Guisantes frescos con anguila

Esta receta se puede hacer también con guisantes congelados, pero si podéis conseguir unos guisantes frescos de temporada, obtendréis un plato de un sabor más delicado. Por buscar referencias, el plato popular que más se asemeja sería la sepia con guisantes aunque nuestra receta presenta algunas diferencias (aparte de la sustitución de un pescado por otro) respecto a la versiones más habituales de dicho plato.




Ingredientes (para 4 personas) 

- 750 gramos de guisantes frescos (pesados con su vaina)
- 2 anguilas pequeñas (o 1 mediana)
- 1 cebolla
- 2 dientes de ajo
- 2 tomates maduros
- 1 rebanada pequeña de pan
- 6 almendras crudas
- Azafrán
- Aceite de oliva virgen
- Sal

Elaboración

En una olla o cazuela ponemos un poco de aceite y sofreímos la cebolla y el ajo finamente picados. Añadimos el tomate rallado y dejamos que reduzca. Una vez hecho el sofrito añadimos agua y ponemos a cocer las anguilas troceadas. Mientras tanto tenemos tiempo para desgranar los guisantes y preparar la picada.
Para la picada freímos la rebanadita de pan y las almendras en aceite caliente y dejamos escurrir el pan sobre papel de cocina. Ponemos unas hebras de azafrán en un papel de aluminio, lo cerramos y lo ponemos sobre una sartén bien caliente. Unos segundos serán suficientes para que el azafrán se tueste y de esta forma se intensifique su aroma y su sabor. Después majamos en el mortero (o trituramos con una picadora) el pan, las almendras y el azafrán.
El tiempo de cocción de los guisantes dependerá del grosor de estos ya que, aun siendo frescos, los hay más y menos tiernos. Puesto que la anguila se tiene que cocer alrededor de 45 minutos, yo echaría los guisantes en el minuto 35 de cocción y si pasados 10 minutos no estuviesen tiernos cocemos un poco más.
Es importante que queden tiernos pero no demasiado hechos, de forma que conserven su textura, su forma y ese bonito color verde.
Cuando los guisantes estén listos añadimos la picada y meneamos la cazuela para que se integre bien con el resto del guiso. La salsa ha de quedar bien ligada.
Servimos en platos hondos o cuencos y a disfrutar.
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Spaghettis a la Rosi

Esta receta salió un poco por casualidad tratando de aprovechar lo que me quedaba en la nevera. El resultado me gustó mucho más de lo esperado y desde entonces es una de mis maneras favoritas de preparar la pasta, sobretodo cuando dispongo de poco tiempo. Es una receta rápida, sencilla y que utiliza ingredientes que casi todo el mundo tiene siempre en su nevera, a excepción del jenjibre que no obstante se puede comprar hoy en día en cualquier frutería. También es apta para vegetarianos (los estrictos tendrán que prescindir del parmesano).



Ingredientes (para 2 personas)

- 250 gramos de spaghettis
- 1 Pimiento verde italiano
- 1/2 cebolla roja (en su defecto 1 cebolla tierna o 1/2 cebolla normal)
- 2 tomates maduros
- 6 dientes de ajo
- 1 trozo pequeño de jenjibre fresco
- 3 guindillas pequeñas
- Queso parmesano
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal

Preparación

Ponemos a calentar el agua hasta que hierva y cocemos la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante. Mientras tanto picamos muy fina la cebolla y el pimiento verde y lo salteamos a fuego vivo en una sartén con un poco de aceite. Cortamos los ajos en láminas y los añadimos a la sartén junto con las guindillas. Pelamos el jenjibre, lo picamos fino y lo añadimos también a la sartén. Si no estáis seguros de si os gusta su sabor poned muy poquito. Podéis también rallarlo en lugar de picarlo para que deje su sabor pero no os encontréis trocitos al comer la pasta. Cortamos los tomates al estilo concasse, que consiste en pelarlos, quitarle las semillas (para eliminar gran parte del agua que contienen) y cortarlos en daditos. Lo salteamos a fuego fuerte y por poco tiempo junto con todo los demás de forma que no se deshaga y queden los daditos enteros.
Cuando la pasta esté lista la escurrimos y la volcamos sobre la sartén. Mezclamos bien todo.
Añadimos el parmesano rallado de forma generosa, volvemos a mezclar y servimos en los platos. Podéis poner en el ultimo momento un chorrito pequeño de aceite de oliva crudo sobre la pasta, siempre y cuando hayáis sido comedidos con el aceite previamente.

Os puedo asegurar que esta receta la he hecho en el tiempo que tardaba la pasta en cocerse. No se necesita más si sois medianamente hábiles con los cuchillos. Si no lo sois vale la pena que tardéis 5 minutos más a que os dejéis algún dedo por el camino...
Puesto que se trata de hacer un salteado rápido si tenéis un wok (no es mi caso de momento) os puede ir genial. Probadla y decidme que os ha parecido.
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La Gastronomía Toledana

La semana pasada estuve unos días en Toledo donde además de disfrutar del monumental legado histórico y cultural que la ciudad nos ofrece aproveche, como os podéis imaginar, para dar cumplida cuenta de los excelentes productos gastronómicos de la región

Perdiz a la toledana

Lugar destacadísimo ocupan las carnes de caza, tanto mayor como menor. Respecto a la primera nos encontramos con el jabalí y sobretodo con el omnipresente ciervo o venado, que se prepara en casi todos los restaurantes y bares. Lo hemos probado en prácticamente todas sus presentaciones: en filete, estofado, en cecina, picadillo... carne de sabor intenso y poca grasa, con aromas de monte. 
En cuanto a la caza menor destacan especialmente la perdiz y la liebre, siendo la primera el auténtico buque insignia de la gastronomía toledana y una de mis auténticas debilidades.
Las tres formas más tradicionales de prepararla son, a saber: judías con perdiz, perdiz escabechada y perdiz a la toledana (guisada a fuego lento con cebolla, ajo, zanahoria, laurel, pimienta y tomillo). Por su parte la liebre suele prepararse con arroz, generalmente caldoso.
Son muy típicas también las carcamusas, guisos hechos con magro de cerdo, tomate y guisantes, con algunas variaciones según donde se prepare.
Otro de los productos estrella es el queso manchego, elaborado con leche de oveja y que aunque se puede tomar sólo, se emplea también como ingrediente en multitud de platos. Aparte de los quesos más clásicos es posible encontrar también quesos con pimentón, con vino, hierbas aromáticas, especias, etc...
Platos tradicionales en toda La Mancha como por ejemplo el pisto, las migas de pan o de harina, el ajoarriero, el cuchifrito y los duelos y quebrantos también están lógicamente presentes en las mesas toledanas.
Y por último un producto que da a Toledo fama mundial, el mazapán. Este dulce que en su versión mas sencilla consta únicamente de dos ingredientes, almendra y azúcar, es elaborado con inigualable maestría en los obradores de la ciudad. Desde figuritas, empanadillas (mazapán con relleno de cabello de ángel), delicias (con yema de huevo), anguilas de mazapán, tartas de mazapán, etc...es posible encontrar prácticamente cualquier cosa que se os ocurra, como las esculturas hechas con mazapán que decoran algunos escaparates y que reproducen monumentos como por ejemplo la Puerta de la Bisagra o la fachada de la Iglesia de Santo Tomé.

Voy a hacer una breve crítica de los diferentes establecimientos en los que estuvimos, comentando sucintamente lo que comimos en cada uno de ellos

Almacén 51

El sitio más "de batalla" de los que estuvimos, que sin embargo goza de un emplazamiento privilegiado que le nutre de turistas desorientados y/o cansados...
El arroz de la paella de marisco estaba algo pasado y tenía un sospechoso sabor a "polvitos mágicos".
La merluza rebozada estaba correcta. Por el mismo precio se come bastante mejor en muchos sitios.


Trébol

Concurridísimo y animado local, donde se pueden degustar excelentes tapas y pulgas. Muy bueno el croquetón de gambas al ajillo, cremoso por dentro y crujiente por fuera, con gambas enteras dentro de la croqueta. Nutritiva y jugosa la pulga de filete de ciervo con salsa de setas. La carne estaba tierna y sabrosa. El tamaño de la pulga no tiene nada que ver con lo que se entiende por pulga por estos lares, es mucho más generoso. La ensaladilla rusa estaba bien conseguida, lástima que ya apenas nos quedase hambre cuando nos decidimos a atacarla.

Restaurante Plaza Mayor

Buena relación calidad-precio en este amplio y cómodo restaurante, ubicado junto a la Catedral, con un menú a 12 euros con bastantes opciones.
Las judías con almejas estaban bien guisadas, con un caldo bastante ligero pero al que no le faltaba sabor. Eché de menos alguna almeja más, conté 2 o 3 en todo el plato. El pescado a la plancha que nos pusieron bajo el nombre de mero estaba fresco, quizás hecho ligerísimamente de más. Está tan extendida la confusión entre el mero, el emperador y alguna especie más (siendo bastante diferentes) que siempre hay que dudar cuando te ofrecen mero. Es algo sobre lo que merece la pena hablar con más detalle en otro momento. Mi acompañante pidió unas migas de pan toledanas con pimientos y diferentes elementos porcinos, de las que disfrutó sin tapujos.


Gambrinus

Nunca me han gustado mucho las franquicias, por diferentes motivos. Sin embargo esta cerveceria resulta bastante aceptable. Las raciones son generosas, hay una buena selección de cervezas (hecho que algunos camareros desconocen ya que si les preguntas no te las dicen) y los precios no son excesivos, aunque quizás un poco más altos que en otros locales de similares características.
El pulpo a la gallega no estaba mal del todo aunque las patatas, cortadas en dados, no son ni mucho menos las idóneas para este plato. Tampoco la disposición un tanto irregular del pulpo y las patatas abarrotando el plato contribuyen a mejorar la experiencia gustativa.
Por contra ningún pero hay que ponerle al estofado de ciervo, tierno y con la cantidad justa de especias para resaltar el ya de por si potente sabor de la carne. Para rebañar una hogaza entera en la deliciosa salsa.

La Abadía

Es prácticamente imposible comer aquí si no se reserva de un día para otro. Se pueden tomar tapas en la planta superior pero comer en la planta baja, con los techos abovedados propios de un aljibe toledano, constituye toda una experiencia. Y la comida tiene un nivel inesperado en un menú de 11 euros. Me sirvieron una crema de calabaza con parmesano muy fina. Poco más espesa que una sopa, muy ligera y agradable de comer. De segundo pedí media dorada a la donostiarra con pisto. El refrito de ajos estaba ligero de vinagre, lo que se agradece para no enmascarar el sabor del pescado. Aunque no suelo tomar postre, sentía curiosidad por probar la sopa de almendras. Es un postre muy típico de Toledo que se hace mezclando leche con una especie de pasta de mazapán y aromatizándola con limón y canela. La textura líquida (de sopa) contrasta con otras más espesas que he tomado en el pasado, donde se añadía incluso un poco de miga de pan. Sin embargo no tengo el conocimiento necesario para decir cual es la versión más tradicional.
Mi acompañante optó por la ensalada de cuatro quesos con aliño de albahaca y el cabrito al horno. Probé el cabrito y literalmente se deshacía en la boca.
 

Lúpulo

Es una cervecería pequeña pero bastante coqueta, con una amplia selección de cervezas y con un ambiente familiar. Cuenta con una carta de tapas bastante amplia donde destacan los platos a base de patatas y carnes. Nos sirvieron una cecina de ciervo, en lonchas quizás mas gruesas de lo que yo esperaba, con un poco de aceite y bastante tomillo por encima. Puro sabor a monte.
Las patatas a lo pobre en este caso no llevaban huevo sino que estaban condimentadas con algunas especias. Demasiado saladas.


La Perdiz

Elegante y acogedor. Es uno de los restaurantes del célebre cocinero y empresario Adolfo Muñoz. La carta es amplísima y tiene practicamente de todo, aunque yo no necesité ni mirarla ya que mi obsesión era comerme una perdiz y pensé que llamándose así el restaurante no podía fallar. Fantástica la perdiz a la toledana, en su punto justo de cocción para que no quede dura y al mismo tiempo conserve su textura, con su salsa reducida y colada. Un auténtico manjar.
De postre pedí un sorbete de frambuesa que estaba sencillamente delicioso. Con una textura cremosa a pesar de no llevar nada de grasa. Algo impensable con la maquinaria y las técnicas de hace unos años.
Mi acompañante no tuvo reparos en enfrentarse a tres huevos rotos con patatas y picadillo de ciervo. El aspecto era realmente tentador.

Cafe del Fin

El sitio es bastante acogedor, aunque los asientos están tan mullidos que te hundes un poco. 
Las habas con jamón dejaban bastante que desear. Demasiado aceitosas y con un sabor ácido innegable, no se si porque las habas provenían de alguna conserva hecha con ácido cítrico o por algún otro motivo.
El aspecto positivo fue descubrir una mezcla que me encantó y que pienso explotar en el futuro, las berenjenas con salmorejo. Cortada en rodajas finas y frita, resultaba delicioso mojar la berenjena en el salmorejo.


Casi toda la cerveza que bebimos fue de la marca Domus, que se elabora de forma artesanal exclusivamente en Toledo y que tiene tres variedades: Domus Regia, tostada suave, Domus Summa, tostada fuerte de doble fermentacion y Domus Aurea, ceveza rubia muy afrutada y aromática. Todas ellas se embotellan sin filtrar por lo que los sedimentos aún hacen posible que fermente un poco más en botella.
Las tres son magníficas. No dejeis de probarlas.

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Restaurante Kiaora

Recientemente tuvo lugar en Valencia la 3ª edición de Valencia Cuina Oberta, tras el éxito rotundo de las dos anteriores.
Tras un sesudo análisis de los menús de los nada más y nada menos que 82 restaurantes que participaban en el evento nos decidimos por una apuesta de cocina creativa. El menú, con platos bastante técnicos y elaborados y materias primas un tanto exóticas despertó enseguida mi curiosidad. Acudimos pues con mucha expectación aunque también con el punto de recelo que se experimenta cuando se prueban cosas nuevas.
El decorado minimalista del comedor permite otorgar todo el protagonismo a la comida, lo cual es siempre un acierto. Si acaso diré que las sillas de enea, aunque armonizan perfectamente con la vocación ecológica del restaurante, son un pelín incómodas.

En primer lugar nos sirvieron una crema de calabaza con cabrales, crujiente de regaliz y taboulé de cus-cus y menta


La crema tenía una textura ligera y untuosa. El toque de cabrales era lo suficientemente suave como para no enmascarar el resto de sabores y las bolitas de sémola aportaban un contraste de textura muy agradable. No fui capaz sin embargo de percibir a nivel gustativo la presencia, demasiado sutil, del regaliz. Un excelente aperitivo.

A continuación nos sirvieron una ensalada de hojas y brotes variados con vinagreta de escaramujo y aceite de avellana texturizado


Las fresquísimas y crujientes hojas olían a jardín. Pocas cosas pueden oler y saber más a naturaleza. El aceite de avellana tenía una sorprendente textura en forma de polvo que al mezclar la ensalada se disolvía al humedecerse con la vinagreta. No fui capaz en este caso de identificar el sabor del escaramujo básicamente por no haber probado antes este fruto. El conjunto resultaba fragante, aromático y equilibrado.

El último entrante fue un huevo cocinado a baja temperatura sobre un nido crujiente de fideos de alubia, tierras de embutidos y espuma de jabugo y dátiles


 
Varias cosas llaman poderosamente la atención en este plato. Los fideos resultaban casi etéreos y eran tan crujientes y gasificados que al moverlos se oía un "susurro". La tierra de embutidos realmente consistía en "carne vegetal", es decir, elaborada a partir de soja texturizada y probablemente sometida a algún proceso de liofilización para conseguir esa textura. La espuma de jabugo y dátiles era deliciosa, si bien de un sabor impreciso, difícil de describir. La yema y la clara del huevo, poco cuajado, servía de salsa natural para poder entrelazar los diferentes sabores y texturas. Sugerente, ligero y exquisito.

El plato principal fue un arroz rojo de gamba rayada en dos texturas con agua de gambas, cebiche de langostinos y alioli de achiote


Se trata de una reinterpretación muy original e imaginativa del típico arroz a banda. El color rojo del arroz y del alioli se ha conseguido empleando achiote. Se trata de un fruto tropical cuyas semillas se emplean como un potente colorante natural.
El arroz inflado, que popularizó en su momento el Bulli como tantas otras técnicas utilizadas hoy en día de forma cotidiana en restaurantes de todo el mundo, simula el sabor del socarrat en un arroz tradicional. Es un juego divertido y francamente ingenioso. El jugo de gambas reducido reforzaba aun más el sabor a gambas del plato y el alioli resulta casi obligado cuando se hacen ciertos arroces de pescado en Valencia, vanguardistas o no. Riquísimo el ceviche con lima y cilantro. En cuanto al arroz en si, excelente y en el punto justo de cocción.

El postre fue un yogur de níspero autóctono con chips de cítricos y tostada de cacao. No me gustó y no lo acabé. Cierto es que no me entusiasma el yogur, pero prefiero otros que he probado de sabores más convencionales. No os puedo enseñar una foto puesto que me despisté y no la hice a tiempo. ¿Casualidad o acto fallido freudiano?

Una excelente comida y un excelente restaurante, absolutamente recomendable para los que les gusta probar cosas diferentes. Y para los que puedan pagarlo ya que fuera de promociones no resulta especialmente barato.
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Pisto con boquerones y vinagreta de pasas

Aunque se parece bastante a una coca, esta receta es más sencilla ya que no tenemos que hacer la masa y hornearla. En su lugar usaremos unas tortitas de maíz que podemos comprar ya preparadas. La idea la saqué de un libro de recetas de Juan Mari Arzak. Por otra parte la vinagreta de pasas se la vi hacer a Carme Ruscalleda en algún programa de televisión (no recuerdo cual). Este es un mecanismo que utilizo con frecuencia a la hora de intentar crear una receta, es decir, intentar ensamblar ideas y técnicas que he visto o leído por ahí y aplicarlas de la forma en la que creo que obtendré el resultado que persigo.
El objetivo de este plato era presentar cantidades de degustación de pisto con pescado azul de una forma ligera, original y atractiva. A juicio de mis invitados se consiguió. 


Ingredientes

- 1 cebolla
- 1 puerro
- 1 pimiento rojo
- 1 pimiento verde
- 1/2 calabacín
- 1/2 berenjena
- 1 trozo de calabaza (misma cantidad que de calabacín)
- 4 o 5 tomates maduros
- 2 dientes de ajo
- 4 boquerones
- 2 tortitas de maíz
- Pimienta negra molida
- Perejil
- Aceite de oliva virgen
- Vinagre de jerez
- Unas cuantas pasas
- Sal

Preparación

Boquerones
Le quitamos la cabeza, tripas y espinas a los boquerones de forma que nos queden unidos los dos filetes. Los lavamos bien, los secamos y los tapamos con papel film.
Tortitas
Cortamos unos rectángulos de tortita de aproximadamente el mismo tamaño que los boquerones.
Vinagreta de pasas
En una picadora trituramos las pasas con el aceite de oliva, un poco de vinagre, un poco de pimienta negra molida y un poco de sal. Introducimos la vinagreta en un biberón para salsas.
Pisto
Picamos en cubos pequeños todas las verduras para el pisto. Pochamos primero la cebolla, el puerro y los pimientos ya que necesitan más tiempo que el resto. Cuando la cebolla y el puerro comiencen a estar transparentes añadimos el calabacín, la calabaza y la berenjena. Cuando esté todo bien pochado añadimos el ajo y una vez que se dore añadimos el tomate cortado en daditos. Personalmente me gusta más poner el tomate así que no triturarlo ya que el pisto queda más suelto, menos pastoso y se aprecia mejor el sabor y la textura de todas las verduras. Cuando el tomate esté cocinado pero no deshecho y el jugo del mismo se haya reducido rectificamos de sal y pimienta y el pisto está ya listo.
Acabado y presentación
En una sartén o plancha ligeramente engrasada doramos un poco las tortitas por ambos lados. En la misma plancha hacemos los boquerones.
En cada plato ponemos una de las tortitas, encima un poco de pisto y sobre este un boquerón con la parte de la piel hacia arriba. Salseamos de forma leve con la vinagreta y decoramos con perejil picado.

Este plato admite por supuesto muchas variantes. El pisto lo podemos hacer con la combinación de verduras que más nos guste, no necesariamente la que nosotros hemos usado. Y en lugar de boquerones podemos usar cualquier otro pescado azul, un filete de sardina, un trozo de caballa, atún, etc...
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Crema de alubias blancas y gambas

La receta que os propongo hoy es una crema sencilla, distinta y deliciosa. Puede ser una manera excelente de comenzar una comida o cena que casi con total seguridad encantará a vuestros invitados. También puede ser una buena forma de iniciar en el mundo de las legumbres a aquellos que son reticentes a comerlas.
Y desde luego, junto con otras muchas recetas, ayudará a desterrar esa asociación injusta y desafortunada que suele hacerse de las legumbres con guisos pesados y grasientos.





Ingredientes

- 200 gramos de alubias blancas (en remojo desde la víspera)
- 1 cebolla
- 1 puerro
- 1 diente de ajo
- 1 hoja de laurel
- 10/15 granos de pimienta negra
- 15 gambas grandes
- Aceite de oliva
- Sal

Elaboración

Picamos la cebolla, el puerro y el ajo y los pochamos bien en una olla a presión. Después añadimos el laurel, la pimienta, las alubias escurridas y un poco de sal. Cubrimos con agua y cerramos la olla. En el momento que suba la válvula dejaremos cocer durante 45 minutos si es una olla a presión convencional y menos si es una olla rápida.
Mientras tanto pelamos las gambas. En una sartén ponemos aceite y doramos a fuego suave las cabezas y las cáscaras de las gambas hasta que tomen color. Colamos el aceite y reservamos.
Una vez que hayan transcurrido los 45 minutos abrimos la olla. Si vemos que tiene demasiado caldo seguimos cociendo con la olla destapada para que reduzca un poco. Añadimos las gambas peladas que se cocerán en 2 o 3 minutos. Añadimos también la mitad del aceite de gambas y trituramos bien todo con la batidora.
Es conveniente colar la crema para eliminar las pieles de la alubias y que la textura sea bien fina. Probamos y rectificamos de sal si fuese necesario.
Servimos en platos hondos o cuencos y adornamos con un hilo de aceite de gambas y con cualquier otra cosa que se nos ocurra. Nosotros le hemos puesto unas semillas de amapola como puede verse en la foto.
 Esta receta puede hacerse también con garbanzos si os gustan más que las alubias.
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Ajoarriero

Siempre me ha parecido sorprendente que en Europa durante muchos años se consideró a la patata como un producto no comestible y hasta se prohibió su cultivo. Fue el gran agrónomo y nutricionista francés Antoine-Augustin Parmentier quien consiguió que se cultivase y se empezase a consumir. Desde entonces ya conocéis la historia, la patata se ha convertido en un alimento que por su bajo coste, alto contenido en carbohidratos y versatilidad culinaria juega un papel fundamental en nuestra dieta. En este sentido resulta especialmente ilustrativa y dramática la Hambruna Irlandesa de la patata, cuya escasez provocó más de dos millones de muertos y un brutal movimiento migratorio hacia otros paises.
Finalizada esta breve digresión, vamos ya con nuestra receta, que para mi es uno es esos platos tradicionales cuya exquisitez resulta soprendente por la sencillez de sus ingredientes y de su preparación. Es básicamente un puré de patatas y al mismo tiempo es mucho más.



Ingredientes

- 1 kg de patatas "nuevas" bien lavadas
- 300 gramos de bacalao desalado
- 1 o 2 dientes de ajo
- Aceite de oliva virgen
- Agua
- Sal
- Perejil

Preparación

Cocemos las patatas en abundante agua hirviendo con un poco de sal (hay que ser moderados ya que la cantidad final de sal dependerá del punto de desalado del bacalao). Es mejor cocerlas con la piel ya que se preserva mejor el sabor en el interior de la patata y al mismo tiempo el caldo de cocción tomará más sabor.
Una vez que estén cocidas las pelamos y las trituramos. Yo prefiero utilizar el pasapurés ya que la textura que se obtiene es la que más me gusta, pero se puede usar un simple tenedor, una maza de mortero, un aplastador de patatas, etc. Eso si, no es aconsejable utilizar una batidora ya que entonces la patata perdería completamente su textura y el resultado final no sería el que buscamos.
El bacalao lo coceremos en la misma agua donde se cocieron las patatas durante unos 5 minutos aproximadamente. Le quitamos la piel y las espinas y lo majamos en el mortero hasta que quede una pasta homogénea. Esta operación resulta fácil de hacer ya que el bacalao queda blandito y prácticamente se deshace. En cuanto al ajo podemos majarlo en el mortero o triturarlo con la batidora en un poco de agua de la cocción.
Mezclamos el puré de patatas, el bacalao y el ajo, que os dará como resultado una masa muy compacta.
Ahora es el momento de "aligerar" el ajoarriero, es decir, de añadir aceite y agua de cocción (un poco más de esta ultima) hasta que quede una textura esponjosa, ligera pero con una cierta consistencia.
Cuando lo tengamos a punto probamos de sal y rectificamos si fuese necesario. En el momento de servir se espolvorea un poco de perejil picado y se echa un chorrito de aceite por encima.
Queda muy bien si se hace unas horas antes y se sirve templado. Sin embargo, la patata ya cocinada pierde propiedades rápidamente y al dia siguiente ya no estará igual.

El ajoarriero se prepara prácticamente a lo largo y ancho de toda la geografía española, con algunas variantes como pasa con cualquier plato tradicional.
Por el norte se le suele añadir pulpa de pimiento choricero (el maridaje del bacalao con el pimiento choricero es de libro) mientras que en la Mancha se suele servir con nueces y huevos cocidos y se llama Atascaburras.
En cualquier caso un plato delicioso, sano y económico, ideal para formar parte de una comida o cena de tapeo.
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Restaurante el Rincón en Valencia



La experiencia me dice que las cenas de grupo con menú cerrado suelen ser una experiencia gastronómicamente decepcionante y esta no fue una excepción, salvo que al esperarmelo la decepción es menor, claro. Alguno de los asistentes me comentaba que lo importante es pasar un rato agradable entre amigos y que el aspecto culinario es secundario. Por supuesto, como aficionado a la cocina y autor de un blog gastronómico, y aun concediendo a la amistad toda la importancia que se merece, no puedo estar más en desacuerdo.
Para no seguir hablando sin datos en la mano paso a contaros en que consistió la cena (para 10 personas a 25 euros por barba)

Entrantes "al centro de mesa", o sea para compartir que hemos dicho toda la vida 

- Patatas Bravas
- Lacón
- Esgarraet
- Puntilla

No pretendo, por 25 euros, degustar platos de alta cocina, pero convendréis conmigo en que se habrían podido escoger unas tapas menos obvias y manidas. La imaginación no parece ser el fuerte de esta casa.
En cuanto al esgarraet hay que resaltar dos puntos negativos, el pimiento era de lata, pasado por la sartén para disimular pero de lata a fin de cuentas y el bacalao estaba sin desalar lo que lo hacía terriblemente salado. El lacón fue servido con el preceptivo chorrito de aceite, un poco de pimentón espolvoreado por encima, que le va bien y...unos cristales de sal, algo absolutamente innecesario en un producto que ya ha sido cocido con sal. Me parece una nefasta moda esta de ponerle los cristalitos de sal a casi cualquier cosa que se saca a la mesa. El exceso de sal no sólo es malo para la salud sino que es un defecto culinario grave.
Las bravas rezumaban aceite de la fritura por doquier, lo que sumado al alioli las convertían en una bomba lipídica. Y los calamares, de tamaño muy superior al que se se suele considerar como puntilla (podríamos estar hablando de chocos o chipironcitos) distaban mucho de estar crujientes, fruto probablemente de una temperatura inadecuada del aceite.
Resumiendo, exceso de grasas, sal y calorías.

Fuente de carne y fuente de pescado

La fuente de pescado contenía diversos pescados a la plancha, tales como dorada, lenguado, emperador, merluza, gambas y calamares. Fue lo que más me gustó, dada mi condición de gran piscivoro. Pero nuevamente me pareció demasiado simple...una verduritas de acompañamiento y/o alguna salsa habrían sido de agradecer.
La bandeja de carne llevaba chuletas de cordero y longanizas. Apenas la probé pero el cordero era de buena calidad. 

En cuanto a la bebida, tengo que decir que la costumbre ampliamente extendida de servir la cerveza en jarras colectivas me parece un absoluto despropósito y un gesto de mala atención al cliente. En primer lugar no te da la posibilidad de decidir que cerveza quieres beber (eso si hay más de una, claro), en segundo lugar la cerveza pierde gas y temperatura, y por lo tanto sabor, tras ser "decantada" de la jarra al vaso. Por último lanza un mensaje muy claro al cliente: no vamos a estar pendientes cada vez que unos de vosotros quiera una cerveza. En ocasiones me he desmarcado y he pedido un tercio de cerveza para consumo propio, con gran sorpresa e incomprensión por parte de todo el mundo, abonando la diferencia en caso de ser exigida. Esto no es una crítica especifica a este restaurante sino que por desgracia es un mal endémico en nuestro país.

La cena terminó con un surtido de flanes y budines industriales rodeados de nata formando una composición desmañada y nulamente apetitosa. Suerte que no suelo tomar postre. 

En cuanto al local en si, la verdad es que me gustó. Está decorado con buen gusto y se cena en un ambiente tranquilo y agradable. La chica que nos atendió fue amable y eficiente.
A los que leáis esto deciros que no se como se comerá a la carta y yendo 2 o 3 personas. Pero este tipo de menús desde luego no son una buena forma de atraer a la gente y que esta vuelva.



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