Lienzo

Hacía tiempo que tenía ganas de pasarme por este restaurante ubicado en un singular edificio de la plaza Tetúan en Valencia. Tanto las fotos que había visto del comedor como de algunos platos resultaban francamente atractivas e incitaban a probar la propuesta culinaria de la joven cocinera Maria José Martínez (advierto de que si la buscáis en google imagenes os saldrá una actriz colombiana semidesnuda, no es ella). Vamos a contar como discurrió la cena, que comenzó con un aperitivo de la casa, crujiente de bacalao con aguacate y mostaza




Un bocado frío, especie de corteza marina hecha con la piel del bacalao, agradable.

El primero de los entrantes fue un Ceviche de pulpo con leche de tigre, mango y aguacate.



La combinación del pescado con el mango y el aguacate me gusta, de hecho tengo publicada una receta de  tartar de salmón que lleva ambos ingredientes. El pulpo estaba extremadamente tierno y muy sabroso y la leche de tigre estaba deliciosa aunque me extraño que no picase en absoluto, yo le habría dado el característico toque picante aunque fuese discretamente. En cualquier caso un buen plato.

Continuamos con el Sepionet, alioli de almendras y trufa



Nunca había probado sepias tan pequeñas, del tamaño de puntillas. Al requerir un paso por la plancha tan fugaz conservaban todo su sabor y frescura, junto con el alioli de almendra formaban un bocado sutil y delicioso, una forma tan distinta y al mismo tiempo tan cercana a la habitual de consumir éste cefalópodo. El acompañamiento con alcachofas fritas plenamente acertado. Verdaderamente una tapa exquisita.

En los platos principales la calidad se mantiene alta, comenzando por el Rodaballo con crema de ajos y demi-glacé de sus espinas.



El rodaballo es uno de mis pescados favoritos así que no tuve muchas dudas en pedirlo. El pescado estaba tierno y sabroso, con un buen punto de cocción. La crema de ajos, que semejaba una especie de muselina de ajos confitados estaba muy buena (si te gusta el ajo, claro, como es mi caso) y combinaba muy bien y el jugo concentrado hecho con las espinas del pescado realzaba el sabor del mismo al tiempo que visualmente le daba cierto brillo. Un plato que a buen seguro trataré de hacer en casa, con diferentes pescados, ya que la idea me parece tan sencilla como buena.

El Cochinillo con compota de reineta y jenjibre



se presenta de forma que la tarea de comerlo sea lo más sencilla posible para el comensal. Desmigado, con cantidad suficiente de su propio jugo para darle untuosidad, y cubierto con la piel crujiente del cochinillo. Un plato que por la forma de servirlo resulta menos pesado de lo que podría parecer, sobretodo para una cena. La compota, muy fina, me gusta mucho el toque de jenjibre. Como único leve defecto del plato señalaría que la piel no era uniformemente crocante, había algún trozo un poco más flexible.

Como postre y muy intrigado por lo que podría ser el Black lemon, pregunté los detalles y me trajeron de la cocina pues justamente un limón negro, algo que yo no había visto nunca



y que no es otra cosa que un limón fermentado de forma controlada, de forma similar a como se hace con el ajo negro. Tras olerlo su aroma me resulto tremendamente familiar, en una segunda tentativa conseguí identificarlo claramente con el del curry más habitual que se vende en los supermercados, una similitud verdaderamente sorprendente. En cuanto al postre en si:



consiste en una ganaché de chocolate negro al 75% de cacao mezclada con limón negro. Si sois adictos al chocolate negro como es mi caso este postre os tocará la fibra sensible, el toque levemente cítrico y al mismo tiempo especiado suavizan la contundencia del postre a pesar de ser de una textura bastante compacta. El polvo de oro comestible como sabéis es meramente decorativo ya que no aporta ningún sabor. Un postre sorprendente y adictivo.

En definitiva una cocina de calidad en la que destaca tanto la calidad del producto como la búsqueda del sabor sin recurrir a elaboraciones complicadas y que ejemplifica perfectamente que a veces lo complejo de la creatividad es conseguir que lo sencillo resulte especial. No se si viene muy a cuento o no pero me encanta la frase que le escuché a un cocinero japonés cuyo nombre no recuerdo y que venía a decir que en la cocina occidental la creación de un plato se consideraba acabada si ya no se podían añadir más cosas mientras que en la cocina nipona lo era si ya no se podía quitar nada. Aunque muy esquemática me pareció una sentencia reveladora. Quizás nos estamos desplazando un poco hacia sus planteamientos.

Un restaurante absolutamente recomendable donde comer realmente bien en un marco muy acogedor y atendidos por un personal muy profesional. Desentona claramente que el tapizado de las sillas y sofás esté rasgado o directamente roto en los bordes, es algo muy extraño en un local de este nivel.


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Restaurante El Refugio

He llegado a la conclusión de que las opiniones que vierten los internautas en las principales plataformas de búsqueda y reserva de restaurantes sirven de relativamente poco a la hora de hacerse una idea clara de si nos merece o no la pena ir a visitar un determinado establecimiento. Este restaurante del que nos disponemos a hablar es un caso palmario, después de leer bastantes opiniones laudatorias, con descripciones bastante detalladas y ver algunas fotos que definitivamente daban el pego nos decidimos a probar las bondades de su corta pero sugerente carta. Advierto de que es muy posible que no recuerde de forma completa los grandilocuentes nombres de los platos. La cena empezó con el Milhojas de patata confitada con bacalao ahumado y mango.






Cinco capas, arriba y abajo, duras láminas de mango extremadamente inmaduro, con textura de madera, en situación intermedia patatas pochadas en aceite y en el medio bacalao ahumado, coronando el milhojas unos daditos de tomate concassé. Sin aliño ni algo que le diese una cierta chispa, por supuesto no me vale la estomagante reducción de PX, la cosa quedaba francamente átona, sin integración alguna entre los ingredientes. Recuerdo que en ese momento comenté que un aliño con lima y cilantro al estilo de un ceviche le habría ido francamente bien, cuando llegó el ceviche propiamente dicho, al estilo de la casa, me alegré de que no hubiesen intentado hacer nada parecido con el milhojas. Un plato mediocre.

Continuamos con la Tosta de sardina marinada en soja con tomate confitado y cebolla roja.




Indudablemente lo mejor de la cena, la tosta en realidad parecía una masa de coca con orégano, el tomate confitado estaba riquísimo y la sardina resultaba mucho más equilibrada de sal que las tradicionales sardinas ahumadas o en salazón. Un bocado sabroso y apetitoso, seguro que lo haré en casa.

Por algún extraño motivo que no fue aclarado el plato principal llegó antes que el último entrante. Atún rojo con arroz salvaje, salsa de miso blanco y jalapeños.




Asombro mayúsculo frente a la presentación del atún como un taco monumental de forma casi cúbica, algo nunca visto. Al atacar el atún por desgracia se confirmaron mis sospechas, casi imposible cortarlo con el cuchillo, por cierto completamente inadecuado, exterior e interior reseco y de una textura en boca estropajosa. La salsa de miso estaba muy buena y el arroz picante, aunque un poco salado, habría lucido más en otro contexto. Un plato terriblemente frustrante, con un producto mediocre y además tratado de forma manifiestamente errónea.

Y para rematar el Ceviche de pulpo, mejillones y langostinos con leche de tigre, granada y no recuerdo que más ponía.



 
Cuando nos escandalizamos al ver como en otros países venden "paella valenciana" con salchichas, chorizo y cosas así deberíamos reflexionar sobre como se maltrata en nuestro país platos emblemáticos que merecen el mismo respeto. La verdad es que este plato no hay por donde cogerlo, publicaremos un receta de auténtica leche de tigre porque esta leche de coco con cayena molida y trocitos de pepino no guarda ni el más lejano parecido. Comprar langostinos cocidos, pelarlos y echarlos al "ceviche" es algo que va contra la esencia misma de este plato que es el marinar los pescados crudos con jugo de cítricos del que por cierto no había noticia. Una broma de mal gusto y una falta de respeto al nombre de este plato que me es tan querido.
La creatividad no consiste en inventar cosas nuevas sino en que ésta sean coherentes, estén buenas y mejoren lo tradicional, de lo contrario todos seriamos genios de la creación.

Como postre sólo se nos ofreció una opción, parece que el resto se habían agotado, y puesto que llevaba queso Idiazábal pensé que ya habíamos tenido suficiente dosis de genialidades.

Un local prescindible, extremadamente sobrevalorado.




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Mejores restaurantes del año 2015

Nunca he sido muy partidario de las clasificaciones y los premios, sobretodo en gastronomía, por diversos motivos. Uno de ellos es la subjetividad inherente a todo criterio que se base en las opiniones de las personas, otro es que el objetivo de un cocinero o restaurante debería ser buscar la excelencia con su propia filosofía y su forma de entender la cocina y no atendiendo a cómo los que escribimos sobre el tema los situamos en relación a sus colegas. Sin embargo, no podemos obviar el hecho de que vivimos en un sistema competitivo y la gastronomía no es una excepción. Además han sido muchos los lectores que me han pedido una lista de los restaurantes que yo considero los más interesantes para salir a comer o cenar en Valencia lo cual finalmente me ha hecho decidirme por publicarla. Quiero aclarar un par de cosas, esto no es en modo alguno una lista de los mejores restaurantes de Valencia sino de aquellos que he tenido la posibilidad de visitar, como se suele decir, no están todos los que son pero son todos los que están. Por otra parte ésta clasificación se basa exclusivamente en las opiniones de Los Fogones de Pistachulín que no recibe financiación externa de ningún tipo (aprovecho para decir que si hay algún patrocinador interesado no dude en ponerse en contacto conmigo...) y que por lo tanto somos completamente independendientes. Este blog es una afición o pasión a la que dedico tiempo, esfuerzo y dinero. Así como en algunas de las posiciones no he tenido ninguna duda en otras me ha costado bastante decidirme pero al final hay que elegir. Sin más preámbulos aquí presento la lista de los cinco mejores restaurantes de Valencia en 2015 según éste blog, en la primera edición de estos galardones. Enhorabuena a todos los premiados.


1 - Origen clandestino


Para mi sin duda la novedad gastronómica más importante en Valencia durante éste año, aunque otras hayan tenido mayor repercusión mediática. La cocina de Junior Franco es una sucesión de aciertos incontestables, plato tras plato nos sorprende con sabores y combinaciones tan sorprendentes como acertadas y elaboraciones de una técnica siempre impecable. Un chef inquieto y en constaste evolución que volará muy, muy alto...y que por cierto, lo señalo porque no es muy habitual, te explica en persona y con pelos y señales como elabora cada plato.



Enlace al segundo artículo sobre origen clandestino

2 - Vuelve Carolina


Quique Dacosta y su equipo han sabido darle un enfoque acertadísimo a este restaurante de cocina informal y asequible donde aprovechan el enorme bagaje de años de investigación y alta cocina adaptándolo a un formato donde podemos disfrutar a buen precio de una cocina de calidad, divertida y totalmente fiable. Su carta se actualiza con frecuencia manteniendo siempre la calidad, lo que hace que en cada visita puedas probar cosas nuevas y deliciosas. Vuelve Carolina es sinónimo de comer o cenar bien en diez de cada diez veces que vayáis.



3 - Ginebre


Ginebre es para mi posiblemente el restaurante con la mejor relación calidad precio de Valencia, en mis tres visitas he podido disfrutar de una considerable cantidad y variedad de platos siempre elaborados con delicadeza y maestría, una cocina creativa pero nada pretenciosa, donde el buen criterio y la sensatez se concilian perfectamente con la erudición y el cosmopolitismo que siempre están presentes en su carta. En lo personal para mi ha sido siempre muy gratificante charlar con Javier Puchades de sus platos ya que acepta y agradece tus opiniones aunque expreses alguna discrepancia, lo cual es bastante significativo del constante esfuerzo de mejora de este restaurante en busca de la satisfacción de sus clientes. Hay noches que sueño con su ensaladilla rusa, es una locura...




Enlace a The Big Six Challenge

4 - Seu Xerea


El proyecto de Stephen Anderson en Valencia está ya más que consolidado, tanto es así que éste mismo año ha abierto su nuevo restaurante Ma Khin. La cocina de Seu Xerea es de bocados cortos, sutiles y delicados, con multitud de influencias, sobretodo asiáticas. Su postre de zanahoria, coco, jenjibre y lima posiblemente ha sido el mejor que he tomado en todo el año.




5 - La Cepa Vieja


Este es uno de los restaurantes en los que yo haya estado donde más se mima la calidad de la materia prima, que en bastantes casos es de cultivo propio, ecológico al 100% y os aseguro que se nota. Su cocina es de corte tradicional pero con técnicas y presentaciones actualizadas y sus platos están pensados para dar el mayor protagonismo posible al excelente producto, sin enmascararlo. Cocina sensata y honesta donde la bodega, tal y como puede deducirse por el nombre del restaurante, juega un papel importante, cuentan con buenas referencias y con conocimientos para asesorarte correctamente con el maridaje.





Aunque no estén entre los cinco primeros quiero destacar a restaurantes como Diblu y Tonyina que han estado muy cerca de colarse en la lista. Si no pasa nada extraño volveremos a vernos en 2016. Estamos preparando un pequeño obsequio conmemorativo para el primer clasificado,  nos hubiese gustado entregar algo a los cinco pero no nos llegaba el presupuesto. Esperamos que el 2016 sea tan prolijo como el 2015 en publicaciones, seguiremos cocinando, visitando restaurantes, viajando y en definitiva hablando sobre el fascinante y complicado mundo de la gastronomía.







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Habitual

No se que ideas e intenciones albergaba Ricard Camarena para su restaurante Habitual, el último que ha abierto, hace apenas un par de meses, el cocinero valenciano, pero lo cierto es que tras una serie de esloganes como "comida confortable", "sabores mediterráneos" y "de la huerta a la mesa" nos hemos encontrado con un batiburrillo incoherente de platos pesados y sin gracia completamente impropio de un cocinero de su prestigio y categoría. Después de nuestro paso hace unos meses por Canalla Bistró, su hermano mayor, donde encontramos en el menú degustación una calidad media bastante buena, aún nos resulta más incomprensible éste desaguisado. No se el nivel de supervisión que tendrá Ricard de su último vástago pero creemos que debería reconsiderar su planteamiento, el tiempo dirá si, pasado el efecto del interés inicial que siempre despierta la apertura de un restaurante, el negocio se consolida o no. Paso a enumerar y comentar los platos o tapas que conformaban el menú para compartir, comenzando por la mozarella rellena de esgarraet con alioli gratinado.



La insipidez característica de la mozarella no quedaba demasiado alterada ni por el relleno de pimiento rojo, berenjena y capellán ni por el alioli, con la mínima expresión de ajo. No está malo, tampoco puede estarlo por lo ingredientes que llevaba, pero es un bocado que a mi no me dice absolutamente nada.

La ensalada de zanahoria, aguacate y yogur



sólo difiere de una ensalada que preparamos en casa en cinco minutos cuando llegamos tarde del trabajo en que la zanahoria está asada, es sin duda lo que mejor está. Ni siquiera el aliño tiene algo de chispa, es yogur sin más, se le podría haber puesto un poco de lima, de mostaza, no sé, algo...

La rillette de atún de almadraba es sin duda lo que mejor estaba de toda la cena aunque pecaba de un ligero exceso de sal, algo que podemos aplicar a casi todos los platos y que en algunos casos pasaba de ligero con el consiguiente incremento de la sed y de la necesidad de ingerir líquidos. La salsa tártara que la acompañaba no pasaba de ser una mahonesa con algún pepinillo triturado.



En cuanto al paté de campaña, que son esos dos trozos que podéis ver a la derecha de la foto, no se muy bien con que partes del cerdo estará hecho pero me recordaba a una butifarra blanca y no me gustó nada, apenas lo probé.

El brócoli en tempura con sardina ahumada y almendras fritas seguramente fue de lo mejor



muy agradable el toque crujiente del brocoli, verdura que me encanta, en buena armonía con el resto de ingredientes.

Las empanadillas fritas de habitas y blanquet


las habitas estaban prácticamente trituradas, no sabría decir por qué y el blanquet era prácticamente imperceptible. Saladas en exceso y pesadas, con demasiada grasa entre el relleno y la fritura de la masa.

El steak tartar aliñado como un vitello tonnato



bastante pasable, con un poco de mayonesa, trocitos de anchoa, pepinillo, etc...aunque la carne estaba sazonada en exceso lo que unido a las anchoas producía un resultado salado en demasía. Nunca he entendido porque hay quien asocia el vitello tonnato a las anchoas cuando tonnato viene de tonno, atún en italiano.

Como ultimo plato salado, no es una ironía, la costilla glaseada con jugo de tomillo limonero y miel


que venía con un poco de puré de patata. La idea del plato, muy clásico por cierto, es buena, pero la realización del mismo arroja un resultado bastante mediocre donde se percibe poco más que el sabor de la carne, algo seca por cierto.

El postre, del que olvidé hacer foto, consistió en un Brioche asado y empapado con biscuit glacé de leche merengada. El nombre suena bien pero el resultado es poco más que una especie de mazacote de torrija pesada y basta.

En fin, me gustaría poder decir otra cosa pero lo cierto es que fue una decepción sin paliativos. La aceptación que parece estar teniendo entre la crítica y el público en general es algo que me da que pensar y me provoca no poco asombro. Os puedo asegurar mi total independencia y que no tengo ningún tipo de animadversión hacia Ricard Camarena y su entorno, al contrario. Lo mejor es que lo comprobéis vosotros mismos, tengo gran interés en conocer vuestras opiniones.
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La Casa di Sophia

Hasta ahora no hemos hablado de un equipamiento de cocina que es uno de los últimos gritos en el mundo de la gastronomía profesional y que a su vez supone una vuelta a los orígenes, al mundo de los fogones sin gas ni electricidad. Estamos hablando del horno Josper, una combinación de parrilla y horno de brasas que tiene como principal objetivo proporcionar un sabor ahumado, a brasas, a todo lo que se cocine en su interior. Como veremos más adelante el Josper es uno de los pilares en los que se basa la cocina de la Casa di Sophia, un restaurante al que para llegar de noche hay que atravesar un par de calles siniestras, al menos por el camino que yo tomé, pero que una vez dentro sorprende por su elegante comedor, con decoración un tanto "vintage" y al mismo tiempo moderna, si la contradicción es admisible, y que junto con la iluminación y el hilo musical crean una atmósfera acogedora y relajante. La carta es bastante escueta lo que simplifica bastante la elección. En primer lugar llegaron unos Mejillones al carbón:




Con muy poco margen de error, mantequilla, vino blanco, ajo, laurel, pimentón y pimienta. Cuando la camarera me preguntó que me parecía le contesté que no notaba el "carbón" por ningún lado, ningún toque ahumado, la verdad. Tras regresar de la cocina los argumentos sonaban un tanto prefabricados, "reconociendo" que mi afirmación era cierta y que el motivo era probablemente que se habían sacado prematuramente de las brasas. Dos cuestiones, la primera: ¿cómo es posible saberlo si no quedaba ningún mejillón? No creo que alguien pruebe el caldo en el que otros han metido los dedos, ¿o si? y la segunda, si los mejillones ya estaban abiertos y se dejan más tiempo pues se habrían pasado y habrían quedado duros. En fin, no me cuadra, sobretodo no me cuadra cobrar catorce euros por un producto con un precio de mercado tan bajo, no estamos en Bélgica...

El siguiente plato fue un Tataki de pez mantequilla



Creo que hasta la fecha sólo había probado el pez mantequilla en nigiris y sashimi y este tataki me pareció realmente fantástico, pescado tierno (de ahí su nombre), fresco y delicioso, muy bien cortado y magníficamente acompañado de trocitos de mango, una mayonesa con toques de sésamo, quizás de jenjibre y una salsita picante de color rojo de la que la camarera me dijo el nombre pero no lo recuerdo ahora mismo. Sólo por este tataki merece la pena venir a cenar aquí.

El sabor a brasa que no tenían los mejillones no le faltaba a éste plato de Pulpo a la brasa


Delicioso el pulpo con el sabor de la brasita y deliciosa la patata, tierna por dentro como una tortilla jugosa y socarrada por fuera, con una capa crujiente de lo más apetitosa. Menos convincente la suave crema de queso que podría haber redondeado el plato con un sabor un poco más acentuado a queso curado que el plato habría aceptado perfectamente, aunque reconozco que esto puede ser opinable.

En el apartado de postres desigual nivel, el personal de sala recomendó muy enfáticamente la sopa de chocolate blanco con frutas pero los postres que se probaron fueron la Tarta de chocolate y zanahoria con espuma de mascarpone.


Me gustó mucho el bizcocho, húmedo y con una textura y sabor excelentes, nada empalagoso y bien acompañado con la espuma de mascarpone, claramente identificable como tal.

Peor impresión sin duda causó el Soufflé líquido de chocolate



Es cierto que el nombre del postre es soufflé líquido pero yo esperaba algo tipo Coulant con un interior líquido y un exterior abizcochado, nada de eso, completamente líquido, recordaba a la mezcla para un bizcocho de chocolate antes de meterla en el horno, por cierto los niños se vuelven locos repelando el bol de la mezcla con la lengua...para mi un postre incomprensible.

Una cena desigual con bastantes lagunas, quizás en una segunda se podría pedir con más acierto. A quien vaya recomiendo pedir las delicias de patata, las vi en otras mesas y lamenté no haberlas elegido ya que el aspecto era incitador. Me quedo sin duda con el memorable tataki.



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Causa limeña con mejillones

Para preparar esta popular receta peruana se suele emplear papa amarilla, en su defecto podemos usar patata blanca o gallega. Lo que si es imprescindible es el ají amarillo, puede resultar complicado encontrarlo fresco pero podemos usar pasta de ají amarillo envasada que en este caso nos va a dar un resultado perfecto. La causa admite diversos rellenos, siendo el pollo y el atún dos de los más habituales, yo he querido probar a rellenarla con mejillones (en Perú choros) para hacer una variante divertida de este sabroso y contundente plato. El resto de los ingredientes creo que son más o menos ortodoxos aunque por supuesto hay muchísimas variantes como suele suceder con las recetas tradicionales.




Ingredientes

- 5 patatas blancas
- 1 kg de mejillones
- Pasta de ají amarillo
- 2 huevos
- 1 aguacate
- 1 cebolla roja
- 4 limas
- Pimienta negra
- Cilantro
- Aceite de oliva virgen extra
- Aceite de oliva suave o aceite de girasol
- Aceitunas negras

Elaboración

En un olla ponemos las patatas, sin pelar, a hervir en abundante agua sin sal y en otra olla con tapa cocinamos los mejillones al vapor. El cocer las patatas con la piel ayuda a que absorban menos agua y a que preserven mejor el sabor. Cuando los mejillones se abran retiramos de sus valvas y los ponemos en un cuenco con un poco de jugo de lima. Picamos la cebolla fina y ponemos en otro cuenco con un poco de sal y más jugo de lima. Hacemos una mayonesa espesa con el aceite suave, un huevo, una pizca de sal y un poco de lima. Ahora tenemos que escurrir bien tanto los mejillones como la cebolla para que al mezclar con la mayonesa ésta no pierda densidad y el relleno quede compacto, lo podemos hacer con un paño de cocina limpio. Picamos los mejillones, los mezclamos con la cebolla, la mayonesa, un poco de cilantro picado y una cucharadita de pasta de aji y ya tenemos el relleno listo.
Cuando las patatas estén blandas las retiramos del fuego y las pelamos. La textura de la patata es un aspecto crucial en la causa por lo que no se os ocurra usar una batidora o picadora, para mi lo ideal es un pasapurés, es lo que nos da la textura idónea. Una vez que hayamos pasado la patata por el pasapurés añadimos aproximadamente dos cucharadas soperas de pasta de ají, un poco de pimienta negra recien molida, un chorrito de aceite de oliva virgen y sal al gusto. Ahora procedemos a amasar la patata con las manos, por supuesto bien limpias, hasta que todos los ingredientes se integren perfectamente, tras lo cual añadimos jugo de lima hasta que quede con un toque ácido leve pero claramente perceptible.
Ya lo tenemos todo listo para montar el plato, con un aro de emplatar, que podemos pintar con aceite por la cara interior para facilitar el desmoldado, ponemos una base de patata, aplastamos un poco y ponemos una capa de tiras finas de aguacate (palta), ponemos otra capa fina de patata y sobre esta el relleno, una capa más de patata y finalmente una capa de mayonesa. Podemos decorar con aceitunas negras, huevo duro rallado, un poco de aguacate y cilantro picado. También podríamos haber reservado un mejillón entero para la decoración pero lo pensé tarde, un poco de pimiento rojo picado muy fino, lo que os apetezca.

Ya solo queda degustar este rica causa, la textura suave, casi de mantequilla blanda de la papa amasada, la bravura del picante ají, el crujiente de la cebolla, la untuosidad de la mayonesa y la palta, la acidez de la lima, el frescor del cilantro, el sabor marino de los mejillones, lo tiene practicamente todo para estimular las papilas gustativas. Un claro ejemplo de como con ingredientes humildes se pueden conseguir grandes cosas.
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Vieiras a la gallega

No estaba planeado pero mientras hacía la compra he visto estas vieiras y no he podido resistirme a comprarlas y hacer algo con ellas. Venían de Chile, estaban a buen precio, teniendo en cuenta que suele ser un producto bastante caro y a pesar de ser de menor calibre que las vieiras gallegas son igualmente sabrosas como pude comprobar más tarde.


La elaboración que voy a realizar es sin lugar a dudas la forma más popular de comer las vieiras en nuestro país, tanto es así que cuando otros bivalvos como mejillones, zamburiñas, etc, se preparan de la misma manera se suele decir que son con "salsa de vieiras". Es una receta realmente muy sencilla pero que os animo a hacer puesto que os va a sorprender si aun no la habéis probado.

Ingredientes

- 5 Vieiras
- 1 diente de ajo
- 1 cebolla pequeña
- 4 tomates maduros
- 1 guindilla (opcional)
- Perejil
- 2 lonchas finas de jamón
- 1 copita de vino blanco
- Pan rallado
- Aceite de oliva

Elaboración

Enjuagamos las vieiras con agua fría para eliminar la arenilla o suciedad que pudieran tener. Para la salsa, en una sartén pochamos el diente de ajo, la guindilla y la cebolla picada muy fina, cuando esté dorada añadimos el vino y reducimos a seco, añadimos los tomates rallados y el perejil picado y dejamos reducir hasta que el agua del tomate se evapore y la salsa quede espesa. Una vez que apaguemos el fuego añadimos el jamón picado lo más fino posible de forma que se integre perfectamente con la salsa, no añadáis sal pues con la del jamón es suficiente. Ahora es el momento de poner las vieiras con una de sus valvas en una fuente de horno y naparlas con la salsa



Acto seguido las cubrimos con pan rallado



El pan rallado cumple una doble función, por un lado proporciona una película protectora que impide que los jugos de la vieira y la salsa se evaporen y por otra una vez gratinado su textura crujiente le da al conjunto un sabor delicioso. Las metemos en el horno a 180º por espacio de unos ocho o diez minutos, dependerá del tamaño de las vieiras, tras los cuales ponemos el gratinador hasta que la superficie de las vieiras quede bien dorada y servimos



Es tan sencillo como parece pero con estas vieiras y una buena cerveza la felicidad está asegurada, al menos durante un rato. Que no te lo cuenten.

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Alejandro del Toro

Alejandro del Toro es uno de esos restaurantes donde al trato al cliente se le concede casi tanta importancia como a la oferta gastronómica. Lo cierto es que su protocolario servicio, su atención a los detalles y sus camareros de exquisitos modales nos recuerdan que el trabajo de sala es mucho más que llevar platos y bebidas de un sitio a otro. Empero el intervalo entre plato y plato se prolongó más de lo deseable y por lo tanto la duración total de la comida. El otro punto fuerte es la selección de la materia prima, que es siempre de muy buena calidad, lo que permite desarrollar una cocina de base tradicional, no exenta de toques creativos,  donde cada producto exprese lo mejor de si mismo sin artificios que enmascaren su sabor. Es una muy buena opción cuando se quiere disfrutar de una buena comida sin riesgos ni sobresaltos. El menú de mediodía más básico incluye tres entrantes para compartir, un arroz seco o meloso y un postre, además del aperitivo de bienvenida que en este caso fue un chupito de toffe de champiñones con espuma de tocineta ibérica

  

una crema muy sabrosa con intenso sabor a champiñón y perfumada con la espuma de tocineta, un traguito  muy agradable, un buen preámbulo a la comida.

El primer entrante fueron unas Gyozas rellenas de solomillo de ternera y acompañadas de dos salsas, una de mostaza y la otra de hummus.

 

Resulta curiosa, y muy estética,  la manera de cerrar las gyozas, con tres "picos" en lugar de la forma más habitual de pequeña empanadilla. Es interesante comparar las opiniones de otros comensales con la mía propia, así como alguno de ellos opinó que la masa estaba un poco dura, yo pienso que estaba perfecta ya que estos "dumplings" siempre ofrecen una textura algo tersa, lo cual hace que a algunas personas les cause cierto rechazo, no es éste mi caso. En cuanto al relleno, la carne esta jugosa y bien sazonada, con toques de romero. Me gustó más el acompañamiento de mostaza dulce que el de hummus, demasiado suave para mi gusto, con cierta falta de acidez.

A continuación un plato clásico y suculento, Alcachofas de Benicarló con jamón y huevos de caserío.



Aunque nos gustan los tan en boga huevos a baja temperatura, también apetece de vez en cuando disfrutar de un tradicional huevo frito. La gracia de este plato no es otra que la buena calidad de los ingredientes, magnificas alcachofas levemente rebozadas con harina y huevo, buen jamón e impecables huevos con dorada puntilla exterior y líquida yema. Un plato sin trampa ni cartón, para mojar pan y disfrutar.

Como ultimo entrante tenemos un Ravioli de dorada con bisqué de gamba rallada



El relleno no me convenció demasiado, una bechamel con sabor a pescado pero una textura algo harinosa en mi opinión. Por contra gustosísima la gamba rallada y la salsa americana, de una textura muy ligera y un sabor muy concentrado. Un buen bocado aunque como digo mejorable la textura del relleno.

En cuanto al arroz, que es una de las especialidades de la casa, perdí por goleada al inclinarme por el arroz  marinero con chipirones y ajos tiernos ya que la mayoría se decantó por el de secreto ibérico ahumado, en lo que afortunadamente no hubo discusión fue en la preferencia por al arroz seco frente al meloso. A expensas de como estuviese el otro no fue en absoluto una mala elección


Nunca había comido arroz con secreto y al menos éste estaba pleno de sabor, con el inconfundible toque ahumado que le da la carne, complementado con verduritas como los ajos tiernos, los champiñones y finas tiras de puerro frito y con el aroma a monte que le da el romero. A pesar de que uno de los comensales, de nacionalidad ultramarina y posiblemente acostumbrado a otros habitos y usos culinarios, expresó que el arroz estaba algo duro, en mi opinión el grano estaba en su punto óptimo de cocción.

Como postre nos sirvieron un Tocino de cielo con merengue italiano al limón


Aquí, por utilizar una expresión taurina, hubo división de opiniones. Algunos opinaron que el merengue estaba demasiado ácido pero yo no lo vi así. Parece lógico intentar compensar el dulzor siempre excesivo del tocino con un contrapunto ácido y refrescante y de este modo conseguir un todo armonioso, sin embargo el sabor empalagoso y la textura gomosa del tocino de cielo, sólo aptos para golosos empedernidos, siempre me han causado rechazo y tampoco me gustó esta vez aunque el mezclarlo con el merengue lo hacía tolerable. Por éste motivo no me parece un postre adecuado para un  menú en el que no lo puedes elegir.

Para ilustrar lo que os decía al principio del cuidado de los detalles fijaros que curioso diseño de la taza de café imitando un vaso de plastico medio chafado



En términos generales fue un almuerzo más que notable, una casa que hace tiempo que quería conocer y que no me ha defraudado en absoluto. Si queréis agasajar a un socio o socia, mujer o marido, novio o novia de gustos más o menos clásicos, o simplemente aficionado a la buena comida, es un opción para tener muy en cuenta.


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