Restaurante Vino Tinto

Recientemente estuvimos cenando en este restaurante valenciano que nada más entrar destaca por una decoración y ambiente realmente atractivos. La combinación de metal, madera y espejos en una mezcla de diseño industrial con elementos vintage me pareció todo un acierto, si acaso dos detalles, la luz indirecta, en si un punto a favor, dejaba algunas zonas concretas con muchas sombras y sin la iluminación suficiente, por otra parte soy de la opinión de que la música en un restaurante sobra, llamadme purista pero para mi la comida, y una conversación sosegada si se come acompañado, no deberían estar perturbadas por elementos externos como la música, no digamos ya la televisión, conversaciones a grito pelado, etc. Para los que os gusta pasar calor en verano o tenéis el pernicioso hábito de fumar, disponen de una terraza espléndida aprovechando que da a una calle peatonal. Una vez repuesto de la sorpresa ante el hecho casi paranormal de que, según la camarera a la que le comuniqué la reserva, una persona que también había reservado y supuestamente con mi mismo nombre y apellido acababa de abandonar el restaurante, nos dispusimos a examinar la carta de comida y la no excesivamente extensa carta de vinos, para lo que uno esperaría de un restaurante con este nombre, pero con interesantes referencias para todos los bolsillos.
La cena comenzó con unas croquetas de boletus


Excelentes, crujientes por fuera y jugosas por dentro, con una buena proporción entre bechamel y boletus edulis. A continuación trajeron la tapa ganadora del V Certamen de la Tapa de Valencia, la Black Sepionet, mini hamburgesa de sepionet encebollado con alioli de lima y pan de tinta


Ya hemos comentado que las condiciones de luz eran un poco complicadas, esto dificultaba mucho realizar las fotos que son de una calidad inferior a la habitual pero para que os hagáis una idea creo que es suficiente.
Es una tapa que no te dice absolutamente nada, no es que este mala pero resulta bastante anodina, la sepia rebozada y frita, la cebolla pochada... en realidad ni siquiera el panecillo de tinta es especialmente original ya que es posible conmprarlos de diferentes colores y sabores. Totalmente incomprensible a mi modo de ver que ganase un concurso de tapas.
Seguimos con el tartar de atún con aguacate:



El tartar estaba bastante bueno, aliñado con discreción como debe hacerse siempre para no enmascarar el sabor del pescado. No obstante tenía un exceso leve de sal y contenía algún trocito en el que la veta era demasiado fibrosa, estas partes deben descartarse siempre para que la textura del atún sea homogénea y tierna. Aun así un muy buen plato.
En cuanto a platos salados acabamos con el Pulpo de pedrero braseado con mousse de patata al pimentón de la Vera




El pulpo estaba exquisito, el toque de plancha (por lo que resuelta impropio llamarle braseado) y el pimentón tostadito le dan sin duda un sabor especial. La textura también era óptima. En cuanto a la patata creo que resulta obvio que de mousse no tenía nada sino que más bien era una especie de puré muy aligerado que no aportaba practicamente nada al plato, sin duda alguna un aspecto muy mejorable.
En el terreno de los postres podemos comentar el Coulant de chocolate con helado (no me acuerdo ahora mismo de que era el helado)



bien de sabor pero claramente excedido el tiempo de horneado de forma que el interior estaba casi totalmente cuajado, sin chocolate líquido, con lo cual pierde toda la gracia y pasa a ser un simple bizcochito de chocolate.
En cuanto a la Tarta fina de manzana al horno con base de hojaldre y helado




se sirve recién sacada del horno y estaba muy buena, la masa fina y crujiente, un poco de crema y la manzana deliciosa, únicamente cabe decir que por arriba se tostó un poquito de más y había algún trozo de manzana casi "socarrat".

En resumen podríamos decir que es un sitio con grandes posibilidades en el que tanto el personal de cocina como el de sala, profesional y solícito, se esfuerzan porque todo funcione como es debido. Tiene cosas a mejorar pero el nivel medio de la cocina a juzgar por lo que he podido probar es bastante bueno en líneas generales. Tampoco es un sitio barato ni para comer grandes raciones, sois vosotros los que tenéis que decidir si se adecúa al perfil de restaurante que buscáis.


Leer más...

De bistrós por París

Durante mi reciente estancia en París no he podido dejar de acordarme en alguna ocasión de la obra de Orwell, "Sin blanca en París y Londres", ya que aunque mi situación no era la del escritor inglés, todo el mundo que haya estado en París, e incluso quien no haya estado, sabe lo cara que resulta la vida en la capital gala. Esto establece ciertas limitaciones a la hora de poder probar todos los platos que nos habría gustado pero hemos hecho un esfuerzo, tanto económico como de búsqueda, para poder probar un número suficientemente representativo de platos de la comida regional francesa. Para ser sincero no era del todo ajeno a la desinformación y el desinterés en general que existe en España sobre la comida francesa. Me imagino que concurren una serie de factores para explicar esta situación, como la rivalidad gastronómica entre los dos países, cierta francofobia o prejuicios cavernarios en ciertos sectores de nuestra sociedad, el distanciamiento de la dieta mediterránea que todos decimos amar pero que cada vez se practica menos, la asociación con cierto elitismo y productos caros como el champagne, el foie y demás, a pesar de que muchas de las recetas tradicionales son bastante humildes, etc, etc.  Aquí en este blog estamos abiertos a conocer todo tipo de cocinas, después unas nos gustarán más que otras evidentemente. Antes de comentar platos concretos voy a hablaros un poco de ciertas impresiones generales que me han quedado. Me ha resultado muy sorprendente que en una ciudad como París haya tan pocos platos de pescado en los restaurantes "normales", apenas algún plato de cabillaud (bacalao fresco), saumon, crevettes (gambas) y poco más. Aún más sorprendente me ha parecido cuando he visitado algún mercado los precios astronómicos que alcanzan el pescado y el marisco, en relacion al resto de productos, en un país con tantos kilómetros de costa. Todavía más sorprendente me ha resultado la consideración casi de bebida de lujo que tiene la cerveza. He podido probar el vino, el champagne, la sidra y la cerveza y sin duda alguna ésta última es la que alcanza proporcionalmente precios más escandalosos, tanto es así que resultaba más rentable pedir una botella de un buen vino tinto que tomarte un par de cervezas, algo diametralmente opuesto a lo que sucede en España. Como en el caso del pescado desconozco los motivos reales. Sin duda alguna Francia es el o uno de los paraísos de los aficionados al queso. He leído que hay alrededor de quinientas variedades de quesos tradicionales, algo que puede resultar desconcertante o abrumador para un no iniciado que se acerque a una fromagerie, sobretodo si no domina, o desconoce por completo, el idioma. Si hay algo por lo que sin duda siento una envidia insana es porque se ha mantenido intacta la cultura del pan artesano y de calidad. En cualquier boulangerie en la que entres puedes comprar un pan excelente, desde la tradicional bagette hasta panes "de autor". En España, y a pesar de que poco a poco se está recuperando algo el respeto hacia este alimento curiosamente a través de las panaderías-cafeterías, lo hemos degradado durante años de una forma vergonzosa. Y si sois golosos no podréis sustraeros a la atracción irresistible de las muchas especialidades que existen en este país de gran tradición también en este ámbito.
Indudablemente la mejor manera de comprar en París, por calidad y por precio, es en los mercados callejeros, que se suceden con periodicidad semanal incluso en las ubicaciones más céntricas. Para un aficionado a la gastronomía y a cocinar pocas cosas hay más excitantes que adentrarse en un mercado en un país extranjero, a la caza de productos desconocidos o difíciles de encontrar. Lo que más se me grabó en la memoria fueron las fromageries ambulantes, detectables por el olfato a un centenar de metros, los puestos de carnes donde sobretodo la variedad de aves, codornices, coquelets, pintadas, pulardas, pato, el famoso pollo de Bresse, etc, y muy especialmente los puestos de frutas y verduras, todo un espectáculo por la variedad, el colorido y la calidad del género. Tomé algunas instantáneas de las cosas que más me llamaron la atención, por ejemplo estos calabacines amarillos


estos rábanos negros, y las alcachofas tamaño XXL, en ningún sitio las he visto tan grandes





el apio rojo



 las avellanas tiernas que no las había visto nunca


berenjenas alargadas


y una variedad impresionante de tomates de diferentes formas y colores



También pude probar el casís, un pequeño fruto rojo bastante ácido y algo amargo del que más adelante tendremos ocasión de hablar. Pasamos ya a hablar de algunos platos que pudimos degustar y comenzamos con el tradicional Magret d'anec del que probamos dos versiones, ésta muy sencilla acompañada de unas pommes sautées



y ésta más refinada con un puré muy fino de coliflor y almendras y una salsa de jugo de carne y fruto rojos


La diferencia obvia de presentación se traslada también a la calidad y el sabor del magret, con la parte de la piel muy tostada (con las características incisiones en forma de rejilla para facilitar que suelte la grasa) y el interior tierno, jugoso y sonrosado.

Otro plato muy clásico es el Boeuf bourguignon, estofado de carne de buey marinada y cocinada con vino tinto, mostaza de Dijon, zanahorias, lardons (trocitos de tocino o bacon), cebolla y setas



La verdad es que el plato pintaba bien a pesar de que el pequeño bistró donde lo prepararon tenía una extraña cocina subterránea que parecía más bien un refugio antiaéreo, y quizás lo fuese en algún tiempo pues era un sitio muy antiguo. Pero ya al primer bocado vimos que algo raro pasaba, la salsa tenía un sabor ácido muy pronunciado que recordaba más a un escabeche que a un estofado de carne. Tras preguntar a un camarero resulta que el "secreto" del chef era dejar la carne marinándose setenta y dos horas en una mezcla de ingredientes que incluía jugo o jarabe de casis.  Mi estupefacción fue compartida por todo ciudadano francés a quien pudimos preguntar por esta curiosa técnica, una cosa es querer darle un toque personal y otra es estropear así un plato, delicioso cuando está bien preparado, de esta forma tan absurda.

Otro clásico, el Lapin à la moutarde, conejo a la mostaza.



Nunca había probado este plato pero parece ser que la gracia es que la salsa, que debe tener más mostaza y ser más oscura, se mezcle con la guarnición que suele ser pasta o patatas para que le de sabor. En este caso faltaba salsa y sobraba pasta. El conejo estaba bueno pero parecía más guisado que hecho en el horno, que es la forma tradicional de preparar este plato.

De fiasco considerable cabe calificar este steak tartare


No es un plato de origen francés pero se consume mucho en Francia y está en casi todas las cartas. Dos errores graves, la carne jamás se puede picar con un robot de cocina, se debe hacer a cuchillo para que no se convierta en una especie de pasta y el aliño era exagerado con lo que el sabor de la carne desaparecía por completo, se pasaron tres pueblos con la mostaza y sobretodo con la salsa Perrins.

Uno de los platos que más me apetecía probar, por tener un gran arraigo y porque yo suelo hacer diferentes versiones, es la Soup a l'oignon preparada al estilo tradicional, con el pan tostado y el queso encima de la sopa y gratinado al horno.


No fue una sopa memorable pero estaba bastante correcta, también es cierto que era un día muy caluroso y que si no fuese por el afán periodístico habría pedido seguramente otra cosa. Aquí hay que hacer un pequeño inciso sobre el aspecto climático, los restaurantes franceses, o al menos los parisinos y si exceptuamos los de "alta gama", completamente inaccesibles para mi, no suelen tener aire acondicionado. Hasta hace poco no era habitual un calor intenso en verano pero el cambio climático digan lo que digan los negacionistas es un hecho y provoca que almorzar pueda llegar a ser casi un suplicio en algunos sitios. Otro aspecto que debe tener en cuenta el viajero es que los restaurantes cierran pronto desde el punto de vista de nuestras costumbres y así no es extraño que os encontréis la cocina cerrada antes de las 14:30, me pasó dos veces.

Continuamos nuestro itinerario con dos platos que a algunos les causará cierto rechazo. El primero son unos scargots


preparados al estilo tradicional, en el horno con ajo, perejil y mantequilla. El sabor era agradable pero pienso que los caracoles es algo que combina mejor con una salsita especiada y algo picante que acentúe su sabor, de por si no demasiado intenso, por lo que prefiero los que solemos comer por aquí. Algo similar les ocurre a las Cuisses de grenuille, las ancas de rana, tienen un sabor delicado pero algo tenue que necesita una salsa que lo potencie. En este caso con esta salsa provenzal, una especie de ratatouille


el objetivo se consiguió pues estaban muy sabrosas. Había una buena cantidad de ranas pero es una carne sin nada de grasa que se digiere muy bien.

Para terminar con los platos de carne tenemos este tiernisimo Entrecotte


 y estas Chuletas de cordero a la provenzal


No podía faltar algún plato con trufa... así que aquí tenemos estos Huevos Mollet con salsa de queso y trufa


Os aseguro que hizo falta mucho más pan para mojar y mojar...

Típicas de la región de Bretagne aunque muy populares en toda Francia son las creppes y las galettes de trigo sarraceno. Las galettes se pueden rellenar de casi cualquier cosa pero el huevo y el queso no suelen faltar





Estas resultaban deliciosas, acompañadas por supuesto con una estupenda sidra bretona. En este caso la harina provenía de cultivo ecológico.

Como dije anteriormente encontrar platos de pescado era una cuestión bastante delicada. Sin embargo en el Le Cul de Poule , destartalado bistro de cocina sorprendentemente espléndida, me pude resarcir con dos magníficos platos. El primero fue este Carpaccio du Mérou




que en realidad era una especie de ceviche de pescado cortado en láminas finas con un aliño suave de caldo de pescado y cítricos, sustituyendo el tradicional cilantro por eneldo. Un plato muy fino, delicioso.
El segundo fue este Cabillaud con salsa de cítricos y sésamo negro con acompañamiento de tres arroces (integral, rojo y salvaje), espinacas y algo más que no recuerdo.


El bacalao, cocinado al horno, jugoso y en ese punto óptimo de cocción en el que las lascas se separan con facilidad. Sabores suaves e integrados a la perfección en un plato nutritivo, una forma de presentar el bacalao completamente distinta a las que estoy acostumbrado, sin duda un gran plato.

Llegamos al punto que más gustará a los golosos, el de los postres, y empezamos por la Crème brûlée


Es exactamente lo mismo que la crema catalana, si la una proviene de la otra o al revés no lo sé con certeza (hay quien incluso considera que el origen es inglés). En cualquier caso ésta era magnífica, con la capa de azúcar caramelizada bien fina y crujiente y la crema bien compacta, justo como a mi me gusta.

Otro de los postres mas famosos de la cocina francesa es la Tarte Tatin. Todos conocéis en que consiste y el supuesto origen accidental de la receta por lo que no lo repetiremos aquí



Esta quizás no tenía la mejor presentación posible pero el sabor, especialmente de las manzanas asadas, era espectacular. No podíamos dejar de probar las Creppes




No era necesario echar encima media tonelada de confitura de fresa...en cualquier caso tras retirar todo el excedente fue posible comérselo...dulzón y empalagoso como no podía ser de otra manera, soy de la opinión que los creppes con relleno salado (acabados en el horno) sacan mucho más partido a esta elaboración.

Otra elaboración de origen francés mundialmente conocida es la Mousse o espuma siendo la de chocolate quizás la más popular


Textura perfecta y sabor intenso a chocolate, ¿para que pedir más?

Podríamos comentar alguno más pero son postres internacionales y no tradicionales de Francia por lo que no nos extenderemos más de lo necesario. Si que os hablaré de una especialidad francesa similar al turrón español, el Nougat, y del que me traje un trozo a casa



De textura más blanda y esponjosa que el turrón lleva siempre azúcar, almendras y clara de huevo y se le añade algún ingrediente que le distingue del resto de variedades, en este caso pistachos.

Por supuesto se nos han quedado muchos platos tradicionales por probar, algunos de los más famosos serían por ejemplo las Andouillettes (salchicha de tripa de cerdo) y las Quenelles de pescado, ambas típicas de Lyon, el Coq au Vin (pollo al vino tinto), la Bouillabaisse, sopa de pescado típica de Marsella que hicimos hace poco, el Aligot (puré de patatas con ajo y queso), las lentejas del Puy, la Cassoulade, el Jamón de Bayona, etc...

No os puedo negar que la impresión general es de una relativa decepción. A pesar de que ya contaba con que la cocina francesa no encaja demasiado con mis preferencias culinarias, estoy completamente seguro de que es posible comer mucho mejor y a mejor precio en otras partes de Francia. A menos que dispongais de una cartera muy abultada para comer en los templos gastronómicos de los grandes chefs, o se conoce muy bien el terreno o será inevitable alguna que otra experiencia negativa. Como escaparate de la cocina francesa a nivel mundial, el nivel medio de los restaurantes parisinos no está a la altura.


Leer más...

Espaguetis de calabacín con salsa de tomate y albahaca

A veces no son necesarios complicados y costosos utensilios o electrodomésticos para poder realizar una nueva elaboración culinaria. Algo tan sencillo como el rallador que podéis ver en la foto y que es posible adquirir en internet por menos de cinco euros, os permite obtener largas y delgadas tiras cilíndricas de verduras que se asemejan a espaguetis




Hasta ahora yo he conseguido obtenerlos de calabacín, zanahoria, rábano y pepino. Podéis elaborar vistosas ensaladas y también platos calientes, depende de la verdura que empleéis y como la queráis usar. El resultado no sólo es visualmente llamativo sino además interesante desde el punto vista gustativo. Puede ser incluso una buena solución para hacer que los niños remisos a comer verduras se animen a probarlas, ya sea por que se crean el trampantojo, cosa improbable, o porque les parezca más divertido, ya sabemos que si todos comemos un poco con la vista, en el caso de los niños esto se lleva al extremo. Como ejemplo de uno de los muchísimos platos que podemos hacer hemos elaborado unos espaguetis de calabacín. Podéis acompañarlos con la salsa que queráis pero yo os recomiendo una salsa sencilla para apreciar mejor la textura y el sabor del calabacín




Ingredientes (para dos personas)

  • 2 calabacines alargados
  • 6 tomates rojos y maduros
  • 2 o 3 dientes de ajo
  • Albahaca fresca 
  • Parmesano recién rallado
  • 1 guindilla (opcional)
  • Aceite de oliva virgen extra

Elaboración

Con un rallador grueso normal, rallamos los tomates. También podemos pelarlos y picarlos en dados pequeños, depende de como os guste la textura de la salsa. En una sartén o una cacerola salteamos los ajos, que habremos picado finamente, con un poco de aceite de oliva y acto seguido añadimos los tomates, la albahaca picada y un poco de sal. Dejamos la salsa cocinándose a fuego lento hasta que se evapore toda el agua del tomate. Si queréis que la salsa tenga un poco de "garrote" junto con los ajos saltead una guindilla sin semillas. Mientras que se va haciendo la salsa, pelad los calabacines y obtened los espaguetis simplemente introduciéndolos en el rallador y girándolos, haciendo un poco de presión hacia abajo. La cocción del espagueti será siempre muy breve, podéis hervirlos un minuto en agua con sal o saltearlos ligeramente en una sartén o wok. A la hora de servir poned los espaguetis en el centro de un plato llano, poned la salsa de tomate por encima y espolvoread con un poco de parmesano recién rallado. Si queréis podéis poner añadir un chorrito de aceite de oliva y decorar con unas hojas pequeñas de albahaca.
Ya podéis disfrutar de este plato de "pasta", mucho más ligero que la pasta de verdad y por lo tanto también ideal para la gente que necesite controlar el peso.


Leer más...

The Big 6 Challenge

Desde ayer y hasta el día 18 de Julio podéis disfrutar en cualquiera de los seis restaurantes que participan en este "desafío" de un menú degustación maridado con dos copas de vino de las Bodegas Sevirán, organizadora del evento, a un precio cerrado de 19,50 euros. Estos son los respectivos menús presentados por cada uno de ellos:



Nosotros nos decidimos por el restaurante Ginebre, uno de nuestros favoritos de Valencia y del que ya os hemos hablado: Restaurante Ginebre.
Como siempre un gran menú el que nos brinda Javier Puchades y su equipo, aquí os dejo simplemente las fotos para que os podáis hacer una idea. Por cierto que el desafío es más bien simbólico ya que tras indagar sobre el asunto, me dijeron que realmente no hay ningún sistema de "puntuación" similar al de Valencia Cuina Oberta por ejemplo. De todas formas para que tuviera un mínimo de objetividad sería necesario cenar en los seis restaurantes, en nueve días, para poder comparar los menús, algo poco viable para la mayoría.


Ajo blanco de melón con salazones y encurtidos




Coca al vapor de oliva negra con tomate confitado, berenjenas torradas y anguila



Croquetas de pato y dátiles



Canelón de pollo de corral a l'ast con bechamel de curry masamam



Pan bao con ventresca de cerdo rustida a la BBQ hoisin


































































Leer más...

Borsch frío de remolacha y yogur

El Borsch, como la mayoría de vosotros sabréis, es una sopa caliente elaborada principalmente con caldo de carne, generalmente ternera, remolacha y otras verduras y que se sirve acompañada de smetana, un tipo de crema ácida. Es el plato nacional de Ucrania y se consume en todos los países de la antigua Unión Sovietica y otros países del este de Europa. En verano se consumen multitud de variantes frías del borsch, que pueden elaborarse con un caldo de verduras o algún lácteo como leche, nata, smetana, kéfir, yogur, etc. Nosotros hemos hecho una versión sencilla y refrescante utilizando yogur griego


Ingredientes
  • 1 o 2 remolachas, según el tamaño, con sus hojas
  • 2 yogures griegos
  • 1 diente de ajo
  • 1 limón 
  • Eneldo fresco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Huevas de trucha (opcional)

Elaboración

Lo primero que tenemos que hacer es pelar y cocer la remolacha en abundante agua salada. Como es una verdura que, dependiendo del tamaño, puede necesitar bastante tiempo de cocción lo mejor es tenerla cocida y ya fría del día anterior. Reservad tanto el caldo de cocción como las hojas de la remolacha. Una vez que ya tenemos la remolacha cocida y fría, en un bol grande vertemos el yogur, añadimos un diente de ajo muy finamente picado y removemos. Podemos picar la remolacha muy fina con un cuchillo aunque yo prefiero rallarla con un rallador como hacemos habitualmente con las zanahorias. Picamos abundante eneldo bien fino y cortamos en juliana muy fina las hojas de la remolacha, previamente lavadas y secas. Lo añadimos todo al bol y removemos. Añadimos el jugo del limón exprimido, un chorrito de aceite de oliva y un poco del agua de cocción de la remolacha, para que la sopa no quede tan espesa. Ya sólo queda añadir un poco de sal y servir. Podéis servir el borsch en un plato hondo, un cuenco o incluso en un copa ancha como he hecho yo. En esta ocasión he utilizado para decorar unas huevas de trucha que tenía en la nevera y un poco más de eneldo. Ligero, sencillo, refrescante y diferente!
Leer más...

Seu Xerea

Recientemente ha tenido lugar una nueva edición de Valencia Cuina Oberta. En esta ocasión y tras revisar como siempre los menús de forma concienzuda optamos por el restaurante de comida creativa Seu Xerea, un local con una sólida trayectoria y buena reputación en el ambiente "gourmet" de la ciudad. El restaurante tiene una estética minimalista, tanto es así que, al tratarse de mi primera visita y pese a estar bastante seguro de que estaba en el sitio correcto me llevó unos cuantos segundos encontrar el nombre en la fachada que al final divisé en el suelo. Ya instalados en la mesa, la comida transcurrió con bastante celeridad, tanto por la agilidad y presteza de los camareros como por lo exiguo de los platos, ya hablaremos sobre esto más adelante. Para comenzar se sirvió un aperitivo consistente en un licuado de zanahoria, coco, jenjibre y lima


Lo primero que se percibe es la potencia y el picante del jenjibre que da paso a la cremosidad del coco, el dulzor de la zanahoria y la frescura ácida de la lima. Perfecta combinación de sabores, un traguito delicioso y fácil de reproducir en casa si tenéis una licuadora. A continuación llegó a la mesa el Tabouleh de quinoa y verdurita crunch con caballa en teriyaki


La quinoa es uno de esos superalimentos que está más de moda que nunca, me recuerda a esas milagrosas bayas de goji que causaron furor hace algunos años y de las que hoy casi nadie se acuerda. Sin embargo la quinoa no va a ser una moda pasajera, o eso creo,  ya que a diferencia del goji tiene un considerable interés gastronómico. El crujiente de la propia quinoa junto con las verduritas y los frutos secos, recuerdo cebolla roja, rabanito, espárrago, alguna pasa, pipas de calabaza junto con el toque agridulce de la salsa teriyaki resultaba realmente apetecible. En cuanto a la caballa, sonrosada, con un sabor y textura excelentes. Un plato sencillo pero a la vez lleno de matices y magníficamente ejecutado.
Seguimos con la samosa de  pollo de corral y cacahuetes, en esta ocasión con forma de medialuna en lugar de la más tradicional que es la triangular


La masa muy crujiente y el relleno de pollo especiado muy sabroso, quizás excesivamente compacto y ligeramente seco, un pelín más de jugosidad hubiese sido deseable. En cuanto al mojo que lo acompañaba se apreciaba cilantro, eneldo, queso azul, posiblemente yogur...poco convincente, me hubiese gustado un sabor un poco ácido y picante. Un plato aceptable pero bastante mejorable.
En cuanto a la navaja con espárrago verde y mayonesa de yuzu


deliciosa la navaja, completamente limpia y casi cruda, con una textura perfecta. En cuanto a los acompañamientos realzaban de forma magnífica el sabor yodado a puro mar del bivalvo. Un claro ejemplo de que a veces menos es más y de que con el minimalismo de puede emocionar más que con complicadas elaboraciones y puestas en escena.
Entramos ya en los platos principales, yo me decanté por el arroz plancha de sepia y verduras


Creo que fue Raul Aleixandre el primero en cocinar este tipo de arroces, en definitiva se trata de hacer un arroz de pescado tipo meloso al que le falte un poco de cocción y después acabarlo en la plancha donde termina de cocerse, queda un arroz seco y con un leve "socarrat" por ambas caras. Este se acompañaba de unas tiras muy finas se sepia y un aire de socarrat levemente cítrico. Un plato original, muy bien resuelto, de los que crean afición y adicción.
Puede probar también la carrillada al estilo chino con bok choy


La carne muy bien cocinada con un sabor intenso por la salsa de soja y el jugo de carne y algo dulce por el azúcar moreno. Las shitake también aportan potencia y profundidad al guiso además de, junto con el crujiente bok choy, darle un carácter manifiestamente oriental al plato. De nuevo una ejecución magnifica para un plato sobresaliente.
Para finalizar Zanahoria, lima, jengibre y coco… segunda parte, es decir, un postre empleando como base los mismos ingredientes que en el aperitivo.


La verdad es que comenzar y terminar un almuerzo con platos distintos pero empleando los mismos productos me parece de una brillantez conceptual notable, algo así como cerrar el circulo, una simbolización de que por más artificios y vueltas de tuerca que hagamos en la cocina al final es el cocinero el que está al servicio del producto y no al revés. En fin, lirismos aparte, tengo que decir que este es uno de esos postres que me gustaría ser capaz de hacer pero que hoy por hoy están por encima de mi nivel y seguramente de mi infraestructura. En la crema predominaba la zanahoria y el jenjibre, en el helado el coco y la lima, a lo que hay que añadir el polvo de galleta a la canela y los trocitos de fruta de la pasión deshidratados (o quizás liofilizados). Sabores exquisitos por separado y fascinantes en el conjunto, un postre de diez.

Resumiendo la experiencia podemos decir que se trata de una cocina elegante, preciosista, de bocados cortos y delicados y que en general tiene pocos fallos, el más importante es que el menú es excesivamente estrecho. Los platos posiblemente están diseñados para menus degustación más largos por lo que al final queda un poco escaso, esto os lo dice alguien que tampoco posee un apetito voraz, nunca me quedo con hambre con los menús que proponen los restaurantes y bastantes veces no soy capaz de comerlo todo. Por eso que en este caso cuando llegué a casa me comiese unos albaricoques es bastante significativo. Se me podrá objetar que es un menú promocional a un precio considerablemente inferior al habitual en este restaurante pero a fin de cuentas se es libre de apuntarse o no a Cuina Oberta y si se hace creo que existe la obligación moral de dejar a los comensales satisfechos.




Leer más...

Bouillabaisse, la sopa de Marsella

La Bouillabaisse, que aquí solemos castellanizar como bullabesa es una sopa de pescado típica de La Provenza y sobre todo de la ciudad de Marsella que se ha convertido en una de las sopas de pescado mas reconocidas internacionalmente. Nunca me he comido una bullabesa en Marsella, entre otras cosas porque nunca he estado allí, sin embargo tengo entendido que una ración no suele bajar de los 40-50 euros, lo que nació como un sencillo plato de pescadores para aprovechar los pescados no vendidos se ha convertido en un plato de lujo. Se la suele emparentar con platos como los suquets de peix y las calderetas y zarzuelas de pescado pero mientras que en estos platos se suele añadir una picada para conseguir una salsa más o menos ligada, la bullabesa es más líquida, es una sopa en el sentido tradicional del término. En este sentido está mucho más cerca de las Caldeiradas que se elaboran en Portugal y Galicia y al igual que en estas es posible encontrar multitud de variantes. 



 
Es típico acompañarla con, o incluso servir sobre, tostadas untadas con una salsa denominada rouille que es una especie de mahonesa o allioli con azafrán y a la que yo le añado un poco de pulpa de pimiento choricero pues me gusta como queda. A nosotros no nos resulta extraña la combinación puesto que estamos acostumbrados a acompañar varios de nuestros arroces de pescado con un poco de allioli




La verdad es que hacer una buena bullabesa requiere cierto tiempo y esfuerzo pero se que vosotros, lectores, os atrevéis con todo así que aquí os dejo mi receta de bullabesa. Os aseguro que merecerá la pena pues disfrutaréis de una sopa excepcional.


Ingredientes


Para el fumet
  • 1 kg de pescado de roca o cabezas y espinas de pescado
  • 1 zanahoria 
  • 1 puerro
  • 1 cebolla
  • 1 tomate maduro
  • 1 pimiento verde
  • Unas ramas de perejil 

Para la sopa
  • 1 kg de de pescado sin piel ni espinas
  • 300 gramos de gambas
  • 1/2 kg de mejillones
  • 1 cebolla grande
  • 1 puerro
  • 1 bulbo de hinojo mediano
  • 6 chalotas
  • 5 tomates maduros
  • Azafrán
  • Ralladura de naranja
  • Perejil
  • Eneldo fresco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Para la salsa rouille
  • 1 yema de huevo
  • 1 diente de ajo
  • 1 trocito de guindilla
  • 2 pimientos choriceros 
  • Azafrán
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal


Elaboración

Lo primero que haremos será poner los pimientos choriceros en remojo con agua caliente para que se rehidraten y acto seguido prepararemos el caldo y dejaremos listo el pescado y el marisco para añadirlo a la sopa cuando lo necesitemos. Podéis utilizar multitud de pescados, yo en esta ocasión utilicé media merluza y medio bacalao fresco, de la parte de la cabeza, y un rape. Con las cabezas y espinas de los pescados tuve suficiente para hacer el caldo. Ponéis las cabezas y espinas (o el pescado de roca) en una cazuela junto con la zanahoria, el puerro, la cebolla, el pimiento verde y el tomate, en trozos grandes, y lo salteáis con un poco de aceite. Cuando el pescado se vea un poco dorado cubrís con agua y añadís el perejil. Una vez que hierva lo mantendremos a fuego medio durante 20 minutos desespumando de vez en cuando. Pasado este tiempo colamos con un colador fino y reservamos. Mientras tanto cortamos el pescado, sin piel ni espinas, en dados de tamaño homogeneo. Pelamos las gambas y retiramos el hilo intestinal, en este caso no utilizaremos las cabezas y cáscaras porque dan un sabor que resulta demasiado fuerte para esta sopa. Limpiamos los mejillones retirando las barbas y raspando la superficie con un cepillo duro. 
Es el momento de comenzar a hacer el sofrito, picáis finamente la cebolla, el puerro, las chalotas y el hinojo y lo pocháis en una olla con aceite de oliva, es importante tener paciencia para este paso pues necesitamos que el sofrito quede bien hecho, no caramelizado pero si bien dorado, tras lo cual añadiremos los tomates rallados y nuevamente con paciencia dejaremos reducir lentamente hasta que el agua del tomate se haya evaporado por completo. En este momento añadimos el caldo, una buena cantidad de perejil picado, unas hebras de azafrán, un poco de ralladura de naranja y un poco de eneldo picado (este ingrediente no es típico de la bullabesa pero a mi me encanta) y dejamos cocer a fuego medio-lento durante 25 o 30 minutos.
Mientras tanto preparamos la salsa rouille, con un cuchillo tipo puntilla rasparemos la superficie de los pimientos separando la pulpa de la piel. En un recipiente mezclamos el diente de ajo, el azafrán, el trocito de guindilla, la pulpa de pimiento choricero y una pizca de sal y vamos añadiendo aceite de oliva y batiendo con la batidora hasta que quede montada como una mahonesa, reservamos en frío.
Una vez que la sopa haya hervido el tiempo necesario es el momento de añadir los pescados, el tiempo dependerá del pescado pero será siempre mínimo, 3 o 4 minutos, a mitad del cual añadiremos los mejillones para que se abran. Las gambas pueden hacerse con el calor residual, con el fuego apagado y la olla tapada.
Es el momento de tostar una o dos rebanadas de un buen pan por comensal y untarlas con la salsa. Servimos la sopa con perejil picado por encima y acompañada con las tostadas. Si no os aplauden es que algo habéis hecho mal.
      Leer más...