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El Famolenc

Asar con fuego de leña o brasas es seguramente el método de cocción de los alimentos mas antiguo que existe. Curiosamente, en ciertos aspectos, no ha sido superado, ya que les proporciona un sabor ahumado inigualable. Está presente tanto en la típica torrá o paella informal que se prepara entre amigos, como en los restaurantes de alta cocina, donde convive con las roner, el nitrógeno líquido, las liofilizadoras, etc, pasando por asadores y restaurantes de todos los estilos y categorías.
El Famolenc es un restaurante informal que, sin embargo, ofrece buenos platos donde la brasa es el leit motiv. La mayoría de los platos, y en concreto todos los que probamos, a excepción de los postres, se preparan de esta manera, y se acompañan de algún elemento, salsa o guarnición, que realza el sabor de la materia prima, de forma discreta y no invasiva, con alguna excepción. 

Pero dejemos de hablar en abstracto y sentémonos a la mesa. Como dicen que de lo que se come se cría - los que me conozcan en persona entenderán esta referencia-, insistí en pedir una orejita de cerdo. 


A pesar de estar parcialmente trinchada, llega a la mesa conservando su forma original, lo que podría disuadir a algunos animalistas, y a casi todos los veganos... buena de sabor y textura, la salsa de ajo y perejil sobraba, o al menos el aceite de esta, ya que hacía que el bocado resultará un poco grasiento, de forma innecesaria. Y que os voy a contar de las escamas o cristales de sal - maldon o de cualquier otro tipo-, odio que a los alimentos ya cocinados y sazonados se les corone con estos fatídicos cristales, como si se tratase de una decoración. Si la moda de los chorretones de reducción de PX o vinagre balsámico está ya parcialmente superada, esta no tiene visos de que vaya a remitir, al menos a corto plazo. 

La ventresca estaba sabrosa y jugosa, sobretodo en las zonas centrales del corte, que es donde estaba menos cocinada. 


Aquí había menos cristales de sal, pero con uno que haya ya es demasiado. 

La berenjena fue sin duda el plato que más me llamó la atención, y sin duda el más original. 


Hay una salsa de berenjena de potente sabor ahumado, y sobre esta la berenjena asada, pasas y avellanas. Un plato muy convincente, bien acabado y con mucho sabor. 
 
La presa de cerdo, fuera ibérica o no, estaba bien de punto, poco hecha pero no cruda.


Los piquillos, acompañamiento típico de las chuletas de res, también funcionan muy bien aquí. Todo perfumado, faltaría más, por el aroma de las brasas. 

Hasta aquí todo muy correcto, pero en los postres se produce una bajada sensible de la calidad. La cuajada tiene textura de yogur, no de cuajada, que es mucho mas compacta.


Los toppings de avellanas y mermelada de albaricoque resultan anodinos. 

Y la tarta de nueces es empalagosa, excesivamente azucarada, lo mismo que el helado de sésamo negro que la acompaña. 


Quitando el tema de los postres, como decía al principio, en el Famolenc podéis disfrutar de platos a la brasa - al menos bastantes de ellos - elaborados con un producto muy digno a precios muy interesantes. Para los beneficiarios de tickets restaurante es también una muy buena opción, ya que admiten de los tres principales proveedores.
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La Chipirona Cocina de Mar

El último restaurante abierto por el grupo Vicios, propietario de La Pappardella (uno de mis italianos favoritos en Valencia), Al Pomodoro, los Sorsi e Morsi y la Chipirona Playa, nos ha dejado en esta primera visita una impresión positiva. Al margen de algún pequeño fallo, que más adelante comentaremos, nos encontramos con una comida hecha con buen gusto, platos bastante trabajados con sabores bien conjuntados y delicadas presentaciones. Son ese tipo de platos que cuando los ves llegar a la mesa sabes que, más allá de que te vayan a gustar más o menos, han sido preparados con esmero por personas que conocen su oficio. Al entrar al restaurante lo primero que te encuentras es la barra y la cocina, lo cual, de alguna forma, siempre nos transmite una sensación de transparencia y honestidad.  A mediodía entre semana podéis optar entre dos menús, además de la carta. El primero de los menús incluye un entrante, un principal y postre por 12,50 € y el segundo tres entrantes, un principal y postre por 15,50 €. Elegimos el segundo, que comenzó por esta Ensalada de remolacha, rabanito, manzana verde, sardina ahumada, yogur especiado y salsa ácida (creo que de mango)


Me gustó mucho este platillo, un juego de contrastes muy conseguido entre el sabor dulce de la remolacha, el salado de la sardina, el ácido del yogur y la salsa, la textura crujiente de la manzana y el rábano, la cremosidad del yogur. Me trae recuerdos de platos rusos como el "Borsch de verano", que lleva remolacha y yogur, y la ensaladilla de remolacha y arenques.

La crema de cocido con boniato, morcilla, espinacas  de arroz y alioli


estaba muy buena, es algo así como una esencia de cocido. La crema de cocido era sabrosa y al mismo tiempo ligera. Todos los "tropezones" le dan valor añadido al plato. Incluso la morcilla, que no es algo que me guste especialmente, la encontré muy agradable en este contexto. Como simple sugerencia quizás sería interesante encontrarse tres o cuatro garbanzos, pero no hay ninguna objeción que poner.

El Crujiente de pato con parmentier de boletus


aunque es lo de menos, creo que la salsa de boletus no llevaba patata, en cuyo caso seguramente es inapropiado llamarla parmentier. El pato está tierno y rico y la salsa tiene un sabor excelente donde los boletus son muy reconocibles. También hay un toque picante que se agradece. Sin embargo, dado que es un plato de cierto contenido graso, creo que hay que medir muy bien (o quizás eliminar) la cantidad de mayonesa, con la que se pone aparte en un extremo del plato habría sido suficiente. No pude evitar pensar que algún toque ácido que "desgrasase" le habría ido fenomenal. Un buen plato que en mi opinión se puede pulir un poco.

Como plato principal, tanto mi compañero de trabajo (y sin embargo amigo) como yo elegimos el Bacalao confitado con bimi a la brasa, manzana, calabacín y tinta de calamar (en esta ocasión fuimos únicamente dos comensales)


El plato está correcto en términos generales, las verduras están al dente, la salsa de tinta y la mayonesa de aguacate (hay quien llama a esto diosa verde) están buenas. El punto mejorable es, valga la redundancia, el punto del bacalao. O quizás, más que el punto, el producto en si, ya que personalmente me gusta mucho más el bacalao desalado que el fresco, queda más jugoso, la textura es más fina y tiene más personalidad. Este bacalao lo encontré un poco seco y con una textura ligeramente correosa. No es un plato desastroso pero no estuvo al nivel del resto de la comida.

En los postres no coincidimos en la elección, así que pudimos probar dos, que estuvieron ambos a muy buen nivel. Este Tiramisú


podría considerarse una deconstrucción del tradicional postre italiano. Encontramos una crema de mascarpone, una tierra o crumble que hace las veces de bizcocho, un helado de café y un crujiente de caramelo.  En general resulta arriesgado versionar estos postres tan tradicionales ya que muchas veces uno compara con el original y queda decepcionado. No ha sido este el caso, el resultado me parece coherente y muy divertido de comer, ya que conforme vas mezclando los sabores (perfectamente reconocibles todos ellos) el postre cobra todo su sentido y no decepciona en absoluto. Si sois amantes del tiramisú tradicional, y si no probablemente también, os gustará.

El otro postre es un Brownie con helado de mandarina.


Si os soy sincero creo que el brownie es uno de los postres clásicos que menos me gustan. Me resulta harto difícil de tragar ese bizcocho de chocolate caliente y rebosante de mantequilla que te sirven habitualmente. Por eso concedo bastante merito a este brownie que rompe con ese molde. Como veis aquí el chocolate no está en el bizcocho (muy jugoso por cierto) sino en el fondo del plato, y además es un chocolate negro intenso con contenido lácteo muy bajo, lo cual agradezco encarecidamente. Dos postres de restaurante que se alejan de la clónica repostería apócrifa que nos encontramos con tanta frecuencia.

Como os he dicho varias veces, en mi opinión resulta mucho más determinante las sensación que te queda respecto a lo que has comido y como te lo han servido, que el detalle concreto de este u otro plato. Por lo mismo, sin ninguna duda considero que la Chipirona tiene argumentos más que suficientes para recomendaros que vayáis. En futuras visitas probaremos platos que hemos visto en la carta y que nos parecen muy atrayentes.

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Baobab

Tras el cierre de Vinícolas by Raúl Aleixandre, llegó el esperado regreso a los fogones de Raúl Aleixandre de la mano de este nuevo restaurante. Si la ubicación de Vinícolas, en el Moll de Ponent del puerto de Valencia, quedaba bastante apartada -lo cual me imagino que no benefició a la prosperidad del negocio-, el emplazamiento de Baobab, en una esquina que da a la plaza Cánovas, resulta óptimo tanto para una comida de trabajo como para darse un homenaje el fin de semana o una noche cualquiera en la que queramos celebrar algo, como por ejemplo que seguimos vivos. El local, que ha sido diseñado por Sergio Adelantado -el que fuera presidente de la Academia Valenciana de Gastronomía-, está a la altura de las expectativas que despierta un proyecto pilotado por un cocinero de prestigio. Dispone de una zona de barra, donde se pueden observar las evoluciones de los cocineros, y un comedor relativamente amplio. Ambos espacios se encuentran claramente delimitados el uno del otro y resultan al mismo tiempo atractivos y funcionales. Lo primero que llama la atención hojeando la carta es que la diferencia pecuniaria entre el menú de mediodía -que consta de dos entrantes, plato principal y postre por 19,50 €- y el precio de comer a la carta se antoja más acusada que en otros restaurantes, donde o bien la carta es más económica o el precio del menú más elevado. Para que os hagáis una idea, sólo uno de los entrantes del menú marca en la carta un precio de 18 €, que ya casi iguala el precio del menú completo, es casi como si hubiese dos restaurantes dentro de uno. Lo que os quiero decir con esto es que aprovechéis la ocasión para acercaros entre semana, es una magnifica ocasión ya que no sería la primera vez que un restaurante de cierto nivel ofrece un menú de mediodía para atraer a más comensales en sus comienzos y después decide retirarlo, o convertirlo en un menú degustación.

Vayamos ya a comentar brevemente los platos del menú del Jueves pasado, comenzamos por el Matrimonio de boquerón marinado y verduras asadas.




La combinación de verduras escalibadas con pescados marinados, ahumados, en salazón, etc, es siempre ganadora. El principal activo de este plato es la calidad de los ingredientes, todos muy sabrosos, y el aliño discreto y acertado. Un bocado muy apetecible para disfrutar de un pescado fresco y de calidad, con sabores muy nítidos que dejan el protagonismo al producto -una constante en la cocina de Raúl-.

El Pulpo con cilantro y mango




es un plato que ya probé en Vinícolas, aunque en aquella ocasión el pulpo no estaba cortado en forma de carpaccio sino en tacos. A pesar de llevar ingredientes de sabor intenso como el mango, los brotes de cilantro, la salsa de soja, el aceite de sésamo -este ultimo es una hipótesis-, etc, todos ellos están bien dosificados de forma que no anulen el sabor del pulpo. Si acaso se podía haber limitado un poco más la salsa de soja ya que tenía, en mi opinión, un leve exceso de sal. Es un entrante refrescante y ligero, un plato elegante tanto en lo visual como en lo gustativo.

Como plato principal tomamos el Arroz meloso de pato y setas




A pesar de que la cocina de Raúl tradicionalmente ha estado más ligada al pescado que a la carne, los arroces son otro de sus puntos fuertes, y éste lo resuelve también de forma impecable. El fondo tiene un sabor potente y el arroz una textura perfecta. El pato en esta ocasión es confitado, con ese color, textura y sabor "ajamonado" y las setas -aprecié boletus, shimeji y creo que también shitake- estaban también tiernas y deliciosas. Un plato de cuchara realmente reconfortante.

El postre es una Tarta tatin de peras.




sabéis que no soy nada postrero pero quizás por eso mismo me encantó esta tatin, ya que la pera sabe exactamente a pera debido a la limitada cantidad de azúcar. Perfectamente asada, ligeramente caramelizada y acompañada con una delicada chantilly. Un postre muy fino.

Baobab es -no podía ser de otra manera- un restaurante donde se cuida el producto, una magnifica elección cuando queramos comer bien sin complejos y arriesgados experimentos. El servicio también está a la altura de la cocina, a pesar de que el restaurante todavía tiene poco tiempo de rodaje no se aprecian desajustes llamativos y el servicio está a un buen nivel.

Una ultima nota, si sois amantes de la cerveza -no diré nada de los vinos porque aunque la bodega es extensa no teníamos idea de pedir-, disponen de buenas cervezas artesanales, como por ejemplo Zeta, procedente de Alboraya y que podéis degustar en barril. Es una cerveza muy interesante, turbia y con un toque a azahar que la hace refrescante y aromática.
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Simple Bar

Hay muchas ocasiones en las que seguramente es complicado juzgar la calidad gastronómica de un restaurante por el menú de mediodía, en el caso de que este lo ofrezca. La necesidad de ajustarse a un presupuesto fijo y, al reducirse las opciones, de ofrecer unos platos que puedan tener una aceptación generalizada, reduce las posibilidades de lucimiento. En cualquier caso, en los gastrojueves hemos probado bastantes veces menús de una calidad más que notable, mi opinión al respecto es que un gran cocinero es, o debe ser, capaz de darle su toque al plato más sencillo, y dejar notas o destellos de calidad que te motiven a repetir y a probar más cosas de su cocina, en un contexto quizás más lúdico y relajado que el que constituyen las comidas en mitad de una jornada de trabajo.
Por cierto, antes de nada querría felicitar al decorador o decoradores responsables de la remodelación del local, ya que el resultado es francamente bonito, limpio y acogedor, en un estilo industrial y nada pretencioso -como ya nos sugiere el nombre del restaurante- que es muy de mi agrado.
El menú tiene una estructura clásica, primer plato, segundo plato y postre. De primero opté por esta crema de berenjena a la llama con cebolla crujiente y queso de cabra.




La crema estaba buena, con un sabor ahumado que resultaba muy agradable, y los dos "toppings" le pegaban muy bien, aunque el queso de cabra me dio la impresión de ser particularmente dulce. La pega que le puedo poner al plato en realidad no es tal sino una consideración puramente subjetiva, y es que yo concibo una crema más como un ingrediente de otro plato que como un plato en sí mismo, me resulta un poco aburrido comer algo con una textura tan uniforme, a pesar del contraste que suponen las guarniciones. Como digo, es simplemente una preferencia personal.
El otro primero que se pidieron algunos de mis compañeros de mesa creo que era una ensalada con lechuga, pollo, tomates cherry, etc, no especialmente llamativa y de la que no quedó constancia gráfica.

Vamos como los segundos, donde yo me decanté por el Marmitako de atún.




Era un día lluvioso en el que apetecía este plato, pero lo cierto es que, como defecto más importante, estaba muy salado, no pude comérmelo. Tampoco el marmitako es una sopa -creo que se aprecia perfectamente en la imagen que este lo era- es un guiso con un salsa más ligada. Y por último el ingrediente principal -en este caso el atún sustituye al bonito- estaba muy seco, ya sea por baja calidad, por sobrecocción o por ambas cosas. Un plato en mi opinión completamente fallido.

Mucho mejor el Arroz meloso con pollo de corral, champiñones y ajos tiernos,




con un fondo muy sabroso y un punto muy bueno del arroz. Puesto que vino en un perol de hierro en una cantidad generosa me serví un plato a pesar de no haberlo pedido, y así suplí un poco el vacío causado por el marmitako.

En cuanto a los postres, hubo disparidad de criterio a la hora de pedir, pero un resultado bastante similar, ya que todos ellos eran muy mediocres, ya sea la Espuma de tiramisú,




el Brownie




o la Tarta de queso




Realmente ninguno tenía el más mínimo interés.

Enlazando con el principio del artículo, una oportunidad perdida, al menos en lo que a mi respecta, por captar mi interés y despertar el anhelo de probar otras cosas en futuras visitas.
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Lila & Lola

El local, de relativamente reciente apertura, es inaparente, una decoración de estilo rústico, con cestería, sillas de enea, flores secas y artilugios de uso rural, como si estuviésemos en una antigua casita de campo. Los asientos, ya sea las mencionadas sillas o unos bancos de madera con unos cojines demasiado delgados, tienden a ser incómodos. Para algunos probablemente un sitio con encanto, para otros unas instalaciones muy justitas, lo dejo a criterio del lector. La comida del pasado Jueves ha sido, empero, una grata sorpresa. Es cierto que contaba con alguna referencia positiva, en este caso proveniente de mi circulo próximo, pero ya sabéis que eso nunca es una garantía. Acogidos a un descuento promocional, decidimos prescindir del menú de mediodía -de 13 € si no me equivoco- y pedir, directamente de la carta, unos entrantes para compartir y un segundo plato individual.

Me gustó la ensaladilla


equilibrada, sin exceso de mayonesa, con la acidez proporcionada por los encurtidos -para mi esencial- y con el frescor que le da la ralladura de lima, punto este último muy interesante.

Las Tostas de sardina ahumada con verduritas


bastante buenas, sin exceso de sal -que a veces pasa con este tipo de sardinas-, el punto claramente mejorable era la propia tosta, o sea el pan, que en este caso eran una finas tostas de supermercado.

Los Figatells de sepia estaban muy ricos, venían con una salsita de tomate seco y miel


y también cacahuetes picados por encima. Quedaron jugosos y con una buena textura, además la combinación de sabores funciona perfectamente.

Las Albóndigas de ternera al curry rojo


estaban buenas, carne sin añadidos extraños y una salsita ligeramente picante. Yo la habría hecho mas picante pero entiendo la moderación en un restaurante generalista, ya que el publico medio en Valencia es bastante reacio al picante, si la paella llevase chiles otro gallo cantaría...entiéndase esto como una broma, no como una provocación. El cilantro, que a nadie deja indiferente, contentó a los cilantrófilos como yo y fastidió a los cilantrófobos, esto es algo que no tiene solución, es como la calefacción o el aire acondicionado en un espacio con mucha gente, es imposible contentar a todos.

Y llegado el momento de los platos principales, excepto la elección aislada de una Quinoa a la cubana -analogía del arroz a la cubana con quinoa en lugar de arroz y yuca en sustitución del plátano-, el resto optamos por la Costilla de ternera del Valle del Esla


De un aspecto -y también un tamaño- imponente. Al menos en mi caso la grasa estaba concentrada en la parte superior por lo que la pude quitar muy fácilmente para comerme la carne, que estaba sabrosa, tierna y de un bonito color sonrosado. La salsa -en apariencia una demi-glace o salsa española- resultaba perfecta para realzar aun mas el sabor de la carne. La disfrutamos, aunque no pudimos acabarla debido a su gran tamaño. Como posible mejora sugiero poner una pequeña salsera para poder añadir un poco más de salsa conforme vas comiendo la costilla.

Pedimos un par de postres para compartirlos, en el Pastel de zanahoria -también se puede llamar así, no sólo carrot cake...-


el bizcocho me pareció bastante jugoso y no empalagoso, el aroma de las especias se dejaba sentir agradablemente.

Sin embargo el que más me gustó es esa especie de reminiscencia de las meriendas de nuestra infancia que es el Chocolate con pan, aceite y sal.


que no es otra cosa que eso, espesa mousse de chocolate negro, aceite, escamas de sal y trocitos de pan tostado. Un postre que, como nos confesó el camarero, hacía Vicente Patiño -con quien estuvo trabajando- hace tiempo.

Lo recomiendo, comida sin excesivas complicaciones, bien elaborada. Cuentan también con terraza en Antiguo Reino de Valencia. Buena atención, solo falta un poco de comfort, debido a la incomodidad de los asientos, tema perfectamente solucionable.


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A Contracorriente

La primera señal de alerta debería haber sido el número anormalmente elevado de opciones para un menú de mediodía a precio asequible -ya sabéis que por lo general desconfío de las cartas largas- la segunda el carácter heteróclito y sin demasiada ilación de la oferta gastronómica, donde podemos encontrar desde una titaina hasta unos noodles "estilo thai", complicado de entender el "concepto gastronómico". El menú cuesta 11,50 € e incluye primero, segundo, postre y una bebida, estos fueron nuestros primeros, empezando por el Tartar de atún con aguacate, que siempre está presente en todos los sitios donde no tienen muy claro que cocinar, ya que es un plato que cuenta con legiones de adeptos -todos lo pedimos, así que me incluyo-.


Ultimamente no necesito probar los platos para saber si me van a gustar, al menos si son platos que conozco bien, solo con verlos es suficiente. Parafraseando al torero de Ubrique, en dos palabras, "in-comestible", sobretodo por estar extremadamente dulce. Cuando se lo comuniqué al camarero me dijo que era por la salsa hoisin y la salsa perrins, que son dulces -y también saladas-, tengo que decir que le doy toda la razón, si le echas a algo una cantidad excesiva de condimentos o salsas dulces...pues está muy dulce, son matemáticas. Cuando se dispone de un género de una calidad ínfima a veces se intenta enmascarar aliñándolo hasta que casi desaparece. Si le quitas el atún el tartar, apuesto a que sabría exactamente igual, o casi.

Como sustitución vinieron estas croquetas de "rabo de toro", que se podían comer pero estaban muy lejos de ser unas buenas croquetas


Un tanto requemadas -excesivamente fritas-, con exceso de aceite y con una superficie irregular, como con cráteres. La bechamel no sabía mal, a carne de ternera indeterminada, no habríamos sospechado que eran de rabo, si es que lo eran.

En los segundos ya hubo mas variedad, ninguno pedimos lo mismo. Empiezo hablando de lo mío, los noodles estilo thai


No están malos pero la verdad es que tienen poca gracia, y de nuevo nos encontramos con el abuso de las salsas dulces -no sabría precisar exactamente cual, quizás kechap manis, o sea salsa de soja dulce- no tan exagerado como en el caso del tartar pero que hace que resulte empalagoso. Por cierto nunca he visto unos noodles orientales servidos en un plato liso y rectangular, y para comer con tenedor.

Probé los otros platos, como este arroz negro "meloso" que en realidad estaba seco


pasado de cocción y sin sabor.

Los raviolis de alcachofa con gorgonzola y nueces no subían el nivel


terriblemente insípidos, no sabían absolutamente a nada.

Y con el Wok de salmón teriyaki y arroz salvaje -que no se porque se llama así porque no es un salteado-


volvemos al abuso del azúcar, en este caso en forma de salsa teriyaki -y quizás algo mas- a cascoporro. El salmón estaba completamente seco, lo cual si es malo en cualquier pescado, en el caso del salmón lo hace durillo de comer. Por cierto, que eso que hay debajo del arroz NO es arroz salvaje sino arroz integral, que no tiene nada que ver, ni siquiera se parecen.

Llegamos a los postres, donde destaca el Canutillo de mousse de chocolate.


quizás el postre con aspecto mas escatológico que haya visto en mi vida. Un cilindro de color marrón oscuro envuelto en algo parecido a un cannoli de color beige...sin duda poco atrayente, no creo que sea necesario entrar en detalles. Curiosamente el relleno, una mousse industrial de sabor estándar, se podía comer, mientras que la masa crujiente tenia un sabor desagradable.

El otro postre ya no lo quise probar, era un flan creo de café


servido al revés -parece que la parte superior presentaba problemas estéticos- y con un acompañamiento un tanto ingenuo.

Comida de corte industrial que visualmente representa exactamente el sabor que después te encuentras. Un papel muy duro para los camareros el tener que vender y defender esta comida indefendible. Una experiencia muy negativa de la que no puedo rescatar nada, en restaurantes como éste el mejor ingrediente es el olvido.
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Amarinder

Retomamos la crónica de los gastrojueves con este restaurante de comida de la India, ubicado en la avenida de Francia en un pequeño y moderno local en el que yo ya estuve hace unos años cuando acogía otro restaurante -del que no recuerdo el nombre-. La verdad es que ha costado mucho tiempo volver a decantarse por un restaurante de comida india después de la terrible experiencia en Shere Khan, pero hay que dar oportunidades a todos y que no paguen justos por pecadores, por fortuna en esta ocasión hemos comido bastante correctamente. La carta tiene la misma estructura básica que el resto de restaurantes de este tipo, entrantes donde encontramos patés, samosas, pakoras, verduras, etc, biryanis y arroces de acompañamiento, naan y panes similares, currys y platos hechos en el horno tandoori. Y por supuesto toda la comida es rica en especias y posee un punto picante de intensidad variable que conviene consultar para no llevarse un susto, sobretodo si no lo toleráis demasiado bien.

Creo que en todos los restaurantes indios en los que he estado el aperitivo de cortesía ha sido un pappadum -torta muy fina y crujiente que puede hacerse con diferentes tipos de harina- y alguna salsas para acompañarlo.


Personalmente nunca le he visto ningún interés y esta vez tampoco ha sido una excepción, el papadum estaba bastante insípido -a veces le ponen comino y tiene un poco más de gracia- y las salsas, una de ella era dulzona -con mango probablemente- y la otra más aromática, con hierbabuena y especias que recordaban a algunas salsas para caracoles.

Como entrante pedimos unos Mejillones masala


con salsa de tomate especiada, que no estaban mal pero con un punto dulce innecesario y excesivamente acusado que a mi personalmente no me gusta.

Como platos pricipales, a la izquierda podéis ver el Pollo Jalfrezi y a la izquierda los pinchos de cordero marinado asados en el tandoori. 


y como acompañamientos Arroz basmati y Naan -un pan plano muy típico de la India-.



El Jalfrezi suele ser un curry muy picante, así que pedimos que picara pero sin pasarse. Estaba sabroso, fuertemente especiado y picaba de forma razonable, la salsa se empujaba muy bien con el arroz basmati, que estaba muy bien de punto, del que por cierto nunca había visto unos granos tan largos. Recomendable.

El Cordero también tenía un potente sabor especiado pero estaba bueno, quizás un pelín seco aunque creo que al prepararlo de esta forma, picado y después hecho al horno en brochetas finas, es casi inevitable. Acompaña muy bien con el naan, del que puedes cortar trozos y hacer pequeños "bocadillos" con la carne. La salsa agridulce que acompañaba -más dulce que ácida- preferí evitarla.

En definitiva platos clásicos de la gastronomía india hechos de una forma muy tradicional, hasta donde yo conozco. Puede ser un buen sitio para que los neófitos se inicien sin llevarse sobresaltos. En cuanto al servicio -y esto es algo que ya se que digo a menudo- se echa en falta que el camarero te diga algo, al menos el nombre, del plato que te está sirviendo, en lugar de dejarlo sobre la mesa sin más.
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Sucar

El nuevo proyecto de Vicente Patiño -el restaurante lleva sólo unos pocos meses abierto-, chef de Saiti, tiene como principal eje intentar recuperar, que no reinterpretar, las recetas de la cocina tradicional española, y sobretodo valenciana, todo ello desde el prisma y con el toque del cocinero de Xativa. El restaurante se encuentra anexo a su hermano mayor Saiti y ocupa el local que anteriormente correspondía a Morgado, cerrado tras la jubilación de sus propietarios y gestores. Nuestra primera toma de contacto con Sucar ha sido algo extraña y no todo lo feliz que se presumía, por diferentes motivos. La sensación es que nuestra decisión de optar por el menú Tradición -lo más parecido a un menú del día, tres entrantes, guiso del día y postre- no fue la más acertada, parece que lo pide poca gente o casi nadie ya que cuando se lo comunicamos al camarero se sintió sorprendido, un poco desorientado -no tenía claro que hubiese guiso del día ese día- y posiblemente contrariado, a pesar de que no lo dejó traslucir. Existen dos menús más, el menú Terreta y el menú Brasas, si no recuerdo mal, además de la carta por supuesto. La atención es amable pero el servicio es muy lento, no es un restaurante muy grande -conté creo nueve mesas- y no estaba lleno pero nos costó dos horas poder finalizar la comida, sin pedir café y solicitando la cuenta de forma apresurada.

El primero de los entrantes fue un Esgarraet con capellanet a la brasa y aceitunas negras


Muy sabroso, se servía con unas finas tostadas crujientes.

Siguen unas alcachofas a la brasa con salsa romesco


que si te gustan las alcachofas, como es mi caso, nunca fallan. La gracia está en ir arrancando y mordiendo las hojas externas -como el que deshoja una margarita, aunque esta no solemos morderla- hasta llegar al tierno corazón, que ya nos comemos integramente.

Los Buñuelos de Bacalao también están ricos



Jugosos y con una proporción muy buena entre patata y bacalao, la patata no iba machacada sino en trocitos por lo que tiene una mordida muy interesante.

El guiso del día eran unas lentejas que la verdad es que tenían una pintaza



Tenían un olorcillo ahumado, seguramente habían dejado un poco de tiempo la cazuela sobre la parrilla para que captase el aroma de las brasas. Unas lentejas completísimas con diferentes carnes -pequeñas albóndigas, chistorra, etc, me pareció que llevaba tambien conejo- y verduras -cebolla, pimiento, alcachofa, zanahoria, etc-. Estaban buenas pero podían haber estado sensacionales de no haber sido por dos defectos. El primero de ellos venial, y es que las lentejas estaban demasiado cocidas, casi se deshacían, a mi me gustan con una textura más entera. El segundo fue mucho más grave, el exceso de sal, que me hizo beber algo más de dos litros de agua durante la tarde, una auténtica lástima.

El postre, una tarta de calabaza y chocolate


es bastante insulso en mi opinión, el sabor a calabaza es bastante lejano, y el chocolate de la parte superior parece una crema con alto contenido en mantequilla, como esas que encontrabamos en las bodas de hace veinte o treinta años, no sé como serán ahora porque ha pasado más o menos ese tiempo desde la última que fuí.

Como decía al principio, tengo la impresión de que es mejor pedir a la carta o decantarse por alguno de los otros menús, ya que en algunas de las otras mesas veías cosas que tenían un aspecto muy estimulante.
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MO Gastrobar

La visita el pasado Jueves a este restaurante nos ha dejado sensaciones contrapuestas, en términos generales la comida nos gustó, con algunos matices como veremos, sin embargo los tempos del servicio no fueron los adecuados, ya que una comida corta, de solo tres platos, resultó lenta hasta un punto un poco exasperante. Entraremos en detalle pero la sensación es que el personal de sala está suficientemente dimensionado para un comedor así de pequeño, además de la terraza, pero a los  desajustes en la cocina se suma una parsimonia excesiva en la sala. Como solemos hacer cuando vamos a un sitio nuevo pedimos el menú mas sencillo, que en este caso es el menú de mediodía. Es un menú con un formato que podríamos llamar clásico, primer plato, segundo plato y postre.

Como primer plato yo tomé esta ensaladilla de merluza y gambas


que la verdad es que estaba bastante buena, suave pero sabrosa y con una cantidad contenida de mayonesa, no me gustan las ensaladillas demasiado pringosas. Soy aficionado a las ensaladillas y las he probado, entre propias y ajenas, con diferentes pescados -tengo un gran recuerdo por ejemplo de la ensaladilla "lusa" del restaurante Delirant, hecha con bacalao y polvo de aceitunas negras y de la ensaladilla de corvina de Ricard Camarena, entre otras -, pero creo que con merluza es la primera vez que la como. Si que es verdad que mi padre hacía una ensaladilla con merluza, lechuga, mayonesa y pimientos morrones, pero era otra cosa completamente distinta, no lo podríamos considerar una variante de la ensaladilla rusa, Olivier, o como queramos llamarla.

Probé el Hummus de lentejas que pidió uno de mis compañeros


No estaba mal pero en mi opinión se excedieron con el comino, dominaba el sabor del hummus sin dejarle apenas protagonismo a la legumbre.

De segundo plato me pedí un All i pebre de pulpo


Suculento, potente de pimentón -no me disgustó esto-, moderadamente picante y buen punto de cocción y de textura del pulpo, así como de la patata. No sé porque llegó entibiado a la mesa, me hubiese gustado comerlo bien caliente. Esto se agravó ya que me quedé sin bebida a mitad de plato y para conseguir que me trajesen una caña tuve que pedirla dos veces y esperar lo que me pareció una eternidad, con lo cual acabó enfriándose por completo.

Probé un poquito del Arroz de alitas de pollo


pero fue a mitad de comer el all i pebre, que tiene un sabor mucho mas fuerte, por lo que no pude percibir muchos matices, no obstante me pareció un arroz bien resuelto, con el grano bien cocido pero terso, se dejaba sentir además un buen fondo.

El postre apareció detrás de una espera muy larga, lo cual no se entiende de ninguna de las formas ya que un flan -de turrón en este caso- es algo que normalmente se hace con antelación.


Personalmente yo no habría servido un postre con una presentación tan deficiente, me habría excusado diciendo que se había acabado o que habían tenido algún problema -que parece ser el caso- y habría ofrecido otra cosa, ya que da una impresión la verdad es que bastante mala. De sabor sin embargo no estaba malo, un poco pegajoso -le falto cuajarse mejor, creo que resulta evidente- y un poco dulzón -algo esperable del turrón- pero se podía comer.

La sensación es que hay buenas maneras en la cocina pero con ciertos errores, que no debería ser un obstáculo si se saben asumir, y una relajación manifiestamente excesiva en la sala, ya que cualquier operación, pedir bebida, la cuenta o lo que fuese, acababa convirtiéndose en una odisea.



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