Siempre nos quedará Polonia

Reconozco que antes de emprender viaje por tierras polacas mis expectativas culinarias eran limitadas, básicamente porque la gastronomía de otros países del éste de Europa que hemos visitado no es un derroche ni de imaginación ni de sutileza, a excepción de Hungría. Sin embargo Polonia me ha sorprendido de forma mayúscula en todos los aspectos. Este país de gente cortés, detallista y meticulosa, que ha sabido rehacerse de la destrucción infringida por sus sucesivos invasores y conservar su identidad nacional y que ha visto nacer entre otros a genios como Mikołaj Kopernik, Maria Salomea Skłodowska-Curie, Fryderyk Franciszek Chopin y Witold Gombrowicz (y al controvertido Karol Wojtyła),  auna un patrimonio cultural e histórico portentoso, una infraestructura hotelera de primer nivel y restaurantes de todo tipo, que van desde los tradicionales Bar mleczny ("bares de leche", restaurantes económicos de tipo autoservicio que provienen de la epoca comunista y que deben su nombre a que solían servir sobretodo productos lácteos) hasta locales de alta cocina. Los precios económicos, la calidad y diversidad de la comida y el dominio completamente generalizado del inglés por parte de su población constituyen elementos que pueden hacer de vuestra visita a este país una experiencia gastronómica inolvidable. El titulo de éste articulo no es casual habida cuenta de que hace escasamente un mes sufríamos por comer algo decente a precios abusivos en los restaurantes parisinos. Mientras que unos viven de la fama otros luchan por abrirse más al mundo buscando la excelencia...que no se me ofenda nadie pues ya se que Francia no es París y que la mayoría de los parisinos sufren los males de la capital mucho más que yo. Dejandonos de "odiosas" comparaciones y yendo a lo que nos ocupa en este blog que es la cocina vamos ya a comentar lo que hemos podido degustar durante estos días pasados en Varsovia y Cracovia.

Las sopas ocupan un lugar muy importante ya que la mayoría de las comidas suelen empezar con una de ellas, si pensamos en los duros inviernos con temperaturas bajo cero no resulta extraño que sea así. Hemos podido probar las que probablemente sean las más tradicionales, empezando por la Żurek


que se elabora principalmente con un caldo a base de carne, cebolla y setas al que se añaden rodajas muy finas de salchicha ahumada, huevo cocido, smetana, kwas (bebida a base de centeno fermentado en agua, muy popular en Rusia, Ucrania y otros países del este) y hierbas. Ligeramente ácida (como todas las sopas en Polonia), de sabor concentrado y delicioso. No menos popular es el Barszcz



que no es sino la versión polaca del Borsch , la popular sopa de remolacha ucraniana de la que ya os hemos hablado. Contrasta con ésta en que mucho más líquida, practicamente un consomé que se hace más nutritivo mediante la adición de unos "dumplings" similares a los pierogis de los que os hablaremos más adelante. El inconfundible sabor a remolacha, el fondo de verduras y carne, la textura y el sabor de los pierogis hacen que esta sopa sea realmente adictiva, nos recuerda un poco a esas sopas italianas con raviolis o tortellinis. Y cerramos este trío con la sopa de setas



Caldo clarificado de verduras y carne, algunos fideos, boletus edulis, jamón ahumado, eneldo... suculenta y delicada al mismo tiempo, exquisita.

Ya os hemos hablado brevemente de los pierogis, que es uno de los platos más populares de Polonia y consiste básicamente en una masa que se rellena de diferentes ingredientes (carne, col, cebolla, huevo, patata, queso, hierbas, etc) y posteriormente se cuece en agua o caldo. Tradicionalmente tienen forma de media luna como estos



 aunque hay quien le da presentaciones más novedosas y elegantes como esta




En ambos casos para mis gusto sobraban los trocitos de panceta frita por encima, que aparté, pero el sabor en si de los pierogis, en cuyo relleno predominaba la carne picada, la cebolla y la col, era excelente.

A los polacos les gusta la carne y en particular la carne cruda por lo que tanto el carpaccio como el steak tartar son platos muy habituales en las cartas. Pudimos probar dos versiones de carpaccio, esta más tradicional


con pimienta, rúcula, parmesano y gruesas alcaparras y esta más original




que además del parmesano y la rúcula contenía "chips" de ajo, láminas muy finas de jenjibre fresco y láminas muy finas de tomate seco. Ambas impecables, con carne de primera calidad discretamente aliñada para apreciar todo su sabor. En cuanto al steak tartar



fantástico, nada que ver con el desastre del que os hablamos hace poco. Magnifica carne picada a cuchillo y servida con un poco de mostaza, cebolla, pepinillos y encurtidos varios servidos aparte para que los mezcléis a vuestro gusto, si aun no habéis probado la carne cruda no sabéis lo que os perdéis. Hemos probado lógicamente otros platos de carne. Especial atención merece el bygos, uno de los platos emblemáticos de la cocina polaca que consiste en un guiso de carne de ternera o buey, cebolla, col y especias guisadas a fuego lento durante bastantes horas. Se suele servir dentro de un pan al que se le ha retirado la miga del interior



Le quitamos la boina y dentro está el bygos...



Perfectamente integrado el sabor de la carne y de las verduras, queda todo muy tierno, ideal para raspar un poco de pan con la cuchara y comerlo todo junto. Aconsejo que lo pidáis como plato único ya que llena bastante. Otro plato fundamental es la chuleta de cerdo empanada (Kotlet schabowy)



que recuerda bastante a la Wiener Schnitzel. Aquí la veis servida con col, cebolla, zanahoria y más carne picada y de un tamaño descomunal, sólo apta para un auténtico cosaco. No pude comerla entera y aun así me dejó fuera de juego durante veinticuatro horas. Eso si, estaba muy buena, crujiente, jugosa y con muy poca grasa. Otros platos cárnicos fueron la carrillada de ternera con salsa de aceto balsámico acompañada de patatas, zanahorias y remolacha



La salsa un poco dulzona y bastante manida. No fue de los mejores platos como tampoco este Pato a la naranja, excesivamente caramelizado por no decir chamuscado


Eso negro que veis es remolacha. A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que tanto la col como la remolacha son dos productos básicos tanto en Polonia como en la mayoría de los países del este de Europa, son dos productos que se cultivan bien con un clima frío y que debido a su bajo precio han servido para alimentar a familias de pocos recursos, o sea todas en los episodios más crueles de la historia de este país.
Nada que ver con estas excelsas chuletas de costillar de cordero


aromatizadas con tomillo y hechas en horno de leña, acompañadas con un jugo concentrado de cordero, rosadas por dentro, fantásticas.

Si os preguntáis si es posible comer también pescado la respuesta es afirmativa, aquí podéis ver una de las grandes especialidades, los arenques marinados


Excepto en Holanda, donde también existe una gran tradición, en ningún sitio he comido tantos y tan buenos arenques como aquí, de hecho todos los días comía un poco en el desayuno...se preparan básicamente de tres formas, marinados como en la foto, ahumados y en una salsa de tomate agridulce. Espectacular este salmón marinado servido sobre un pancake al estilo ruso con una salsa de yogur y ajo


Con mucha menos sal que el salmón marinado que podemos ver por aquí, es decir, marinado en el mismo restaurante para consumirse en mucho menos tiempo. Muy sabrosa también esta lucioperca (sander fish) servida con una salsa de setas, probablemente perrechicos (Tricholoma Georgii)



y acompañada con unas bolitas de patata crujientes. En cuanto al siguiente plato me hizo bastante ilusión comerlo ya que había probado a hacerlo hace bastante tiempo. Se trata del Gefilte, un plato yiddish que se suele servir en la festividad del Sabbat


El gefilte es una mezcla de pescado triturado con cebolla, zanahoria, pimienta, perejil, pimienta y a veces otras especias e ingredientes. Se puede cocinar en forma de albóndigas que se escalfan en un caldo de pescado o en forma de rollo que se puede hacer al horno. El que yo comí estaba preparado como una roulade con un relleno de una duxelles de champiñones y chalotas. La textura era compacta pero no dura, agradable y el sabor espléndido, venía acompañada de dos salsas, una de remolacha y jenjibre y la otra, que llevaba sin duda almendra, huevo y quizás una pizca de miel, recordaba claramente al turrón. Un plato realmente muy bueno, al que quizás sólo podamos reprochar una presentación algo barroca para mi gusto, con un montón de cosas de finalidad básicamente decorativa. Y también pudimos probar esta trucha rellena cocinada sin espinas


Aunque en este momento no recuerdo gran cosa del relleno, el sabor no tenía nada que ver con las truchas insípidas de piscifactoría que yo ya he desistido de comer, esta trucha conoció la libertad antes de acabar en el plato.

En el apartado de los postres la verdad es que no pude probar demasiadas cosas ya que la contundencia de los platos y la generosidad de las raciones dejaban poco hueco para lo dulce. Si que tengo que hacer especial mención a la tarta de manzana preparada al estilo típico de Polonia


consistente en una masa fina con una compota de manzana por las dos caras (como una especie de tatín doble) aromatizada con ralladura de naranja, canela... una auténtica locura, sin duda una de las mejores tartas de manzana que he probado nunca. No le andaba muy a la zaga esta tarta con crema de higos y almendras


Postre completamente de temporada, delicadísimo y sensual. He dejado para el final una comida degustación bastante especial que tuvo lugar en el restaurante "Opasły Tom Restauracja Autorska" que como su nombre indica es un restaurante de cocina de autor que, sin perder el contacto con la esencia de la comida polaca, trata de ofrecer, y lo consigue, una cocina creativa e innovadora. La degustación comenzó con una ensalada de calabacines salteados y queso Korycinski ahumado.



Los calabacines crujientes, el sabor y la textura muy especial del queso levemente ahumado, toques de avellana, de menta, de albahaca, un plato ligero y elegante a la par que sabroso. A continuación una crema muy fina



donde se percibía el inconfundible y delicioso sabor de la chirivía, algo de puerro...servido con toques de pesto y de rabanitos. Sutil y untuosa, con un sabor concentrado, lo cual es una constante en la cocina polaca, el saber concentrar el sabor de los alimentos. Original el plato de halibut




con col, zanahoria y lenteja roja en dos texturas, puré y enteras. Toques de cilantro, jenjibre, pimienta...un pescado tierno y de sabor suave pero excelente que en España creo que valoramos menos de lo que se merece. Llegamos al plato de carne que en este caso se trata de una pintada (Guinea fowl)


servida con bulgur, remolacha en varias texturas, cebolla, helado de queso, jugo de pintada, etc, una carne de calidad excepcional y una técnica impecable hacen de este plato un "must eat".
Y finalizamos con esta colección de "minipostres"


una especie de tributo a postres clásicos, creme brulee, helado de fruta de la pasión, panacota de leche de coco con mango, tiramisú y mousse de yogur con frambuesas y galleta. La originalidad en este caso radica en servirlos juntos en pequeñas porciones. Todos muy bien elaborados, los mejores en mi opinión la creme brulee y la panacota de coco con mango. Un usuario de Tripadvisor definió este postre como orgásmico, a mi no me produjo esa reacción fisiológica, que asocio a otro tipo de estímulos, quizás no soy lo suficientemente goloso...pero insisto en que todos estaban buenos, cuando sumabas los cinco no parecían tan mini ya que te llevaba un poco al límite.

¿Que beber en Polonia? Fácil, cerveza y vodka. La producción de vino es prácticamente inexistente por lo que todos son importados. La cerveza es una bebida con gran tradición y arraigo en Polonia, hay muchas y buenas cervezas, casi todas lager. Al igual que la cerveza checa es una cerveza con un contenido de alcohol moderado por lo que se puede beber una buena cantidad sin sufrir efectos adversos. Algunas marcas populares son Zywiec, Tiskye, Tatra, Lomza...aunque sin duda la que más me gustó fue la Kozlak, de color ambarino. En cuanto al vodka, que en contra de lo que mucha gente cree es originario de Polonia y no de Rusia, el más popular es el Żubrówka, también conocido como vodka de la hierba del bisonte ya que la hierba que le da su aroma característico es pasto habitual del bisonte europeo. No tiene un sabor pronunciado, se bebe de un sólo trago tras pronunciar el Dod na (hasta el fondo) de rigor. Al beberlo parece menos fuerte de lo que realmente es así que tomarlo con precaución. Existe también una bebida que es una de crema de whisky y que es considerado el "Bayleis polaco", no consigo recordar en este momento el nombre, si me acuerdo lo pondré.

En resumen, como podéis ver hay una oferta gastronómica variada y atractiva. Como es lógico en una semana es imposible probar todos los platos tradicionales, se nos quedan para un próximo viaje muchas cosas, por citar algunas el Golonka (codillo de cerdo), las Kielbasa (salchichas ahumadas y especiadas), Karkówka (lomo de cerdo asado), Naleśniki (una especie de creppes), etc...
Tengo claro que, de no mediar circunstancia que lo impida, éste no habrá sido mi último viaje a Polonia.











Leer más...

Restaurante Vino Tinto

Recientemente estuvimos cenando en este restaurante valenciano que nada más entrar destaca por una decoración y ambiente realmente atractivos. La combinación de metal, madera y espejos en una mezcla de diseño industrial con elementos vintage me pareció todo un acierto, si acaso dos detalles, la luz indirecta, en si un punto a favor, dejaba algunas zonas concretas con muchas sombras y sin la iluminación suficiente, por otra parte soy de la opinión de que la música en un restaurante sobra, llamadme purista pero para mi la comida, y una conversación sosegada si se come acompañado, no deberían estar perturbadas por elementos externos como la música, no digamos ya la televisión, conversaciones a grito pelado, etc. Para los que os gusta pasar calor en verano o tenéis el pernicioso hábito de fumar, disponen de una terraza espléndida aprovechando que da a una calle peatonal. Una vez repuesto de la sorpresa ante el hecho casi paranormal de que, según la camarera a la que le comuniqué la reserva, una persona que también había reservado y supuestamente con mi mismo nombre y apellido acababa de abandonar el restaurante, nos dispusimos a examinar la carta de comida y la no excesivamente extensa carta de vinos, para lo que uno esperaría de un restaurante con este nombre, pero con interesantes referencias para todos los bolsillos.
La cena comenzó con unas croquetas de boletus


Excelentes, crujientes por fuera y jugosas por dentro, con una buena proporción entre bechamel y boletus edulis. A continuación trajeron la tapa ganadora del V Certamen de la Tapa de Valencia, la Black Sepionet, mini hamburgesa de sepionet encebollado con alioli de lima y pan de tinta


Ya hemos comentado que las condiciones de luz eran un poco complicadas, esto dificultaba mucho realizar las fotos que son de una calidad inferior a la habitual pero para que os hagáis una idea creo que es suficiente.
Es una tapa que no te dice absolutamente nada, no es que este mala pero resulta bastante anodina, la sepia rebozada y frita, la cebolla pochada... en realidad ni siquiera el panecillo de tinta es especialmente original ya que es posible conmprarlos de diferentes colores y sabores. Totalmente incomprensible a mi modo de ver que ganase un concurso de tapas.
Seguimos con el tartar de atún con aguacate:



El tartar estaba bastante bueno, aliñado con discreción como debe hacerse siempre para no enmascarar el sabor del pescado. No obstante tenía un exceso leve de sal y contenía algún trocito en el que la veta era demasiado fibrosa, estas partes deben descartarse siempre para que la textura del atún sea homogénea y tierna. Aun así un muy buen plato.
En cuanto a platos salados acabamos con el Pulpo de pedrero braseado con mousse de patata al pimentón de la Vera




El pulpo estaba exquisito, el toque de plancha (por lo que resuelta impropio llamarle braseado) y el pimentón tostadito le dan sin duda un sabor especial. La textura también era óptima. En cuanto a la patata creo que resulta obvio que de mousse no tenía nada sino que más bien era una especie de puré muy aligerado que no aportaba practicamente nada al plato, sin duda alguna un aspecto muy mejorable.
En el terreno de los postres podemos comentar el Coulant de chocolate con helado (no me acuerdo ahora mismo de que era el helado)



bien de sabor pero claramente excedido el tiempo de horneado de forma que el interior estaba casi totalmente cuajado, sin chocolate líquido, con lo cual pierde toda la gracia y pasa a ser un simple bizcochito de chocolate.
En cuanto a la Tarta fina de manzana al horno con base de hojaldre y helado




se sirve recién sacada del horno y estaba muy buena, la masa fina y crujiente, un poco de crema y la manzana deliciosa, únicamente cabe decir que por arriba se tostó un poquito de más y había algún trozo de manzana casi "socarrat".

En resumen podríamos decir que es un sitio con grandes posibilidades en el que tanto el personal de cocina como el de sala, profesional y solícito, se esfuerzan porque todo funcione como es debido. Tiene cosas a mejorar pero el nivel medio de la cocina a juzgar por lo que he podido probar es bastante bueno en líneas generales. Tampoco es un sitio barato ni para comer grandes raciones, sois vosotros los que tenéis que decidir si se adecúa al perfil de restaurante que buscáis.


Leer más...

De bistrós por París

Durante mi reciente estancia en París no he podido dejar de acordarme en alguna ocasión de la obra de Orwell, "Sin blanca en París y Londres", ya que aunque mi situación no era la del escritor inglés, todo el mundo que haya estado en París, e incluso quien no haya estado, sabe lo cara que resulta la vida en la capital gala. Esto establece ciertas limitaciones a la hora de poder probar todos los platos que nos habría gustado pero hemos hecho un esfuerzo, tanto económico como de búsqueda, para poder probar un número suficientemente representativo de platos de la comida regional francesa. Para ser sincero no era del todo ajeno a la desinformación y el desinterés en general que existe en España sobre la comida francesa. Me imagino que concurren una serie de factores para explicar esta situación, como la rivalidad gastronómica entre los dos países, cierta francofobia o prejuicios cavernarios en ciertos sectores de nuestra sociedad, el distanciamiento de la dieta mediterránea que todos decimos amar pero que cada vez se practica menos, la asociación con cierto elitismo y productos caros como el champagne, el foie y demás, a pesar de que muchas de las recetas tradicionales son bastante humildes, etc, etc.  Aquí en este blog estamos abiertos a conocer todo tipo de cocinas, después unas nos gustarán más que otras evidentemente. Antes de comentar platos concretos voy a hablaros un poco de ciertas impresiones generales que me han quedado. Me ha resultado muy sorprendente que en una ciudad como París haya tan pocos platos de pescado en los restaurantes "normales", apenas algún plato de cabillaud (bacalao fresco), saumon, crevettes (gambas) y poco más. Aún más sorprendente me ha parecido cuando he visitado algún mercado los precios astronómicos que alcanzan el pescado y el marisco, en relacion al resto de productos, en un país con tantos kilómetros de costa. Todavía más sorprendente me ha resultado la consideración casi de bebida de lujo que tiene la cerveza. He podido probar el vino, el champagne, la sidra y la cerveza y sin duda alguna ésta última es la que alcanza proporcionalmente precios más escandalosos, tanto es así que resultaba más rentable pedir una botella de un buen vino tinto que tomarte un par de cervezas, algo diametralmente opuesto a lo que sucede en España. Como en el caso del pescado desconozco los motivos reales. Sin duda alguna Francia es el o uno de los paraísos de los aficionados al queso. He leído que hay alrededor de quinientas variedades de quesos tradicionales, algo que puede resultar desconcertante o abrumador para un no iniciado que se acerque a una fromagerie, sobretodo si no domina, o desconoce por completo, el idioma. Si hay algo por lo que sin duda siento una envidia insana es porque se ha mantenido intacta la cultura del pan artesano y de calidad. En cualquier boulangerie en la que entres puedes comprar un pan excelente, desde la tradicional bagette hasta panes "de autor". En España, y a pesar de que poco a poco se está recuperando algo el respeto hacia este alimento curiosamente a través de las panaderías-cafeterías, lo hemos degradado durante años de una forma vergonzosa. Y si sois golosos no podréis sustraeros a la atracción irresistible de las muchas especialidades que existen en este país de gran tradición también en este ámbito.
Indudablemente la mejor manera de comprar en París, por calidad y por precio, es en los mercados callejeros, que se suceden con periodicidad semanal incluso en las ubicaciones más céntricas. Para un aficionado a la gastronomía y a cocinar pocas cosas hay más excitantes que adentrarse en un mercado en un país extranjero, a la caza de productos desconocidos o difíciles de encontrar. Lo que más se me grabó en la memoria fueron las fromageries ambulantes, detectables por el olfato a un centenar de metros, los puestos de carnes donde sobretodo la variedad de aves, codornices, coquelets, pintadas, pulardas, pato, el famoso pollo de Bresse, etc, y muy especialmente los puestos de frutas y verduras, todo un espectáculo por la variedad, el colorido y la calidad del género. Tomé algunas instantáneas de las cosas que más me llamaron la atención, por ejemplo estos calabacines amarillos


estos rábanos negros, y las alcachofas tamaño XXL, en ningún sitio las he visto tan grandes





el apio rojo



 las avellanas tiernas que no las había visto nunca


berenjenas alargadas


y una variedad impresionante de tomates de diferentes formas y colores



También pude probar el casís, un pequeño fruto rojo bastante ácido y algo amargo del que más adelante tendremos ocasión de hablar. Pasamos ya a hablar de algunos platos que pudimos degustar y comenzamos con el tradicional Magret d'anec del que probamos dos versiones, ésta muy sencilla acompañada de unas pommes sautées



y ésta más refinada con un puré muy fino de coliflor y almendras y una salsa de jugo de carne y fruto rojos


La diferencia obvia de presentación se traslada también a la calidad y el sabor del magret, con la parte de la piel muy tostada (con las características incisiones en forma de rejilla para facilitar que suelte la grasa) y el interior tierno, jugoso y sonrosado.

Otro plato muy clásico es el Boeuf bourguignon, estofado de carne de buey marinada y cocinada con vino tinto, mostaza de Dijon, zanahorias, lardons (trocitos de tocino o bacon), cebolla y setas



La verdad es que el plato pintaba bien a pesar de que el pequeño bistró donde lo prepararon tenía una extraña cocina subterránea que parecía más bien un refugio antiaéreo, y quizás lo fuese en algún tiempo pues era un sitio muy antiguo. Pero ya al primer bocado vimos que algo raro pasaba, la salsa tenía un sabor ácido muy pronunciado que recordaba más a un escabeche que a un estofado de carne. Tras preguntar a un camarero resulta que el "secreto" del chef era dejar la carne marinándose setenta y dos horas en una mezcla de ingredientes que incluía jugo o jarabe de casis.  Mi estupefacción fue compartida por todo ciudadano francés a quien pudimos preguntar por esta curiosa técnica, una cosa es querer darle un toque personal y otra es estropear así un plato, delicioso cuando está bien preparado, de esta forma tan absurda.

Otro clásico, el Lapin à la moutarde, conejo a la mostaza.



Nunca había probado este plato pero parece ser que la gracia es que la salsa, que debe tener más mostaza y ser más oscura, se mezcle con la guarnición que suele ser pasta o patatas para que le de sabor. En este caso faltaba salsa y sobraba pasta. El conejo estaba bueno pero parecía más guisado que hecho en el horno, que es la forma tradicional de preparar este plato.

De fiasco considerable cabe calificar este steak tartare


No es un plato de origen francés pero se consume mucho en Francia y está en casi todas las cartas. Dos errores graves, la carne jamás se puede picar con un robot de cocina, se debe hacer a cuchillo para que no se convierta en una especie de pasta y el aliño era exagerado con lo que el sabor de la carne desaparecía por completo, se pasaron tres pueblos con la mostaza y sobretodo con la salsa Perrins.

Uno de los platos que más me apetecía probar, por tener un gran arraigo y porque yo suelo hacer diferentes versiones, es la Soup a l'oignon preparada al estilo tradicional, con el pan tostado y el queso encima de la sopa y gratinado al horno.


No fue una sopa memorable pero estaba bastante correcta, también es cierto que era un día muy caluroso y que si no fuese por el afán periodístico habría pedido seguramente otra cosa. Aquí hay que hacer un pequeño inciso sobre el aspecto climático, los restaurantes franceses, o al menos los parisinos y si exceptuamos los de "alta gama", completamente inaccesibles para mi, no suelen tener aire acondicionado. Hasta hace poco no era habitual un calor intenso en verano pero el cambio climático digan lo que digan los negacionistas es un hecho y provoca que almorzar pueda llegar a ser casi un suplicio en algunos sitios. Otro aspecto que debe tener en cuenta el viajero es que los restaurantes cierran pronto desde el punto de vista de nuestras costumbres y así no es extraño que os encontréis la cocina cerrada antes de las 14:30, me pasó dos veces.

Continuamos nuestro itinerario con dos platos que a algunos les causará cierto rechazo. El primero son unos scargots


preparados al estilo tradicional, en el horno con ajo, perejil y mantequilla. El sabor era agradable pero pienso que los caracoles es algo que combina mejor con una salsita especiada y algo picante que acentúe su sabor, de por si no demasiado intenso, por lo que prefiero los que solemos comer por aquí. Algo similar les ocurre a las Cuisses de grenuille, las ancas de rana, tienen un sabor delicado pero algo tenue que necesita una salsa que lo potencie. En este caso con esta salsa provenzal, una especie de ratatouille


el objetivo se consiguió pues estaban muy sabrosas. Había una buena cantidad de ranas pero es una carne sin nada de grasa que se digiere muy bien.

Para terminar con los platos de carne tenemos este tiernisimo Entrecotte


 y estas Chuletas de cordero a la provenzal


No podía faltar algún plato con trufa... así que aquí tenemos estos Huevos Mollet con salsa de queso y trufa


Os aseguro que hizo falta mucho más pan para mojar y mojar...

Típicas de la región de Bretagne aunque muy populares en toda Francia son las creppes y las galettes de trigo sarraceno. Las galettes se pueden rellenar de casi cualquier cosa pero el huevo y el queso no suelen faltar





Estas resultaban deliciosas, acompañadas por supuesto con una estupenda sidra bretona. En este caso la harina provenía de cultivo ecológico.

Como dije anteriormente encontrar platos de pescado era una cuestión bastante delicada. Sin embargo en el Le Cul de Poule , destartalado bistro de cocina sorprendentemente espléndida, me pude resarcir con dos magníficos platos. El primero fue este Carpaccio du Mérou




que en realidad era una especie de ceviche de pescado cortado en láminas finas con un aliño suave de caldo de pescado y cítricos, sustituyendo el tradicional cilantro por eneldo. Un plato muy fino, delicioso.
El segundo fue este Cabillaud con salsa de cítricos y sésamo negro con acompañamiento de tres arroces (integral, rojo y salvaje), espinacas y algo más que no recuerdo.


El bacalao, cocinado al horno, jugoso y en ese punto óptimo de cocción en el que las lascas se separan con facilidad. Sabores suaves e integrados a la perfección en un plato nutritivo, una forma de presentar el bacalao completamente distinta a las que estoy acostumbrado, sin duda un gran plato.

Llegamos al punto que más gustará a los golosos, el de los postres, y empezamos por la Crème brûlée


Es exactamente lo mismo que la crema catalana, si la una proviene de la otra o al revés no lo sé con certeza (hay quien incluso considera que el origen es inglés). En cualquier caso ésta era magnífica, con la capa de azúcar caramelizada bien fina y crujiente y la crema bien compacta, justo como a mi me gusta.

Otro de los postres mas famosos de la cocina francesa es la Tarte Tatin. Todos conocéis en que consiste y el supuesto origen accidental de la receta por lo que no lo repetiremos aquí



Esta quizás no tenía la mejor presentación posible pero el sabor, especialmente de las manzanas asadas, era espectacular. No podíamos dejar de probar las Creppes




No era necesario echar encima media tonelada de confitura de fresa...en cualquier caso tras retirar todo el excedente fue posible comérselo...dulzón y empalagoso como no podía ser de otra manera, soy de la opinión que los creppes con relleno salado (acabados en el horno) sacan mucho más partido a esta elaboración.

Otra elaboración de origen francés mundialmente conocida es la Mousse o espuma siendo la de chocolate quizás la más popular


Textura perfecta y sabor intenso a chocolate, ¿para que pedir más?

Podríamos comentar alguno más pero son postres internacionales y no tradicionales de Francia por lo que no nos extenderemos más de lo necesario. Si que os hablaré de una especialidad francesa similar al turrón español, el Nougat, y del que me traje un trozo a casa



De textura más blanda y esponjosa que el turrón lleva siempre azúcar, almendras y clara de huevo y se le añade algún ingrediente que le distingue del resto de variedades, en este caso pistachos.

Por supuesto se nos han quedado muchos platos tradicionales por probar, algunos de los más famosos serían por ejemplo las Andouillettes (salchicha de tripa de cerdo) y las Quenelles de pescado, ambas típicas de Lyon, el Coq au Vin (pollo al vino tinto), la Bouillabaisse, sopa de pescado típica de Marsella que hicimos hace poco, el Aligot (puré de patatas con ajo y queso), las lentejas del Puy, la Cassoulade, el Jamón de Bayona, etc...

No os puedo negar que la impresión general es de una relativa decepción. A pesar de que ya contaba con que la cocina francesa no encaja demasiado con mis preferencias culinarias, estoy completamente seguro de que es posible comer mucho mejor y a mejor precio en otras partes de Francia. A menos que dispongais de una cartera muy abultada para comer en los templos gastronómicos de los grandes chefs, o se conoce muy bien el terreno o será inevitable alguna que otra experiencia negativa. Como escaparate de la cocina francesa a nivel mundial, el nivel medio de los restaurantes parisinos no está a la altura.


Leer más...