la zanahoria, el puerro, la cebolla, el pimiento verde y el tomate, en trozos grandes, y lo salteáis con un poco de aceite. Cuando el pescado se vea un poco dorado cubrís con agua y añadís el perejil. Una vez que hierva lo mantendremos a fuego medio durante 20 minutos desespumando de vez en cuando. Pasado este tiempo colamos con un colador fino y reservamos. Mientras tanto cortamos el pescado, sin piel ni espinas, en dados de tamaño homogeneo. Pelamos las gambas y retiramos el hilo intestinal, en este caso no utilizaremos las cabezas y cáscaras porque dan un sabor que resulta demasiado fuerte para esta sopa. Limpiamos los mejillones retirando las barbas y raspando la superficie con un cepillo duro. 
Es el momento de comenzar a hacer el sofrito, picáis finamente la cebolla, el puerro, las chalotas y el hinojo y lo pocháis en una olla con aceite de oliva, es importante tener paciencia para este paso pues necesitamos que el sofrito quede bien hecho, no caramelizado pero si bien dorado, tras lo cual añadiremos los tomates rallados y nuevamente con paciencia dejaremos reducir lentamente hasta que el agua del tomate se haya evaporado por completo. En este momento añadimos el caldo, una buena cantidad de perejil picado, unas hebras de azafrán, un poco de ralladura de naranja y un poco de eneldo picado (este ingrediente no es típico de la bullabesa pero a mi me encanta) y dejamos cocer a fuego medio-lento durante 25 o 30 minutos.
Mientras tanto preparamos la salsa rouille, con un cuchillo tipo puntilla rasparemos la superficie de los pimientos separando la pulpa de la piel. En un recipiente mezclamos el diente de ajo, el azafrán, el trocito de guindilla, la pulpa de pimiento choricero y una pizca de sal y vamos añadiendo aceite de oliva y batiendo con la batidora hasta que quede montada como una mahonesa, reservamos en frío.
Una vez que la sopa haya hervido el tiempo necesario es el momento de añadir los pescados, el tiempo dependerá del pescado pero será siempre mínimo, 3 o 4 minutos, a mitad del cual añadiremos los mejillones para que se abran. Las gambas pueden hacerse con el calor residual, con el fuego apagado y la olla tapada.
Es el momento de tostar una o dos rebanadas de un buen pan por comensal y untarlas con la salsa. Servimos la sopa con perejil picado por encima y acompañada con las tostadas. Si no os aplauden es que algo habéis hecho mal.
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