MO Gastrobar

La visita el pasado Jueves a este restaurante nos ha dejado sensaciones contrapuestas, en términos generales la comida nos gustó, con algunos matices como veremos, sin embargo los tempos del servicio no fueron los adecuados, ya que una comida corta, de solo tres platos, resultó lenta hasta un punto un poco exasperante. Entraremos en detalle pero la sensación es que el personal de sala está suficientemente dimensionado para un comedor así de pequeño, además de la terraza, pero a los  desajustes en la cocina se suma una parsimonia excesiva en la sala. Como solemos hacer cuando vamos a un sitio nuevo pedimos el menú mas sencillo, que en este caso es el menú de mediodía. Es un menú con un formato que podríamos llamar clásico, primer plato, segundo plato y postre.

Como primer plato yo tomé esta ensaladilla de merluza y gambas


que la verdad es que estaba bastante buena, suave pero sabrosa y con una cantidad contenida de mayonesa, no me gustan las ensaladillas demasiado pringosas. Soy aficionado a las ensaladillas y las he probado, entre propias y ajenas, con diferentes pescados -tengo un gran recuerdo por ejemplo de la ensaladilla "lusa" del restaurante Delirant, hecha con bacalao y polvo de aceitunas negras y de la ensaladilla de corvina de Ricard Camarena, entre otras -, pero creo que con merluza es la primera vez que la como. Si que es verdad que mi padre hacía una ensaladilla con merluza, lechuga, mayonesa y pimientos morrones, pero era otra cosa completamente distinta, no lo podríamos considerar una variante de la ensaladilla rusa, Olivier, o como queramos llamarla.

Probé el Hummus de lentejas que pidió uno de mis compañeros


No estaba mal pero en mi opinión se excedieron con el comino, dominaba el sabor del hummus sin dejarle apenas protagonismo a la legumbre.

De segundo plato me pedí un All i pebre de pulpo


Suculento, potente de pimentón -no me disgustó esto-, moderadamente picante y buen punto de cocción y de textura del pulpo, así como de la patata. No sé porque llegó entibiado a la mesa, me hubiese gustado comerlo bien caliente. Esto se agravó ya que me quedé sin bebida a mitad de plato y para conseguir que me trajesen una caña tuve que pedirla dos veces y esperar lo que me pareció una eternidad, con lo cual acabó enfriándose por completo.

Probé un poquito del Arroz de alitas de pollo


pero fue a mitad de comer el all i pebre, que tiene un sabor mucho mas fuerte, por lo que no pude percibir muchos matices, no obstante me pareció un arroz bien resuelto, con el grano bien cocido pero terso, se dejaba sentir además un buen fondo.

El postre apareció detrás de una espera muy larga, lo cual no se entiende de ninguna de las formas ya que un flan -de turrón en este caso- es algo que normalmente se hace con antelación.


Personalmente yo no habría servido un postre con una presentación tan deficiente, me habría excusado diciendo que se había acabado o que habían tenido algún problema -que parece ser el caso- y habría ofrecido otra cosa, ya que da una impresión la verdad es que bastante mala. De sabor sin embargo no estaba malo, un poco pegajoso -le falto cuajarse mejor, creo que resulta evidente- y un poco dulzón -algo esperable del turrón- pero se podía comer.

La sensación es que hay buenas maneras en la cocina pero con ciertos errores, que no debería ser un obstáculo si se saben asumir, y una relajación manifiestamente excesiva en la sala, ya que cualquier operación, pedir bebida, la cuenta o lo que fuese, acababa convirtiéndose en una odisea.



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Creperie Bretonne Annaick

Las especialidades más conocidas de la cocina bretona son sin duda las galettes, las crepes y la sidra. Las galettes son similares a las crepes pero de una textura crujiente, debido a que en su elaboración se emplea trigo sarraceno -también conocido como alforfón-, y son muy versátiles, admiten todo tipo de rellenos, dulces o salados. En Crepperie Bretonne Annaick sirven las galettes con rellenos salados y las creppes con rellenos dulces -también con helado-, en una fórmula que lleva funcionando de maravilla durante bastantes años. También sirven cervezas y sidras bretonas, estas últimas son las que yo pido siempre pues son magníficas. Todos los locales, que están repartidos entre España y Francia, tienen una decoración muy similar, intencionadamente retro y donde la cocina se encuentra en el interior de un viejo camión o autobús. Los niños y los no tan niños pueden divertirse escribiendo o dibujando en los manteles de cartulina con las tizas de colores que siempre proporcionan. Todo ello para darle un aire divertido y desenfadado, a fin de cuentas se trata de disfrutar de una comida sencilla e informal de una forma relajada. A lo largo de los años he ido probando varias referencias de su carta, en esta ocasión le toco a la galette Gaëlic, que lleva aguacate, salmón ahumado con miel y sésamo, queso de cabra, crema de leche -la pedí sin ella-, tomate cherry y semillas de calabaza.


Estaba buena pero no es de las mejores que he comido aquí, probablemente al quitarle la nata pierde cierta jugosidad, pero me siente mal así que no tenía alternativa. Los tomates cherry no sabían a nada como la mayoría de los tomates hoy en día.

En cambio la Gouarec, con guacamole, pollo al curry, cebolla tierna, leche de coco y hojas de ensalada, y que se sirve cerrada, estaba francamente buena.


especialmente por el sabor del pollo al curry, que estaba muy acertadamente condimentado.

De postre, por supuesto, una crepe, si no queréis arriesgar y os gusta el chocolate negro como a mi la elección es sencilla, pedid la Crepe de chocolate belga


Con el helado de yogur búlgaro combina de forma espléndida.

Como ya os comenté me gusta pedir una sidra bretona brut, en este caso era ecológica, o sea de manzanas de cultivo ecológico.


En una lástima que en un país como el nuestro con mucha tradición en la elaboración de la sidra, sobretodo en Asturias y País Vasco, sea tan difícil encontrar una sidra embotellada de calidad, siendo las más conocidas que se venden por ahí algo completamente imbebible. Por si alguien se lo está preguntando, esta sidra no se escancia, y por cierto está muy buena.

Os dejo una foto, que os resultará curiosa si no habéis estado nunca allí, de la cocina embutida dentro de la carrocería de un camión.






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Los Madriles Nueva Taberna

Los Madriles es una taberna castiza con una larga trayectoria, que en 2012 fue completamente remodelada para darle un aspecto más contemporáneo que el que lucía anteriormente. Es un local para tapear con una cerveza o un vermout, pero a mediodía son muy protagonistas también los platos de cuchara y, muy en especial, el cocido madrileño, considerado por muchos el mejor que se puede disfrutar en Valencia. No se si será el mejor pero desde luego su fama está completamente justificada, como vamos a ver enseguida. Se trata de un cocido en cinco vuelcos, aunque esto es siempre subjetivo ya que el número depende de como se agrupen los diferentes ingredientes que lo componen, y que comienza con la Croqueta de ropavieja.


Está bien de sabor pero para mi la carne está demasiado triturada, forma practicamente un todo indiscernible con la bechamel. Si se hubiese deshebrado la carne creo que habría quedado mejor.

Suele ser habitual que uno de los vuelcos del cocido sean unos encurtidos -más bien es un pseudovuelco ya que no es realmente un elemento del mismo- pero su acidez ayuda en la digestión de las viandas mas contundentes.


La guindilla picaba un poco, como debe ser.

Es ahora cuando empieza lo bueno, con la sopa del cocido, que en lugar de fideos se sirve con un canelón de carne salteada con ajos.


El canelón está rico, el ajo le da un sabor mas potente que me gustó, y el caldo está espectacular, suculento, limpio, sin exceso de grasa ni de sal, con un sabor que engancha.

Y rápidamente aparecen las carnes y las verduras.


todas ellas de buena calidad y bien cocinadas, un autentico festín. Los garbanzos son más bien menudos pero igualmente sabrosos, tiernos pero con cierta textura, sin llegar a ese punto en que se deshacen y pierden la gracia.


Si queréis mas caldo para acompañar el cocido no os preocupéis, os servirán gustosamente el que necesitáis, lo mismo si queréis mas garbanzos. Regamos el cocido con un vino tinto Maduresa, de la D.O. Valencia, que resultó un maridaje inmejorable. La comida fue realmente opípara así que a los postres llegamos ya desfondados, de todas formas la Creme Brulee -crema catalana- de chocolate era floja en mi opinión, no estaba al nivel de la comida salada.


El menú cocido son 17,50 euros por persona, por lo que la relación calidad precio es realmente muy buena. La digestión del cocido resultó un poco pesada, no por el cocido en si sino porque al estar tan bueno comimos un poco de más. Una excelente experiencia, os lo recomiendo.





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Arroz con almejas

A pesar de que el arroz no juega un papel importante en la cocina vasca tradicional, éste arroz con almejas es una excepción, ya que se trata de una receta tremendamente popular en todo Euskadi. Es muy habitual cocer el arroz simplemente con agua, ya que el jugo de las almejas de por si tiene mucho garrote, pero nosotros vamos a hacer un caldo de pescado para darle más sabor. Generalmente se suele hacer bastante meloso, ya que la emulsión del jugo de las almejas con el aceite de oliva y el almidón del arroz le da una cremosidad extraordinaria. En cuanto al sofrito hay variantes, el ajo es imprescindible y la cebolla y el pimiento verde muy habituales, yo le he añadido un poco de puerro que aunque no forma parte de la fórmula tradicional me gusta mucho el sabor que le aporta. Se que hay gente que opina que un arroz de color blanco -más el verde del perejil, que debe ser abundante- es poco estético -en Valencia hay cierta manía al respecto-. Estoy completamente en desacuerdo, en mi opinión así está perfecto. Ah, tened cuidado con la sal, hay que añadir con moderación ya que las almejas ya contiene sal en su interior.


Ingredientes

Caldo de pescado

- 1/2 kg de morralla
- 6 galeras
- 1 cebolla
- 1 puerro
- 1 zanahoria
- 1 pimiento verde
- 1/2 ramita de apio
- 1 hoja de laurel
- Unos tallos de perejil
- Una cucharadita de pimienta negra en grano

Almejas en su jugo

- 1/2 kg de almejas
- 2 dientes de ajo
- Aceite de oliva virgen extra
- Vino blanco

Arroz con almejas

- 250 gramos de arroz
- Caldo de pescado
- Almejas en su jugo
- 1 cebolla tierna
- 1 puerro pequeño
- 1/2 pimiento verde
- 6 dientes de ajo
- 1 guindilla cayena
- Vino blanco
- Aceite de oliva virgen extra
- Perejil


Elaboración

Caldo de pescado

Mezclamos todos los ingredientes en una olla y hervimos a fuego moderado durante 25 minutos, desespumando de vez en cuando. Colamos y reservamos.

Almejas en su jugo

En una sartén o cazuela ponemos un poco de aceite de oliva y cuando esté bien caliente doramos dos dientes de ajos, echamos las almejas y un chorrito de vino blanco y tapamos hasta que las almejas se abran. Es muy importante retirarlas del fuego en cuanto se abran para evitar su sobrecocción y que queden duras.

Arroz con almejas

Ponemos aceite de oliva en una cazuela y salteamos el ajo, la cebolla, el puerro, el pimiento -todo ello picado bien fino- y la cayena. Echamos un vasito de vino blanco y reducimos. Añadimos el arroz en la cazuela, le damos un par de vueltas y añadimos un poco de caldo y perejil picado. Iremos añadiendo caldo -bien caliente- y removiendo el arroz para que suelte el almidón. Cuando queden uno o dos minutos para que el arroz esté en su punto añadimos las almejas con su jugo en la cazuela del arroz y mezclamos bien. Terminamos de cocer el arroz, añadimos más perejil y dejamos reposar unos cinco minutos.


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Nori Izakaya

Los que hayáis vivido en Valencia durante los últimos veinte o veinticinco años habréis asistido como yo al auge, al principio tímido y después ya imparable, de los restaurantes de comida japonesa, y de la cocina oriental en general, fenómeno que ha sucedido de forma similar en el resto de España y, en mayor o menor medida, en casi todo el mundo. Todavía recuerdo el primer sashimi que probé en mi vida, en el restaurante Sakura, creo que el primer restaurante japonés que abrió sus puertas en la capital del Turia. Todo lo que ha venido después ya lo conocéis, en este momento la oferta es amplísima, y va desde los sencillos restaurantes de buffet o menú del día, algunos de ellos muy flojos, hasta restaurantes de gran calidad. Cada poco tiempo descubro alguno nuevo -nuevo para mi-, en esta ocasión el turno le ha correspondido a Nori Izakaya, una taberna japonesa que nos ha causado una grata impresión. Sus platos están bien elaborados -alguno de ellos con cierta dosis de originalidad- emplean buenos productos y mantienen un nivel homogeneo, ninguno de los platos que probamos flojeó o nos causó decepción. Tengo que pedir disculpas por la poca calidad de las fotos, debida a la luz tan amarilla, a mi impericia y a la falta de concentración ya que con los ajustes adecuados en la cámara la cosa habría mejorado.

Comenzamos con el Sashimi de ternera con salsa de lima y cilantro


La carne estaba tierna y sabrosa, se veía de buena calidad. El toque de lima y cilantro era sutil pero perceptible y el jenjibre rallado le aportaba sabor y carácter al plato.

El Katsuo Nambansuke -escabeche de bonito japonés con cebolla y zanahoria- me pareció un plato muy fino


Elaborado sin aceite, con vinagre de arroz, mirin, y puede que algo más. El punto casi crudo del bonito por dentro me gustó, estaba muy jugoso. Un plato refrescante y delicado.

En cuanto a los sashimis


correcto el de atún y muy bueno el de salmón, al que el flameado -que era opcional, pedí uno con y otro sin para comparar- le aportaba un plus importante. Merece una mención el punto del arroz -siempre un punto clave y el más difícil cuando hablamos de sushi, lo sé por experiencia-, estaba muy bien cocido, suelto, nada pastoso y sin ese exceso de dulzor que cuando lo encuentro por ahí me resulta insoportable.

El Uramaki de atún especial



con masago, atún picante, cebollino, pepino y aguacate estaba muy apetitoso, sabores muy bien conjuntados e integrados, el punto crujiente lo ponían unas bolitas amarillas que no sabría decir a ciencia cierta que eran, quizás soja amarilla inflada.

La Oblea de tartar de atún picante


aunque se vea mal en la foto tiene un relleno muy similar, si no idéntico, al empleado en el uramaki, pero con otra presentación y la textura crocante de la oblea.

Me gustó mucho el Salmón Saikyo Yaki -salmón marinado en miso-.



Es un plato que me gusta hacer en casa, me queda bueno pero no tan bueno como éste, sospecho que tiene que ver más con la calidad del salmón que con el marinado en si. Da gusto ver la textura tan suave del salmón -las lascas se separan con suma facilidad-, su jugosidad y como el sabor y el aroma del miso han penetrado perfectamente en su interior.

De postre una Mousse de yuzu con gelatina


Siento devoción por este cítrico japonés, la mousse estaba muy bien compensada, con la acidez y el dulzor justos, relativamente compacta -cosa que me gusta- y con el incomparable aroma del yuzu.

Las raciones son ajustadas pero también los precios -en relación a la calidad- por lo que podéis probar un buen número de platillos lo que hace la experiencia más divertida. El apartado de las cervezas está muy bien cubierto, de barril Estrella Galicia, normal y 1906 -tostada- y además hay una fantástica cerveza japonesa Hitachino, incluyendo la de jenjibre, que es mi preferida.
Señalo dos puntos muy claros de mejora en aspectos externos a lo gastronómico. El primero de ellos tiene que ver con el servicio, no en una ocasión sino en varias la camarera deposita un plato encima de la mesa como si se acabase de acordar que tenía que hacer otra cosa y buscase un sitio donde dejarlo, sin decir esta boca es mía ni por lo tanto dar la más mínima descripción o indicación acerca del plato. Una persona poco asostumbrada a este tipo de comida podría perfectamente tener dudas de cual de los platos que ha pedido le acaban de traer. Convendréis conmigo en que no es la forma correcta de servir un plato. El otro aspecto tiene que ver con la distribución del local, especialmente en lo que respecta al baño. Como se puede ver perfectamente en la foto, no hay nada que separe la puerta del baño del comedor -no me sirve la mini cortina, no sé si se equivocaron con las medidas o no quedaba mas tela en la tienda ese día-, lo cual resulta verdaderamente molesto sobretodo cuando la gente se deja la puerta la puerta del baño abierta, cuando estoy cenando no me hace especial ilusión contemplar el inodoro.




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Dandy Canary

La verdad es que no soy ningún experto en cocina canaria. Mas allá de las papas arrugás, los mojos, el sancocho, el gofio, el almogrote y alguna cosa más, el hecho de no haber estado en Canarias ni tampoco haber investigado lo suficiente convertían para mi esta comida en una completa incógnita respecto al tipo de comida que nos íbamos a encontrar, además de la incertidumbre que siempre existe cuando visitas un restaurante, del tipo que sea, por primera vez. Puedo hablar no ya en mi nombre sino en el de todos los comensales con los que compartí mesa- ocho en esta ocasión-, ya que las opiniones fueron unánimes, para decir que la decepción fue absoluta, una comida absolutamente insípida, productos de baja calidad, total desatino en cuanto a los puntos de cocción y lo peor de todo, todas las personas con las que pude hablar al día siguiente me contaron que, al igual que yo, habían sufrido molestias digestivas de diversa consideración durante esa tarde y/o noche.
Fuera de menú pedimos estas papas arrugas que venían con mojo picón y mojo verde de cilantro.






Estaban muy buenas, de haberlo sabido habría sido buena idea  pedir unos cuantos platos de papas y comer sólo eso ya que todo lo que vino después sobraba, como la Crema de hinojo y mandarina




muy floja en mi opinión, o como los Champiñones rebozados




con la mítica reducción de bote de vinagre balsámico o de Pedro Ximenez -parece que nunca nos libraremos de ella-, crema de aguacate y de nuevo mojo verde, que como veréis parece que sirve para todo ya que aparece en todos o casi todos los platos. Máxima insulsez, no sabían absolutamente a nada.

Cierra el apartado de entrantes el Queso asado.




La verdad es que no me gustan los quesos a la plancha, a la parrilla o fritos acompañados de confituras u otras salsas dulces, éste caso no fue una excepción, la calidad de la confitura era además muy deficiente.

Creo que pedimos todos los platos principales, el único que podría salvarse es este plato, del que no recuerdo el nombre




con judías, chorizo criollo, huevos, patatas, etc. Sabroso, principalmente a causa del chorizo que tenía un sabor potente.

El pollo o el conejo al salmorejo





estaban ambos terriblemente secos, con una textura casi de cecina.

El resto pedimos algunas de las arepas, una de las elaboraciones que refleja la influencia de la cocina venezolana -entre muchas otras- en la canaria.






Yo probé la de carne desmechada, que tenía esa textura de la carne del cocido cuando ha estado varias horas cociendo hasta quedarse seca y que se aprovecha para hacer ropavieja, croquetas, etc. Era hasta desagradable de comer por la textura tan fibrosa que la hacía difícil de masticar, "hacía bola".

El apartado de los postres no mejoró el nivel, ni con esta tarta de queso con arándanos




Una bomba calórica tremendamente empalagosa, pero que al menos permite aprovechar la mermelada que sobró del otro queso, el asado, y el "Quesillo", una especie de flan de naranja




con una ausencia de sabor que parece incluso difícil de conseguir.

Podríamos añadir que el ritmo del servicio fue tremendamente lento, a pesar de no estar ni mucho menos lleno el restaurante, con intervalos de espera realmente excesivos entre algunos platos. No dudamos de que Canarias sean las islas afortunadas pero seguro que porque, además de su clima privilegiado, tienen comida mucho mejor que esta.


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Trinquet de Pelayo

Conocido como "La Catedral de la Escala i Corda", el Trinquet de Pelayo es el espacio más antiguo y con más pedigrí donde se practica el deporte de la pilota valenciana, al menos en esta modalidad. Con 150 años de historia  a sus espaldas, este trinquet ha visto pasar por su cancha y por sus gradas a generaciones y generaciones de valencianos que lo han convertido en una seña de identidad de la ciudad de Valencia. El único acceso al trinquet siempre ha sido un humilde bar en el número 6 de la calle Pelayo -hoy en día llena de tiendas y restaurantes asiáticos- y que desde hace unos meses se ha reconvertido en el "Gastro Trinquet de Pelayo", un restaurante que ofrece cocina tradicional valenciana -como no podía ser de otra manera- con el toque personal del chef Pablo Margós. La decoración me ha parecido un completo acierto, plagada de referencias al mundo de la pilota como esta espectacular mano que preside uno de los laterales del comedor.



Desde su inauguración he ido leyendo algunas críticas de lo más diverso, lo cierto es que en mi primera incursión he comido estupendamente. Comenzamos con el Timbal de Sepia ,"homenaje a las Bairetas de Chiva", restaurante donde oficiaba Margós antes de recalar aquí.


Es poco más que una ensaladilla que combina trocitos de sepia y de patata con una mayonesa al ajo. Un bocado sencillo y al mismo tiempo apetitoso, una presentación diferente para una tapa tan clásica como es la sepia con mayonesa.

En las alcachofas jovenes y crujientes con romesco


se observa una gran desigualdad entre las alcachofas, que están deliciosas, y la salsa, único punto flojo de la comida. No era romesco en absoluto, era una salsa de tomate, bastante dulce, con trocitos que parecen ser de almendra. Ni rastro de ñora, de vinagre, de avellanas, de las cosas que hacen que el romesco sea lo que es.

Las croquetas de jamón también están ricas


crujiente rebozado de panko e interior jugoso.

He comido unas cuantas veces Mollejas de ternera -también llamadas lleterolas en Valencia-, pero nunca a la brasa, y la verdad es que las brasas le dan un sabor impresionante


Servidas con una crema de nabos y hojas de mostaza están espectaculares.

Como plato "principal" me decidí por el Rodaballo -uno de mis pescados favoritos- con verduras a la brasa.


El pescado, cocinado con la espina para que conserve todo su sabor, tenía un buen punto de cocción y estaba muy sabroso. Las patatas estaban buenísimas, al igual que los ajetes. A veces los platos más sencillos son los que más se disfrutan.

En esta ocasión no hubo espacio para el postre, quedamos satisfechos en todos los sentidos. La carta está llena de platos sugerentes que espero ir probando en próximas visitas. Y si os gusta el sonido de la vaqueta ya sabéis, podéis empalmar la partida con el desayuno, o el almuerzo, o la comida... eso si, acordaos de reservar con unos días de antelación ya que el restaurante se llena, en este caso entiendo perfectamente porqué.


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Pho

El Pho es el plato nacional de Vietnam y tambien, junto con los nems -los rollitos hechos con papel de arroz- el más conocido en Occidente. Los vietnamitas lo toman en el desayuno, en la comida o en la cena, es decir, a cualquier hora. Aunque se puede hacer con otras cosas, el mas tradicional es el de ternera, y su base es un caldo claro con un característico sabor ahumado. Además de los huesos podéis usar tambien rabo de tenera que le da un gran sabor a la sopa, yo en esta ocasión no encontré y empleé carne de morcillo.




Ingredientes

Para el caldo de ternera

- 4 huesos de ternera (huesos de pierna)
- 300 gramos de morcillo de ternera
- 1 cebolla
- 1/2 puerro
- 1 nabo daikon
- 1 trozo de jenjibre de unos 3 cm.
- 6 cucharadas soperas de salsa de pescado (nam pla)
- 2 piezas de anís estrellado
- 1/2 rama de canela
- 1 cucharadita de pimienta negra en grano
- 3 semillas de cardamomo
- 2 clavos

Para el Pho

- Caldo de ternera
- 85-100 gramos de tallarines de arroz por comensal
- Cadera o solomillo de ternera
- Cebolla de verdeo
- Hierbabuena
- Cilantro
- Sal
- Pimienta negra
- Salsa sriracha
- Salsa hoisin

Acompañamientos

- Lima
- Brotes de soja
- Albahaca


Elaboración

Caldo de ternera

Doramos en el horno a temperatura alta los huesos, la cebolla, el puerro, el daikon y el jenjibre. Las verduras, y en especial la cebolla, tienen que estar un poco quemadas en su superficie, esto le dará un sabor un poco ahumado al caldo. Una vez que los huesos y las verduras estén bien dorados los ponemos en una olla o cazuela grande con el anís, la canela, el clavo, el cardamomo, la salsa de pescado y tres litros de agua. La teoría dice que debería hervir a fuego muy lento de seis a diez horas pero si no quereis estar tanto tiempo pendientes podeis usar una olla a presión, yo lo he tenido en la mía tres horas. Lo ideal es hacerlo el día de antes, dejarlo enfriar durante la noche y al día siguiente colamos y desgrasamos.

Para el Pho

Preparamos la carne, es mejor congelarla un poco, esto nos permitirá cortarla en tiras muy finas. Calentamos el caldo a fuego lento y ponemos a punto de sal y pimienta. Hervimos los tallarines de arroz el tiempo que indique el fabricante, escurrimos y colocamos en un bol. Colocamos las tiras de ternera encima de los tallarine y vertemos el caldo bien caliente, que cocinará la ternera parcialmente. Añadimos los "toppings", la cebolla picada, el cilantro, la hierbabuena, la guindilla y un poco de cada una de las salsas. Hay que tener en cuenta que la salsa sriracha también es picante por lo que tened cuidado con la guindilla, u omitidla si no os gusta mucho el picante.

Acompañamientos

En un plato o en varios cuencos se sirven los brotes de soja crudos, hojas de albahaca y unos gajos de lima para que el comensal se sirva a su gusto. Dejad tambien a mano las salsas para que quien quiera se ponga un poco mas. El toque de la lima es fundamentalpara redondear el sabor de la sopa


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