Nozomi Sushi Bar

Si tuviese que definir en una palabra la experiencia de comer o cenar en Nozomi esta sería elegancia, si fuese en una frase sería "la elegancia de la sencillez". El local es realmente precioso, la madera de color claro, la iluminación y ese origami de "almendros en flor" crean una atmósfera de gran serenidad y comodidad. La comida es, en algunos momentos, de una sutileza que emociona, el producto, la técnica y la sensibilidad se dan la mano para conseguir unas piezas de sushi y sashimi memorables. El servicio y el trato al cliente son una prolongación de la cocina, coordinación milimétrica, control absoluto de los tempos y una atención exquisita. Todo fluye en Nozomi, todo sucede de una forma tan natural que parece fácil, aunque por supuesto no lo es. Si a esto le unimos que, para la calidad que ofrecen, el precio es realmente competitivo, especialmente el del menú degustación, no es de extrañar que sus mesas sean las más codiciadas de toda Valencia, deberéis reservar con una antelación considerable si queréis ir en fin de semana pero la espera os merecerá la pena con creces, sin ninguna duda.

Pasemos a comentar el menú degustación de anoche, que comienza con el único pase en el tenéis que realizar una elección, entre la sopa de miso o la ensalada de algas y pepino -sunomono-. Nos decidimos por la ensalada, que lleva alga wakame, pepino y un sashimi de lubina.


Hay gente a la que no le gusta el alga wakame por su textura, hay que reconocer que su masticación es trabajosa, a mi personalmente me gusta. La ensalada va aliñada de forma muy equilibrada con el típico aliño de soja, mirin, vinagre de arroz y sésamo, un comienzo muy ligero que nos prepara para los platos que están por salir.

Seguimos con el Tartar de salmón con aguacate y huevas de arenque


Salmón de muy buena calidad cortado en trozos medianos para apreciar su textura, las huevas de arenque y la salsa de soja, que se sirve ya en la mesa, le aportan intensidad de sabor. No obstante las cantidades están ajustadas para que el salmón siga siendo el gran protagonista, cualquier amante del salmón como yo a buen seguro que lo disfrutará.

El siguiente pase es uno de los más impactantes, sashimi de calamar, de vieira y de gamba.


Los tres mariscos deben ser extremadamente frescos para comerlos crudos, especialmente el calamar, que de lo contrario puede resultar un autentico chicle, yo por ejemplo para hacer ceviche lo escaldo unos segundos para cambiarle la textura. Este calamar tenía una textura esponjosa increíble y un sabor espectacular, y lo mismo podríamos decir de los otros dos bocados, untuosidad, sedosidad y mucho, mucho sabor. También muy buena el alga codium, que aporta un sabor yodado bastante pronunciado.

El usuzukuri de dorada con aceite de trufa estaba bueno


a pesar de que no me gusta este producto, el aceite de trufa -si la trufa-. No voy a entrar de nuevo en el eterno debate de los aceites de trufa naturales y sintéticos, no tengo porque desconfiar y no voy a hacerlo, simplemente es un aroma que para mi resulta demasiado agresivo.

Entramos en territorio nigiri, con tres pases que rozan la perfección, digo rozar por aquello de concebir la perfección como un ideal formalmente inalcanzable, no porque sugiera ninguna mejora. El primero es el de salmón flambeado con mayonesa japonesa y huevas de salmón.


Delicioso, lo tiene todo, el sabor del salmón, en este caso con el toque ahumado que le da el soplete, la jugosidad que aporta la mayonesa y el toque salino de las huevas. He de reconocer que no fui del todo un buen comensal, ya que la recomendación era comer los nigiris sin salsa de soja -cosa que hice- y con las manos -cosa que no hice-. Un puntito de rebeldía, jeje.

De los dos siguientes nigiris no tengo imagenes, en este tipo de menús muchas veces se producen descuidos así, no es sencillo estar todo el tiempo pendiente de sacar la foto, cuantos mas platos hay mas aumenta la probabilidad de olvidarse de alguno. De todas formas ya os digo que el de jurel -un pescado que me encanta- con aceite de humo -si, aceite con sabor ahumado- estaba sensacional, y lo mismo el de pez mantequilla con trufa -esta vez si con trufa picada-. Bocados intensos y al mismo tiempo delicados, cada uno de ellos un pequeño viaje al valhalla.

Los makis también son de gran nivel


Los de cangrejo con aguacate -cangrejo, no surimi- estaban muy buenos, tenia además algo crujiente dentro que no estoy seguro de lo que era, quizás cebolla frita. Y los de setas shitake, que por cierto creo es la primera vez que como sushi con shitake, mas suaves pero igualmente magníficos. El arroz del sushi, elemento de importancia vital, tenía un punto inmejorable, suelto, perfectamente cocido, y con la cantidad adecuada -que en mi opinión debe ser discreta- de vinagre y de azúcar. No hay cosa que mas odie en el sushi que un arroz pasado, dulzón o superácido.

Los temakis con piel de salmón frita y aguacate están buenos


aunque en mi opinión no tienen el mismo nivel que las piezas precedentes. Quizás les faltaría algo mas de pescado o un elemento que les aporte mayor sabor y frescor.

La cena termina, si así lo deseáis -para mi fue suficiente-, con un helado de te verde muy convincente


que os refrescará el paladar sin haceros olvidar las maravillas degustadas. En mi caso pasé del helado de té al té caliente -también verde- para terminar la velada.

Nozomi es un punto de peregrinación obligado para todos los amantes del sushi de Valencia y alrededores, que nunca defrauda las expectativas -de por si muy altas-, de todos los que, casi con reverencia, cruzan por primera vez sus puertas. ¡¡¡¡¡Banzai!!!!!


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A Contracorriente

La primera señal de alerta debería haber sido el número anormalmente elevado de opciones para un menú de mediodía a precio asequible -ya sabéis que por lo general desconfío de las cartas largas- la segunda el carácter heteróclito y sin demasiada ilación de la oferta gastronómica, donde podemos encontrar desde una titaina hasta unos noodles "estilo thai", complicado de entender el "concepto gastronómico". El menú cuesta 11,50 € e incluye primero, segundo, postre y una bebida, estos fueron nuestros primeros, empezando por el Tartar de atún con aguacate, que siempre está presente en todos los sitios donde no tienen muy claro que cocinar, ya que es un plato que cuenta con legiones de adeptos -todos lo pedimos, así que me incluyo-.


Ultimamente no necesito probar los platos para saber si me van a gustar, al menos si son platos que conozco bien, solo con verlos es suficiente. Parafraseando al torero de Ubrique, en dos palabras, "in-comestible", sobretodo por estar extremadamente dulce. Cuando se lo comuniqué al camarero me dijo que era por la salsa hoisin y la salsa perrins, que son dulces -y también saladas-, tengo que decir que le doy toda la razón, si le echas a algo una cantidad excesiva de condimentos o salsas dulces...pues está muy dulce, son matemáticas. Cuando se dispone de un género de una calidad ínfima a veces se intenta enmascarar aliñándolo hasta que casi desaparece. Si le quitas el atún el tartar, apuesto a que sabría exactamente igual, o casi.

Como sustitución vinieron estas croquetas de "rabo de toro", que se podían comer pero estaban muy lejos de ser unas buenas croquetas


Un tanto requemadas -excesivamente fritas-, con exceso de aceite y con una superficie irregular, como con cráteres. La bechamel no sabía mal, a carne de ternera indeterminada, no habríamos sospechado que eran de rabo, si es que lo eran.

En los segundos ya hubo mas variedad, ninguno pedimos lo mismo. Empiezo hablando de lo mío, los noodles estilo thai


No están malos pero la verdad es que tienen poca gracia, y de nuevo nos encontramos con el abuso de las salsas dulces -no sabría precisar exactamente cual, quizás kechap manis, o sea salsa de soja dulce- no tan exagerado como en el caso del tartar pero que hace que resulte empalagoso. Por cierto nunca he visto unos noodles orientales servidos en un plato liso y rectangular, y para comer con tenedor.

Probé los otros platos, como este arroz negro "meloso" que en realidad estaba seco


pasado de cocción y sin sabor.

Los raviolis de alcachofa con gorgonzola y nueces no subían el nivel


terriblemente insípidos, no sabían absolutamente a nada.

Y con el Wok de salmón teriyaki y arroz salvaje -que no se porque se llama así porque no es un salteado-


volvemos al abuso del azúcar, en este caso en forma de salsa teriyaki -y quizás algo mas- a cascoporro. El salmón estaba completamente seco, lo cual si es malo en cualquier pescado, en el caso del salmón lo hace durillo de comer. Por cierto, que eso que hay debajo del arroz NO es arroz salvaje sino arroz integral, que no tiene nada que ver, ni siquiera se parecen.

Llegamos a los postres, donde destaca el Canutillo de mousse de chocolate.


quizás el postre con aspecto mas escatológico que haya visto en mi vida. Un cilindro de color marrón oscuro envuelto en algo parecido a un cannoli de color beige...sin duda poco atrayente, no creo que sea necesario entrar en detalles. Curiosamente el relleno, una mousse industrial de sabor estándar, se podía comer, mientras que la masa crujiente tenia un sabor desagradable.

El otro postre ya no lo quise probar, era un flan creo de café


servido al revés -parece que la parte superior presentaba problemas estéticos- y con un acompañamiento un tanto ingenuo.

Comida de corte industrial que visualmente representa exactamente el sabor que después te encuentras. Un papel muy duro para los camareros el tener que vender y defender esta comida indefendible. Una experiencia muy negativa de la que no puedo rescatar nada, en restaurantes como éste el mejor ingrediente es el olvido.
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Amarinder

Retomamos la crónica de los gastrojueves con este restaurante de comida de la India, ubicado en la avenida de Francia en un pequeño y moderno local en el que yo ya estuve hace unos años cuando acogía otro restaurante -del que no recuerdo el nombre-. La verdad es que ha costado mucho tiempo volver a decantarse por un restaurante de comida india después de la terrible experiencia en Shere Khan, pero hay que dar oportunidades a todos y que no paguen justos por pecadores, por fortuna en esta ocasión hemos comido bastante correctamente. La carta tiene la misma estructura básica que el resto de restaurantes de este tipo, entrantes donde encontramos patés, samosas, pakoras, verduras, etc, biryanis y arroces de acompañamiento, naan y panes similares, currys y platos hechos en el horno tandoori. Y por supuesto toda la comida es rica en especias y posee un punto picante de intensidad variable que conviene consultar para no llevarse un susto, sobretodo si no lo toleráis demasiado bien.

Creo que en todos los restaurantes indios en los que he estado el aperitivo de cortesía ha sido un pappadum -torta muy fina y crujiente que puede hacerse con diferentes tipos de harina- y alguna salsas para acompañarlo.


Personalmente nunca le he visto ningún interés y esta vez tampoco ha sido una excepción, el papadum estaba bastante insípido -a veces le ponen comino y tiene un poco más de gracia- y las salsas, una de ella era dulzona -con mango probablemente- y la otra más aromática, con hierbabuena y especias que recordaban a algunas salsas para caracoles.

Como entrante pedimos unos Mejillones masala


con salsa de tomate especiada, que no estaban mal pero con un punto dulce innecesario y excesivamente acusado que a mi personalmente no me gusta.

Como platos pricipales, a la izquierda podéis ver el Pollo Jalfrezi y a la izquierda los pinchos de cordero marinado asados en el tandoori. 


y como acompañamientos Arroz basmati y Naan -un pan plano muy típico de la India-.



El Jalfrezi suele ser un curry muy picante, así que pedimos que picara pero sin pasarse. Estaba sabroso, fuertemente especiado y picaba de forma razonable, la salsa se empujaba muy bien con el arroz basmati, que estaba muy bien de punto, del que por cierto nunca había visto unos granos tan largos. Recomendable.

El Cordero también tenía un potente sabor especiado pero estaba bueno, quizás un pelín seco aunque creo que al prepararlo de esta forma, picado y después hecho al horno en brochetas finas, es casi inevitable. Acompaña muy bien con el naan, del que puedes cortar trozos y hacer pequeños "bocadillos" con la carne. La salsa agridulce que acompañaba -más dulce que ácida- preferí evitarla.

En definitiva platos clásicos de la gastronomía india hechos de una forma muy tradicional, hasta donde yo conozco. Puede ser un buen sitio para que los neófitos se inicien sin llevarse sobresaltos. En cuanto al servicio -y esto es algo que ya se que digo a menudo- se echa en falta que el camarero te diga algo, al menos el nombre, del plato que te está sirviendo, en lugar de dejarlo sobre la mesa sin más.
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Chana Masala

Esta receta contiene tres elementos fundamentales en la gastronomía hindú, legumbres, especias y picante. Cada vez que voy a la tienda de productos hindúes y paquistaníes que tengo cerca de casa, me siento abrumado al recorrer un pasillo entero lleno de todo tipo de legumbres, bastantes de las cuales no soy capaz de identificar de forma precisa, con las especias me siento un poco más cómodo ya que  los nombres en inglés son más aclaratorios. El Chana Masala es un un curry vegano muy tradicional en la India, teniendo en cuenta que aproximadamente el 40% de la población de la india es vegetariana, no resulta extraño que haya muchisimas recetas vegetarianas o veganas. Se puede servir caldoso o casi seco -o seco por completo-, a mi me gusta que tenga una salsa líquida pero bastante concentrada y espesa. Generalmente se emplea una salsa concentrada de tomate -de bote-, yo voy a hacer una salsa casera, tal y como ya hemos hecho para otras recetas, utilizando tomates frescos y tomates secos. El Chana Masala se puede acompañar con arroz blanco o con naan, chapati o algún pan típico, de esta forma resulta más completo y sirve como plato único.




Ingredientes

Salsa de tomate concentrado

- 4 tomates rojos y maduros
- 4 tomates deshidratados
- Sal
- 1/2 cucharadita de azúcar
- Aceite

Chana Masala

- 250 gramos de garbanzos
- Una cebolla roja mediana
- 4 dientes de ajo
- Un trozo de jenjibre
- Salsa de tomate concentrado
- 1 cucharadita de semillas de cilantro molidas
- 1 cucharadita de comino
- 1 cucharadita de garam masala
- 1/2 cucharadita de chile rojo en polvo (al gusto, según lo picante que lo queráis)
- Una pizca de cúrcuma
- Pimienta negra
- Aceite de oliva (en la India probablemente se emplearía ghee)
- Hojas de cilantro
- Una lima (opcional)
- Sal


Elaboración

Salsa de tomate concentrado

Ponemos los tomates secos en remojo con agua caliente al menos media hora, después los trituramos con un poco del agua que hemos usado para rehidratarlos. En una sartén ponemos los tomates frescos rallados con un poco de aceite, añadimos la pasta de tomates secos, la cucharadita de azúcar y un poco de sal y dejamos reducir a fuego lento hasta que espese. Trituramos la salsa y la colamos para eliminar la piel de los tomates secos.

Chana Masala

Hervimos los garbanzos, remojados desde la víspera, en una olla a presión con agua y un poco de sal. El tiempo dependerá del tipo de garbanzo, del agua -si es más o menos dura- y de la olla, yo empleé garbanzo pedrosillano, que es de pequeño calibre, y tardó unos 45 minutos.
En una cazuela pochamos con un poco de aceite la cebolla picada fina y el ajo y el jenjibre rallados. Añadimos las especias, las tostamos un poco, y rápidamente añadimos la salsa de tomate, los garbanzos y agua de cocción hasta cubrirlos. Ahora hay que hervir a fuego moderado durante unos 15 minutos aproximadamente para que los sabores se integren. En el momento de servir podemos añadir un poco de lima, quizás no os guste a todos pero le da un toque refrescante que le va muy bien.
Servimos en un bol y espolvoreamos cilantro recién picado por encima.

Un plato sencillo de hacer que, aunque pueda resultar exótico, recuerda un poco a esos cocidos que sirven en algunos restaurantes madrileños donde los garbanzos se acompañan con un salsa de tomate, ajo y comino.
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Biryani de cordero

El Biryani es un plato de arroz muy popular en la India y Pakistán que, al igual que muchos de nuestros arroces, tiene un color amarillo, principalmente debido a la cúrcuma aunque también se utiliza algunas veces azafrán -nosotros emplearemos ambos-. Tiene infinidad de variantes pero consiste siempre en un guiso que se prepara de forma separada al arroz y que finalmente se une a este. El guiso se compone de verduras cocinadas con yogur y especias y puede llevar carne -pollo, ternera, cordero, conejo, etc- o pescado, sobretodo langostinos. Nosotros lo vamos a hacer con cuello de cordero, una parte muy sabrosa y que tarda poco en cocinarse, pero podéis usar pierna o cualquier otro corte del cordero -o de otra carne-. Para el guiso y para la cocción del arroz vamos a utilizar una infusión de especias que nos va a dar, además de color, un aroma impresionante al plato.




Ingredientes

Para la infusión de especias

- 1 litro de agua
- 1 cucharadita de pimienta de Sitchuan en grano
- 1 cucharadita de pimienta de rosa
- 2 clavos
- 1/2 cuchradita de semillas de cardamomo
- 1/2 cuchradita de semillas de cilantro
- 1 ramita de canela
- Unas hebras de azafrán tostado


Para el guiso de cordero

- 1/2 kg de cuello de cordero
- 1 cebolla
- 1 puerro
- 1 manojo de ajos tiernos
- 2 dientes de ajo
- 1 trocito de jenjibre
- 3 tomates maduros
- 1 yogur griego
- 1 cucharadita de garam masala
- 1/2 cucharadita de chile rojo en polvo
- Una pizca de cúrcuma
- Infusión de especias
- Sal
- Aceite de oliva


Para el arroz

- 300 gramos de arroz basmati
- Infusión de especias
- Sal


Para el Biryani de cordero

- Guiso de cordero
- Arroz
- Pasas remojadas en vino dulce -Jerez, Pedro Ximenez, etc-.
- Anacardos -o almendras-.
- Perejil
- Menta
- Cilantro


Elaboración

Infusión de especias

Tostamos un poco las especias en una sartén sin aceite, esto potenciará sus aromas. Llevamos el agua a ebullición, apagamos el fuego, introducimos las especias y dejamos que se infusionen.


Guiso de cordero

Cortamos el cuello de cordero en trozos medianos, desechando el hueso y el exceso de grasa. Con el hueso podéis hacer un fondo para alguna receta de carne. Doramos la carne en una cazuela con un poquito de aceite de oliva -en la India y Pakistán seguramente se emplearía ghee- y la retiramos. En la misma cazuela pochamos la cebolla, el puerro y los ajos tiernos, todo picado finamente. Doramos también los ajos y el jenjibre rallados, el garam masala, la cúrcuma y el chile en polvo. Añadimos el tomate rallado, dejamos que reduzca e incorporamos a la cazuela el yogur, el cordero y parte de la infusión de especias. Cocemos a fuego medio con la cazuela tapada durante unos 25 minutos.


Arroz

Enjuagamos el arroz con agua fría para eliminar parte del almidón y hervimos a fuego suave en una cazuela tapada con el mismo volumen de infusión de especias que de arroz.


Acabado y presentación

Mezclamos bien el arroz con el guiso de cordero, unos cuantos anacardos -que habremos tostado previamente en el horno-, hierbas recién picadas y un puñado de pasas escurridas. Servimos en platos y añadimos por encima más anacardos, pasas y hierbas.
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Sucar

El nuevo proyecto de Vicente Patiño -el restaurante lleva sólo unos pocos meses abierto-, chef de Saiti, tiene como principal eje intentar recuperar, que no reinterpretar, las recetas de la cocina tradicional española, y sobretodo valenciana, todo ello desde el prisma y con el toque del cocinero de Xativa. El restaurante se encuentra anexo a su hermano mayor Saiti y ocupa el local que anteriormente correspondía a Morgado, cerrado tras la jubilación de sus propietarios y gestores. Nuestra primera toma de contacto con Sucar ha sido algo extraña y no todo lo feliz que se presumía, por diferentes motivos. La sensación es que nuestra decisión de optar por el menú Tradición -lo más parecido a un menú del día, tres entrantes, guiso del día y postre- no fue la más acertada, parece que lo pide poca gente o casi nadie ya que cuando se lo comunicamos al camarero se sintió sorprendido, un poco desorientado -no tenía claro que hubiese guiso del día ese día- y posiblemente contrariado, a pesar de que no lo dejó traslucir. Existen dos menús más, el menú Terreta y el menú Brasas, si no recuerdo mal, además de la carta por supuesto. La atención es amable pero el servicio es muy lento, no es un restaurante muy grande -conté creo nueve mesas- y no estaba lleno pero nos costó dos horas poder finalizar la comida, sin pedir café y solicitando la cuenta de forma apresurada.

El primero de los entrantes fue un Esgarraet con capellanet a la brasa y aceitunas negras


Muy sabroso, se servía con unas finas tostadas crujientes.

Siguen unas alcachofas a la brasa con salsa romesco


que si te gustan las alcachofas, como es mi caso, nunca fallan. La gracia está en ir arrancando y mordiendo las hojas externas -como el que deshoja una margarita, aunque esta no solemos morderla- hasta llegar al tierno corazón, que ya nos comemos integramente.

Los Buñuelos de Bacalao también están ricos



Jugosos y con una proporción muy buena entre patata y bacalao, la patata no iba machacada sino en trocitos por lo que tiene una mordida muy interesante.

El guiso del día eran unas lentejas que la verdad es que tenían una pintaza



Tenían un olorcillo ahumado, seguramente habían dejado un poco de tiempo la cazuela sobre la parrilla para que captase el aroma de las brasas. Unas lentejas completísimas con diferentes carnes -pequeñas albóndigas, chistorra, etc, me pareció que llevaba tambien conejo- y verduras -cebolla, pimiento, alcachofa, zanahoria, etc-. Estaban buenas pero podían haber estado sensacionales de no haber sido por dos defectos. El primero de ellos venial, y es que las lentejas estaban demasiado cocidas, casi se deshacían, a mi me gustan con una textura más entera. El segundo fue mucho más grave, el exceso de sal, que me hizo beber algo más de dos litros de agua durante la tarde, una auténtica lástima.

El postre, una tarta de calabaza y chocolate


es bastante insulso en mi opinión, el sabor a calabaza es bastante lejano, y el chocolate de la parte superior parece una crema con alto contenido en mantequilla, como esas que encontrabamos en las bodas de hace veinte o treinta años, no sé como serán ahora porque ha pasado más o menos ese tiempo desde la última que fuí.

Como decía al principio, tengo la impresión de que es mejor pedir a la carta o decantarse por alguno de los otros menús, ya que en algunas de las otras mesas veías cosas que tenían un aspecto muy estimulante.
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Minestrone alla genovese

La minestrone es una sopa de verduras típica de Italia y conocida en todo el mundo. No existe una receta estándar, ya que las verduras que se emplean dependen de la época del año y la parte de Italia donde se prepare, además de las preferencias del cocinero. Es muy habitual utilizar también panceta curada, nosotros no le vamos a poner pero en cambio vamos a potenciar el sabor de la sopa con un caldo de pollo y setas. Las setas secas -podéis utilizar las que tengáis, champiñones, shitake, boletus edulis, hongos, etc- le van dar intensidad al caldo y por lo tanto a la sopa. He elegido las verduras que, en mi opinión, mejor le van a la minestrone, pero por supuesto podéis prescindir de alguna o intercambiarla por otra. Para evitar la sobrecocción, algunas de las verduras las usaremos para el sofrito y otras las añadiremos cerca del final. Si la minestrone en si está muy buena, esta versión alla genovese está impresionante, el pesto le da a la sopa un sabor, una consistencia y una aroma increíbles. Si sois vegetarianos podéis hacer un caldo de verduras en lugar del caldo de pollo y si sois veganos podéis además ligar el pesto con un poco de miga de pan en lugar del queso, aunque lógicamente no quedará igual. Es un plato completísmo ya que lleva practicamente de todo, verduras, legumbres, cereales, frutos secos, lácteos, etc.




Ingredientes

Caldo de pollo y setas

- 4 carcasas de pollo (de corral si es posible)
- 3 litros de agua
- 1 cebolla
- 1 zanahoria
- 1 puerro
- 1 ramita de apio
- 1 ramillete de perejil con sus tallos
- 1/2 cucharada de pimienta negra en grano
- 50 gramos de setas secas (shitake, champiñones, boletus edulis, etc)
- 1 hoja de laurel


Pesto

- Un buen puñado de hojas de albahaca
- 50 gramos de piñones
- Queso parmesano al gusto
- Un diente de ajo
- Aceite de oliva virgen extra (aove)
- Pimienta negra


Alubias cocidas

- 100 gramos de alubias (las que tengáis, yo usé alubias blancas)
- 2 dientes de ajo con su piel
- Un chorrito de aove
- Sal


Minestrone

- 1 cebolla grande
- 1 puerro
- 1 zanahoria
- 1 ramita de apio
- 3 tomates maduros
- 3 dientes de ajo
- 1/2 calabacín
- Caldo de pollo y setas
- 100 gramos de calabaza
- 1 patata mediana (no le pongáis si vais a congelar parte de la minestrone)
- 100 gramos de judías verdes finas
- 100 gramos de brócoli
- 50 gramos de guisantes
- Alubias cocidas
- Tomillo
- Orégano
- Un poco de romero (opcional)
- 150 gramos de pasta pequeña
- Aove
- Sal
- Pimienta negra

Emplatado

- Minestrone
- Pesto
- Queso parmesano


Elaboración

Caldo de pollo y setas

Asamos las carcasas en el horno hasta que estén doradas, después las ponemos en una olla grande junto con el resto de ingredientes y hervimos a fuego medio durante una hora y media.


Pesto

Tostamos los piñones, en el horno o en una sartén con cuidado de que no se quemen, rallamos el queso y trituramos junto con el resto de ingredientes, añadiendo la cantidad necesaria de aceite para conseguir una textura untuosa.


Alubias cocidas

Dejamos las alubias en remojo desde la víspera, después las cocemos junto con el ajo, el aceite y  un poco de sal hasta que estén tiernas, en mi caso tardaron unos 40 minutos en olla a presión.


Minestrone

En una olla pochamos la cebolla, el puerro, los ajos y el apio, todo picado bien fino, y la zanahoria y el calabacín en daditos. Añadimos los tomates rallados y cuando haya evaporado el agua del tomate, añadimos el caldo y las hierbas bien picadas. Dejamos hervir 20 minutos con la olla tapada y entonces añadimos la calabaza, el brócoli, las judías verdes y la patata, hervimos de 8 a 10 minutos y entonces añadimos la pasta, las alubias y los guisantes y dejamos el tiempo necesario para que la pasta se cocine, que al ser pequeña serán 4 o 5 minutos -es importante que no se pase, aunque sea una sopa.


Emplatado

Servimos la minestrone en un plato hondo o en un cuenco con un par de cucharadas de pesto por encima y ,si queréis, un poco más de parmesano rallado. A la hora de comer, hay que mezclar bien el pesto con la sopa.
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Viva Mascaraque

Viva Mascaraque es un restaurante de tapas, de hecho su anterior denominación era "Viva Tapas Bar", que tiene poco o nada que ver con lo que nos podríamos esperar de un local de tapas en la zona más histórica y turística de Valencia, donde -que no se me ofenda nadie- hay más cantidad que calidad en lo que se refiere a restauración. El chef Jose Luis García Mascaraque y su equipo elevan el arte de la tapa a un nivel muy alto, con creaciones que conjugan un producto de primera, creatividad, técnica y elegancia. Combinaciones de ingredientes y sabores que se salen de lo previsible, ausencia de elementos superfluos -todo lo que hay en el plato aporta y tiene un sentido- y, esto es para mi muy importante, una cocina personal y sin complejos que no necesita recurrir a los platos de moda de la cocina internacional, que estamos cansados de ver en tantos sitios. Los que me leéis habitualmente sabéis que esto ocurre pocas veces pero lo cierto es que no tengo un solo pero que poner a ninguno de los platos que probé, fue una cena brillante y sin errores de principio a fin. Sin duda la mejor experiencia culinaria que he podido disfrutar en lo que va de 2018. La carta se divide en pequeños bocados para tomar en la barra y raciones para tomar en el interior, además hay un menú degustación muy atractivo -a compartir o individual- por 33 euros aunque yo preferí pedir a la carta en esta ocasión.
Comenzamos con estas Alcachofas torradas en la brasa con crema de berenjenas y queso de cabra.


Las alcachofas son una de mis debilidades, estas estaban deliciosas junto a una crema de berenjenas y queso de cabra, con un muy buen balance entre la cremosidad del queso -que no satura en absoluto el plato- y el sabor ahumado de la berenjena. El toque crujiente lo ponen unos trocitos de alga nori frita y el dulce un hilo de caramelo, si, no es una de esas reducciones de PX ni de vinagre balsámico que tan aborrecidas tengo.

El Pulpo con salsa de tomate, moras y remolacha


fue quizás el plato más sorprendente por el acompañamiento nada habitual del pulpo. Sabores dulces en absoluto invasivos que abrazan perfectamente a un pulpo aromatizado por las brasas. La untuosidad del tomate, la textura crocante de la remolacha, el aroma refrescante del sisho verde hacen de este un plato para recordar mucho tiempo.

Las Cocochas de bacalao con setas y huevas de arenque


estaban absolutamente de vicio. Sin duda el matrimonio entre el bacalao y las setas resulta siempre muy bien avenido, sus sabores se complementan y uno no se impone al otro, además hay setas que ayudan a la propia gelatina del pescado a ligar las salsas. En este caso si no me equivoco tenemos un pil pil ligero ligado magistralmente con las cocochas y las colmenillas. Las huevas aportan un punto de sapidez discretamente salino. Los bizcochitos de yema de huevo -a eso sabían al menos- , tremendamente esponjosos, podían comerse tal cual o, mejor aun , mojarse en la adictiva salsa.

Abanico de bellota con bimi y emulsión de mostaza


El abanico -esa parte que envuelve a las costillas por el interior rica en infiltración de grasa- puede suscitar la alarma en un primer momento cuando intentas cortarlo, sin embargo lo que ocurre es que el cuchillo apenas corta -sugiero cambiarlo por un cuchillo chuletero o de sierra- ya que la carne está tierna, jugosa y muy buena. La emulsión aporta la potencia de la mostaza pero adecuadamente dosificada y el bimi, esa verdura tan versátil que se puede hacer a la plancha o a la brasa sin cocción previa, acompaña muy bien. Y claro, a un abanico de bellota, ¿que mejor cosa podríamos ponerle que un maravilloso jamón de idem?

Ya sabéis lo poco goloso que soy, por eso me gustan los postres con frutas, con chocolate negro, con acidez...tuve suerte ya que estos postres tenían un poco de todo eso. En el Bocado tibio de chocolate, helado de té matcha y vainilla


encontramos varias texturas de chocolate, sabor intenso a cacao y un helado de té de los mejores que he probado, me fascina las posibilidades que el te matcha da en la cocina, y no solamente en los postres, algún día haremos algún plato con él.

La Tarta de limón con helado de vodka y hierbabuena


es un postre muy completo y de cierta complejidad, con dos cremas de limón, una más ácida que la otra, la "masa de la tarta", que es como una galleta crujiente, el helado -de nuevo excelente-, unos dados de gelatina -que creo que también llevaba vodka-, el aroma de la hierbabuena, en algún momento puede recordar a una de esas galletas rellenas de crema de limón pero claro, en una versión brutalmente mejorada.

Visto lo visto, seguramente acertaréis pidáis lo que pidáis. El servicio transcurre de forma fluida y la atención es buena. Sólo me resta decir un ¡Viva "Viva Mascaraque"!, que sea por muchos años y que lo disfrutemos.




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